Escoger uno es como
pedirme que deje de lado al dramatismo, así que he escogido 4 cosas:
De mi cuerpo hay veces temo el sentirme
vivo, el sentir que se mueve, que respiro, que hace todo automáticamente
incluso cuando yo quisiera que no lo hiciera. Otras veces le temo al sentirme
enclaustrado entre tantos órganos y bajo tanta piel.
De mi mente me da miedo la manera en la que
convoca ideas súbitas que muchas veces hacen querer que me encierren en una
estancia psiquiátrica. Digo esto de la manera menos melodramática y más seria
posible. Tan solo el mes pasado pensé en morirme aproximadamente un 50% del
tiempo -el tiempo que estuve despierto o coherente. El otro 50% se divide entre
mis siestas y mis desdoblamientos astrales que tienen nada que ver con lo
esotérico y todo que ver con mi ansiedad.
Le temo también a la incertidumbre de
no saber y la certidumbre de saber. La ansiedad tiende a ser una compañera un
tanto chistosa ya que quiere que sepa uno todo pero a la vez no quiere saber
nada.
Finalmente, me aterran las
agujas.
