Una Flor Marchita

Estaba sentada en el banco de la terminal, tan frágil tan pequeña, con sus pequeños brazos rodeándose a sí misma, sujetándose el pecho que parecía que se le iba salir. Ahí estaba esa muchacha temblando desconcentrada, con la mirada ida, empapada en llantos sin saber hacia dónde ir, totalmente perdida. Hasta que se le acercó un extraño a preguntarle -¿Qué hace una jovencita, vagando como un alma en pena?

Ella no supo responder, estaba inmóvil, petrificada en aquel banco. El extraño, un hombre alto no de muchos años, quizás rondaba los 30, se sentó a su lado y la abrazó hasta que su pequeño cuerpo dejara de temblar y le volviera algo de calor, porque parecía un tempano de hielo. Habrán pasado quizás horas o minutos , en que sus sollozos , se convirtieron en leves ataques de respiración. La acunó en sus brazos hasta lograr que sus ojitos cafés cansados de llorar le dieron algo de su atención , ella confundida y aún perturbada lo examinó, balbuceó –¿Por qué? 

El sacó un pañuelo de su chaqueta y se lo dió para que se secara las lágrimas que aún caían como caudales sin fin, se lo devolvió agradecida y antes de que dijera una palabra, él la interrumpió y le dijo –Me llamo José , y me gustaría saber tu historia. 

Ella fijó su mirada en la entrada de los colectivos que se dejaba ver un trozo de ruta, tomó aire y le dijo –Por ahí partió quien empacó mi alma y los trozos de corazón, dijo que volvería y acá estoy esperándolo cada miércoles a las nueve de la mañana, como lo conocí . Yo no sabía bien como era, pero mi alma ya lo amaba. Nunca amé a un hombre de tal manera, se entregó a mí con todos sus tormentos, sus demonios, sus ataques, y yo le fui pura a él solo a él me entregue transparente, aunque todos mis miedos me decían que no, pero no quise escuchar mis voces en la cabeza diciéndome “él te beberá, pero solo tu cielo y abandonará tu infierno”. 

Antes de que viniera por mí de muy lejos le advertí que no lo hiciera, que tenía un huracán que si se desataba no podría con él, pero quiso  estar, quiso quedarse y me bebió el cielo lo probó y lo amo , pero en un día de aquellos cuando mis tormentos empezaron a consumirme, la promesa de quedarse y sostenerme sin importar nada se fue; aquel día cuando mis mil demonios y temores terminaron de asesinarme y desparramar mi sangre, asustada lejos de casa me aferré a su amor, a nuestro amor, a su mano y sus promesas, me trajo a casa, se acostó en mi cama y luego de hacerme el amor me dijo “yo estoy acá , no te suelto”, al día siguiente se despidió con la promesa de volver  y acá estoy todavía esperando al único hombre que amo. 

Ahora ¿Por qué? Si yo pude con su cielo y su infierno, ¿Por qué yo sí soy desechable? …Esta es mi historia una mujer que ama a un hombre que ya no sé si volverá.  

-¿Y sí no vuelve? pregunto José. 

-Dejare irme yo también por la marea, porque no puedo vivir con aquella agonía que me quema las entrañas. 

Terminó de habar ella. Atónito la miro y le dijo –¡Pero estas en la flor de la edad! habrá más amores, más cosas por vivir.

Ella lo interrumpió y le dijo –A esta flor solo la puede regar un agua y sin ella, se marchita…

Dijo eso y se alejó la muchacha por las arenas del mar. 


Relato original por @nadaesreal223

 

Deja un comentario