Cuando le propuse matrimonio a mi pareja. Estábamos en un carro de pasajeros, mi amiga manejaba y otro amigo le movía a la música; íbamos a un pueblito pequeño en medio de la nada a visitar al esposo de mi amiga.
Con la música de fondo, recuerdo haber estado viendo las estrellas por el quema cocos del carro; estábamos acostados en los asientos, abrazados. Recuerdo haberle dicho bromeando que ya que íbamos a morir (mi amiga no es muy buena conductora y había neblina), mas valía preguntarlo ya antes de que fuera demasiado tarde.
De niño mi familia creía que la terapia era para los locos y los locos estaban locos por creer necesitarla. Como buen loco, seguí y termine una carrera en el campo de la salud mental, buscando entenderme y ayudar a otros a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, encontré lo que quería no donde buscaba, si no en las letras que tanto había intentado dejar de lado como un pasatiempo. Por medio de la poesía, encontré mi voz y comencé e largo camino de entenderme.
Escribo poemas de salud mental: como afecta nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, como somos percibidos por los demás como esto afecta las percepciones que tenemos de nosotros mismos, como intersecciona con nuestras múltiples facetas de nuestra experiencia de vida. Por medio de mis letras espero invitar a otros locos a explorar, entender y aceptar quienes somos, a encontrar su propia voz y sus propias palabras.
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