Ven, ahora que sabes que también en los labios aparece
—sin que nos demos cuenta—
el beso monstruoso y bello
de aquello que todavía llamamos el alma.

Fragmento de El otoño recorre las islas de José Carlos Becerra.

Poema de no te extraño

Poema de no te extraño
Porque yo no te conozco
Y no te conoceré.

No hay extraños conocidos, 
No hay extraños en verdad. 

No hay soledad,
No hay lagrimas,
No hay dolor,
No hay comodidad.

Quiero escarbar la cascara de mi alma
Para poder exprimir lo que salga 
Y buscarte en la pulpa de mis sentimientos.

Quiero encontrarte.

No puedo parar de buscarte.

Y no se quien sos.

Tus ecos recorren los renglones de mis hojas
Tu nombre impregna los océanos de mi almohada. 
Muero por conocer tu identidad.

Poema de no te extraño.
(Punto final)

Poesía original de Agustin Scuoteguazza.

Mirando el reloj

Me gustaría que el reloj comenzara a hablar

y me contase ahora sobre mi vida.

“En esta semana dormiste 42.07 horas, caminaste por otras 30.35;

hiciste el amor en un promedio de 124 minutos…”.

Que tuviera una bocina – bocina, porque

la boca miente, y peor que eso, convence -.

No quisiera que dijera bueno o malo, 

sino, esto y el otro.

Ni siquiera que recomiende caminar más o dormir menos,

porque inmediatamente se sentiría en confianza.

-Y nadie quiere una voz alardeando debajo de ropas en el suelo-.

Pensándolo bien, dejémoslo así,

Hasta el tic tac en ocasiones me molesta, me acosa.

Ya recordé que por algo lo compré sin siquiera alarma.

– me da el reloj más mudo que tenga, por favor.

– tenemos este nuevo modelo, no dice ni la hora.

– perfecto, me lo llevo.

Poesía original por Jonatán H. Andrade.

Después de todo

Me encantan los párrafos que inician con un “después de todo”. Siempre son tan contundentes, impactan por completo en la historia y advierten una reflexión que concluirá con lo acontecido. Después de esta frase viene el momento de encarar la verdad y retornar la vista al trama principal: una novela, un cuento, un poema, una vida, todo necesita un “después de todo”. Ese algo que indique cuándo detenernos, pensar y reafirmar camino o recostarse en el lodo. La gran revelación, el final, que se espera como escritor, sea importante; como lector, que sea satisfactorio y como quien lo vive, que llegue para bien, siempre para bien, aunque claro está, aquella frase es usada comúnmente para todo lo contrario: esos finales desgarradores, que te estremecen y hacen pensar que no sirvió de nada el esfuerzo, que todo resultó ser de una manera diferente, que pase lo que pase siempre estarás jodido después de todo.

Narración original de Jonatán H. Andrade.

Uvas verdes (Fragmento)

…era aún temprano y recordaba como aquel día, hace más de cinco años, despertaste primero, te estiraste, y me volteaste a ver con un ligero movimiento como para no levantarme, comenzaste a pensar qué hacer mientras tanto. Bajaste un pie de la cama apenas tapada, te quedaste mirando el techo, el humo del cigarro que recién apagaste hacia giros violentos por la ventana que quedó abierta. Movías tus manos, acariciabas tu vientre – aún no sé que era más suave, si tu vientre o tus manos, a mi me gustaba estar en ambos; y aunque a veces caía de tus manos, sabía que siempre estaría contigo en alguna parte de tu vientre y que tu piel me recordaba cuando posabas tus dedos por aquellos espacios en los que alguna vez estuve-.

Cuento corto original de Jonatán H. Andrade.