Quizá fue un sueño de aguas tóxicas,
ó el impacto eléctrico de un verso
que me dejó el aliento
lleno de amores sedientos y anhelos de fuego.Quise que cada invierno
fuese como bucear entre las esmeraldas nacaradas
de una pálida y reconfortante melancolía;
quise que las vértebras de mi espalda,
regadas por tu cabello y por el viento de verano,
florecieran sonrientes
entre tu olor y el de la tierra seca.Ya no importa.
No te necesito.A las nubes por fín
se le empiezan a caer las malas carnes;
el atardecer por fín
rueda fresco por mi pecho.Ahora, el silencio humeante
que siento sobre mi ropa, sobre mi piel,
sobre mi aliento,
me provoca placeres subterráneos
que tú jamás podrías darme.Ahora, sólo me sirves para saber
cómo debo sofocar de ahora en adelante
los torrentes de luz puerca y descuidada
que suelen irradiar las almas cargadas de veneno.Y aunque la esperanza siga siendo
el molde de la tempestad
y de los arco iris agotados,
tengo que decirte
que la soledad es el mayor premio
que un hombre podría recibir
tras haberte conocido.Eros Ignem
Poesía original de Eros Ignem.
