niandra-in-the-moon:

         cancion para acompañar el texto: The Serpents Tongue

          Tic…tac…tic…tac…
suena aquel viejo reloj situado al fondo del largo pasillo, la cera de la
apenas visible vela cae derretida lentamente para chocar congelada contra el
piso de madera que cruje por el frio.

           Tic…tac…tic… vuelvo a escuchar sonar
las manecillas, pero se detienen faltando una nota la cual descubro acompañada
en un cuarteto del piano desafinado que se mantiene empolvado en la siguiente
sala completando así la canción de esta noche moribunda.

           Tic…tac…tic…tac… una maldita vez más
y siento como mis oídos cansados están de aquel repetido sonido, mis ojos arden
en intentos de querer mirar en esta oscuridad, mis manos han perforado ya mi
camisón de seda y rasgado parte de mi pecho. Tic…tac… ¡mi garganta estalla!
grito solemne en lamentos de paz y siento un charco de lágrimas consumadas en
mi boca ahogando hasta el más mínimo de mis auxilios, lloran mis ojos y se
desangra mi pecho, mis dedos han perdido sus uñas al rasgar la carne de mis
clavículas, dejando a la vista el blanquecino hueso.

           La oscuridad de esta habitación cae  sobre mi cuerpo, a lo lejos observo al
culpable de mi juicio, me mira con sus ojos en delirio y sus labios excitados
en las sombras se relamen los restos de alguna otra víctima, ahora ríe y
comienza a arrastrarse por el suelo bañando con mi líquido carmesí su fúnebre
cuerpo. Antes de volver a verlo de cerca, interrumpen a lo lejos voces que no
reconozco –¡Asesina! ¡Asesina!¡Castigadla Dios, no tengáis piedad con ella!

Rugen
hipócritas sus plegarias y aves marías, en cada oración las telas de mi cama
comienzan a mudarse en telas rígidas y espinadas, el reloj ha desaparecido con
el eco de las voces, el frio se ha quedado dormido y la oscuridad comienza a
atenuarse, la rigidez en donde mi cuerpo yacía se transforma en terciopelo
satinado.

           En la habitación ahora reina un
silencio exquisito, mi cuerpo dejo de sufrir y mis ojos podían ver con claridad
el rojo quemado de paredes que mi memoria desconocía. Voltee hacia arriba, mis
pupilas quedaron obsoletas al verme reflejada en aquel espejo colocado en el
techo, ni siquiera el sonido nostálgico de un violín como fondo me pudo apartar
de aquella visión.

           Aquella bella visión, su cuerpo
tiene una contextura delicada, ojos grisáceos profundizando mis cavilaciones,
piel pálida, cabellos negros como el ala de un cuervo. Sus manos se extendieron
como olas por mi vientre, lirios bailando entre ríos, escucho aves cantando
liricas angelicales y campos floreciendo en inviernos muertos, sus labios me
invitan cual Eva a probar de la manzana… en silencio, penetra, recorre mis
tierras, su semblante frio, ángel caído,
partido, la cuna, mi carne… el hijo.

           -¡Bendecid al niño Dios!- Escucho y
se agrieta el espejo, bajo la mirada, se esfuma la estampa de aquel hombre
bello, aparecen por el contrario dos cuernos, cabeza de cabrío, manos humanas,
escamas en vientre y plumas que suben hasta su pecho, grito aterrada y retumba
mi chillido en sus ojos, se marcha con una mueca sardónica, impulso a mi cuerpo
a moverse y escucho de nuevo en un coro pérfido
-¡BRUJA!-, volteo acobardada buscando las voces, a cambio el espejo cae
tumultuoso en una nueva oscuridad donde siento como se incrustan pedazos del
mismo entre mis piernas.

           Anima
Christi, sanctifica me. Corpus Christi, salve me. Sanguis Christi, inebria me.
Aqua lateris Christi, lava me. Passio Christi, conforta me. O bone Iesu, exaudi
me.”
 
  Suena de nuevo a lo lejos, es “el alma de cristo” orado por voces femeninas y masculinas que quieren
limpiar de lo que me queda de vida la suciedad de la maldad.

En
mi mente imagino mi sangre pecaminosa vertida cual vino en la copa sagrada y mi
carne cual ostia en la lengua del incocente, mi cuerpo es el festín de la
ultima cena, mientras el padre salpica agua bendita y la muchedumbre escupe
desprecio en mi cuerpo, hay un olor pútrido, mi respiración se consterna, abro
los ojos…

image

           Vuelvo a la realidad y observo como
no eran mis dedos los que rasgaban mi piel, sino el fuego consumado de esta
hoguera donde estoy , tampoco eran pedazos de espejos en mis piernas sino
grabados a fuego punzante en mi piel de sus sagradas cruces y el olor pútrido
era desprendido de mi carne ensangrentada, quemada, curtida; mis manos tienen
hoyuelos, me han dejado tirada cual abominación avergonzada sobre sus propios
pecados, me han culpado de servirle a Lucifer, a la bestia que tanto temen, al
demonio del cual se esconden entre sus credos, al Ángel Caído que no quiso
servirle a su Dios, pero para su buena y dócil suerte ninguno ha visto lo que
han salvado y como vuestro señor es misericordioso, todos los presentes que me
han mutilado, quemado y juzgado por querer regresar a aquel ser maligno a las
llamas  ¡Van a escucharme gritar desde
esta montaña de madera y cenizas! ¡Van a ser testigos que su Dios existe al
mirarme sufrir por servirle de progenitora a Lucifer!…

           Lo lleva envuelto en una manta
blanca, está sollozando, tiene la piel roja por el frio, lo arrulla entre sus
brazos para calmarlo. Carga inocente a quien nació de un amor profano, (tan
profano que él mismo querría arrojarlo a las llamas) sus suelas levantan
partículas de mi propia carne,  fue señal
para mostrar mi arrepentimiento entonces grite el dolor que había guardado mientras
sus llamas y plegarias atentaban contra mis actos inhumanos, grite como el ser
despreciable que era para ellos, pedí perdón a su gran Dios con el sufrimiento
más sarcástico y por ultimo reí, no obstante el padre acercó a mi hijo y dibujo
una cruz en mi rostro y proclamo las siguientes palabras :

Que vuestro señor os perdone por querer
entregar a vuestro inocente fruto a las llamas de Lucifer como ofrenda para
mantener su vínculo, Señora Salem vaya con Dios “

           Había pasado tiempo para que alguien
volviese a decir mi nombre, pero en su voz escuche misoginia, marcho victorioso,
como todos los que había presenciado mi castigo, mi mente deambulo en rencor,
si algo había aprendido de ellos era a clasificar a los personajes malévolos de
la biblia entonces mi boca comenzó a cubrirse de sangre envenenada y antes de
que no volviera a producir sonido alguno, les revele el secreto por el cual
nunca preguntaron y fui castigada…

           -¡Llamadlo Caín, porque os juro que
será la desgracia, el mal de todos ustedes mis amados hermanos!


-Abigail Gomez / Cuento realizado como proyecto para la clase de Literatura.

-Pintura por Nicola Samori.

Prosa original de @niandra-in-the-moon

Deja un comentario