Hemos despertado antes del amanecer para explorar la isla y desembarcar las provisiones.
Al salir el sol nos quedamos sin palabras. De entre las rocas, la arena y del mar han surgido crustáceos gigantes*, como nunca se les ha visto: Tan altos como un hombre o incluso más, algunos con pinzas que serían capaces de partir una res.
Aunque la mayoría eran pacíficos,nos hemos encontrado en aprietos un par de veces. La isla parece completamente deshabitada salvo por estas criaturas que lo invaden todo, desde las grietas del suelo, hasta las copas de los árboles.
Nuestra cena, aunque difícil de atrapar, ha sido especialmente exquisita. Desearía a mi vuelta llevar algunas de estas criaturas a su serenísima alteza.
*Se cree que el cangrejo gigante japonés se originó en esta isla tan peculiar y que posteriormente, debido a la actividad volcánica, migró a aguas más templadas. De las otras especies se conoce poco o nada.
¿No sabes de que va esto? Pues es parte de mi serie de microcuentos Compendio sobre las islas perdidas del Pacífico. Lee la parte uno aquí.
De niño mi familia creía que la terapia era para los locos y los locos estaban locos por creer necesitarla. Como buen loco, seguí y termine una carrera en el campo de la salud mental, buscando entenderme y ayudar a otros a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, encontré lo que quería no donde buscaba, si no en las letras que tanto había intentado dejar de lado como un pasatiempo. Por medio de la poesía, encontré mi voz y comencé e largo camino de entenderme.
Escribo poemas de salud mental: como afecta nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, como somos percibidos por los demás como esto afecta las percepciones que tenemos de nosotros mismos, como intersecciona con nuestras múltiples facetas de nuestra experiencia de vida. Por medio de mis letras espero invitar a otros locos a explorar, entender y aceptar quienes somos, a encontrar su propia voz y sus propias palabras.
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