A veces, las cosas suceden de repente, inexplicablemente.
Un día estamos sumergidos entre la multitud, pensando qué se supone que deberíamos hacer o decir; y al otro, perfectamente tomados de la mano de alguien que, aunque apresurado, nos quiere y ¡ya está!, la vida parece un instante. La felicidad que sentimos no se puede si quiera describir, porque la verdadera felicidad, la que es pura, pues… no tiene una definición. Nos quedamos cortos si de palabras se trata, sólo necesitamos tiempo para llegar a demostrarle al otro qué tan grande es: nuestro sentimiento y él mismo como persona. Es loco sentir como el super-ego, que a algunos nos acompaña, con un poco de comprensión se desvanece, se minimiza; ya no parece distante, ni difícil pensar en alguien más, en su bienestar, y su cercanía nos hace bien, es claro que no lo necesitamos, pero su presencia llena todo de más color, más brillo, y su sonrisa y su locura es contagiosa, todo es menos grave, más chistoso.
Somos todos diferentes, desde dentro hacia fuera, de fuera hacia adentro. Lo cierto es que no sé si tú me encontraste, o si fui yo quién te buscaba desde antes y sin saberlo, te vi; y después de un tiempo, sólo a mi lado estabas, y un poco de tiempo más, a mi lado estás.
Estefania Q.
Prosa poética original de @depende-de25
