Callejeron

Caminando
por la vereda de grandes baldosas marrones y cuadradas que cada tanto se
encontraban quebrajadas, me encontraba entre el suelo y los tejados que me
impedían mirar el cielo, se sentía la gente encerrada en sus casas con mentes
apagadas y secas como pasas. Yo caminaba sin todavía ver la luz, economía empobrecida
reflejada en lo que se decía. Más marrón que el suelo era el río por donde
barcos cruzaban sin amigos, solo mulas de carga para dónde yacía la luz, ya ni
se creía en Jesús. En aquel exterior era todo mas luminoso a mar abierto se
proclamaba lo grandioso, dinero y nobleza a puro ocio. Grandes islas en las que
se hacían los negocios, de la que nosotros solo éramos los mozos. El ambiente
dentro de nuestro habitad no era enfermizo, pero solo ahí se notaba el sucio
piso. Ocultos bajo un inmenso puente no nos permitían abrir las mentes ni el
sol ver sonriente, y lo que menos se veía era esa risa justamente. Decidí huir
como un cobarde sin cambiar dónde crecí como hombre y viví hambre, solo pensé egoístamente
en a mi cambiarme. Me esperaba soledad y peligros nadie salía a pasar la maldad
que se vivía, muy peligroso allá afuera, lo desconocido es lo que nos encierra.
Siempre las historias frecuentaban sobre los aventureros que allí cruzaban, se
dividía por un libre sendero que al parecer para pasar siempre había un pero,
PERO me di cuenta que mi pero valía por esos sesenta que esclavos de rentas
necesitaban libertad a la que no apuestan. Ha de ser por que el número sesenta
se restaba y si salían iban a ser cincuenta. Así fue por años que de miles solo
quedaron hermanos de lo muertos en vano. Y ahora decidí dejar en mis manos el
escalofriante acto de salir a ser humano.

Prosa poética original por @dobarro

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