Estoy frente a ti ahora, en alguna parte de no sé adonde, me pierdo en tu pequeño par de espejos, hago muecas con disimulo y me detallo en tu mirada, encuentro en mí esa gracia que no poseo, que sólo en tus ojos suelo encontrar al mirarme en ti. Tengo una hermosa vida ahora mismo, en alguna parte de no sé adonde, pero justo frente a tus ojos.
Personas caminando en sentidos opuestos circulan por donde ya pisaste, hay humo y polvo que el aire arrastra, mismos que seguro te hicieron cubrir la nariz y quisieron contaminar tu piel. Y sin embargo, atraviesan con valentía la brumosa selva de concreto y hormigón, resisten un día más de batalla entre bestias de metal que rugen en los semáforos con prisa; avanzan por esas calles apuradas que incitan a omitir lo hermoso que es cada minuto vivido, pero él o ella lo saben, saben que la vida es bella, así que continúa amando y aferrándose a disfrutar el vivir, pues sin importar su entorno gris, ahí en sus pasos lleva la vida. Pero amor, la mía, mi vida, camina junto a ti
aunque atraviese diferentes aceras de las que pisaste
en alguna parte de no sé adonde, de verdad, no sé en que parte, pero siempre camina junto a tus huellas.
Es de mañana aquí y en alguna parte más, el sol se ha renovado en un amanecer más, que ciega algunos párpados recién despegados de las pestañas, las manos ayudan a hacerse sombra sobre la expresión somnolienta del rostro atropellado por rayos de luz dorada. Es el despertar de cualquiera en alguna parte; de él o ella, o también de ellos, en alguna parte. Su vida es ese amanecer, ese momento que corta su letargo por las embestidas calurosas del sol mañanero. Pero mi vida, la mía, pasa por mirar los bellos de tu piel hacerse dorados por el manto de luz amarilla. La misma luz que despega párpados en alguna parte de no sé adonde.
Hay alguien, en alguna parte, desconozco su nombre o su apellido, pero lo hay, una persona, un corazón latente. Pero no sé quien sea, piensa en quien ama, en quien lleva su amor y porta en su esencia sus cavilaciones más románticas. Es él o es ella, carga en su pecho las respiraciones de su amor como el regalo de su vida, ahí, abrazándose a su propio ser atesora con recelo el sentimiento entregado, ahí en su pecho abraza a la vida, a su vida. Ahí o allá, en alguna parte de no sé adonde. Y mientras tanto mi vida, la mía, pasa por estas coherentes incoherencias a las que llamo amor y te dedico en mis ratos de locura. Por aquí pasa la vida, la mía, digo yo.
— Noctámbulo del Arte.
Prosa poética original de @noctambulodelarte
