Marco – I –

Marco abrió los ojos. Aun sumido en las nieblas del sueño paró el despertador, que aunque ya no daba la hora, nunca se olvidaba de sonar puntual otro día más. El joven se levanto lentamente y se desperezo como un gato acabado de levantar una siesta. Abrió la ventana de su balcón y la luz siempre limpia de la mañana le dio en la cara, arrancándole media sonrisa. Andando descalzo por el pasillo, fue a la cocina en lo que era su creencia de lo que debería ser empezar un día. Se lleno un vaso de agua y se lo bebió junto a la ventana, mirando al cielo que hacia poco que se habría librado de la oscuridad de la noche.

   Una de las primeras cosas que le había explicado el Maestro era que en nuestro día a día Marco hay pequeñas cosas que nos hacen sentirnos en paz y sonreír. Y no se trata de buscarlas sino de estar un poco atento, para cuando pasen, darnos cuenta y recordarlas. Si las buscas intencionadamente, no tienes por que ver las correctas. Si recuerdas las que ya funcionaron, no hay error que valga. A partir de ese día, úsalas. Úsalas como un impulso. Como un cargador. Por que estas pequeñas cosas son decisivas para transformar otro día mas, en un nuevo día.

   Y entonces miro en silencio el cielo de la mañana mientras bebía un vaso de agua clara y sonrió al nuevo día.

Narración original escrita por unodelosdosdiraalgo.

Prólogo

Y me pides que cree para ti, de la nada, unas pocas palabras sencillas, certeras, coherentes.

¿Con que derecho?

No te basta acaso mi piel y mi saliva,

el sudor lubricante,

los besos vueltos cata,

el fruncir de los ojos,

el morder de  los labios,

el gimoteo finamente temperado,  

lo “no dicho” que se queda en la garganta,

lo dicho de color incongruencia,

las plumas erizadas,

la ofrenda de lealtad,

la embriaguez por tu endulzor,

el hambre de abrazos,

la sed de minutos,

el eco de risas negras,

las sonrisas luminosas,

ser un naufrago esporádico en el pleamar de tus ojos.

¿No te basta con eso?

He aquí las palabras que he esculpido para ti,

esas que anteceden el adiós que algún día será.

Poesía original de Colibrí de los corales.

Cáncer de Luna II

Piensas que todo será distinto en poco tiempo,
cuando tu dolor se duerma, arrullado por miles de horizontes esponjosos;
cuando tus entrañas hayan trascendido a estados estelares…

Tarde te diste cuenta de los sacrilegios
que comete la realidad contra lo eterno;
tarde te diste cuenta de la inmundicia de las hadas;
de que alguien había sobornado a tu ángel de la guarda;
de que en los suburbios de tu lecho
algún duende cabrón debe andar tejiendo esos eclipses
que se traban a las sábanas.

¡Mira cómo vienen las luciérnagas
a verte morir!
¡Mira cómo ríen y se anudan
a esa trémula y verdiscente claridad
que agoniza vespertina en la ventana!
¡Mira cómo se dilata ese anochecer
que construye barracones en tus venas!

¡Ah, tus mejillas alboradas dicen que ya no hay vuelta atrás…!

¡A tomar por culo todo!

No habrá más leyes físicas
empeñadas en castrar esa pasión necrosensible.
Se terminó el tener que apurar la inocencia
hasta la última gota;
el ser golpeado por los enemigos
y rematado por los amigos;
negar las exigencias de tu orgullo
más por miedo de matar que de morir…
acabar con los labios chamuscados
por tanta desilusión de alto voltaje.

¿Volverás alguna vez para vengarte,
monstruo de terciopelo?

Porque ahora podrás culebrear entre los genes
de sus hijos;
conocer los vendavales desde dentro…
te confinarás en la tormenta
y le pondrás melodía a cada rayo;
te hundirás entre las llamas
y en el calor de su hogar les quemará tu cara.

Porque todavía tendrás mucho que decir,
aunque los gusanos pongan larvas
en las cuencas vacías de tus ojos…

…ahora que tu cráneo sale disparado al infinito;
ahora que sientes tus párpados haciendo las maletas.

Y yo lo contaré…
si la luna no me mata.

Poesía original por Eros Ignem.

Como puedes escribir eso tan hermoso?

La mayoría de las cosas que comparto en mi blog no son mías. Tengo escritos de autores y poetas famosos y también doy espacio a los escritos de los usuarios en Tumblr que gustan de compartir sus versos o prosas. 

Las poco que tengo mías son:

Recuerdos y rencores.

Alimentando a tus parásitos.

I talk with my hands.

Me estoy convirtiendo en mi madre.

Verso a los estragos de una líbido desenfrenada.

Y el más reciente que es mas un consejo que un poema: A los enamorados.

No comparto todos mis escritos por aquí porque prefiero dejarles el espacio a los seguidores y a los autores famosos que me inspiran a seguir escribiendo, pero si gustas leerme (aunque no sea mucho porque no actualizo mi página muy seguido), puedes hacerlo por aquí: Cadáveres literarios.

Maktub

Hace un tiempo dejé unos cuantos vicios,dejé de amar la nicotina para olvidar mis problemas.  Decidí quitarme los fantasmas ante el frío imponente de tu ausencia,solté los perros para que olfatearan todo aquello que estaba muerto y se lo llevaran.  Cambié el color de mi cabello,los libros se fueron por la borda de mi corazón y todas las cortinas se rasgaron al ver que tu ausencia devoraba toda mi casa.  Dicen que el destino está escrito,que las casualidades no existen,que toda verdad está llena de mentiras,pero a la mierda todos,a la mierda tú que te quedaste al inicio y yo sigo aquí,cambiando con la Luna y quemándome con el Sol,mi destino estaba escrito cuando tus manos dividieron mi espalda en dos.  Maktub para mí y para ti,cuando el presente y el pasado se juntaron y me hicieron añicos.  Tal vez deje las letras cuando deje de querer esta manía tan desinteresada de hacer versos y que sólo salgan palabras mundanas y agridulces,cuando los niños dejan sus juguetes y se convierten en todo lo que nunca fueron,cuando todo acabe … Tal vez estaré,con los viejos cigarros,el sofá roto que alguna vez nos vio hacer poesía sin papel ni lápiz,cuando las palabras sobraban y hoy … Hoy son todo lo que puedo tener de ti.  Maldito y alabado seas maktub que me cambiaste la vida en un segundo.”

Prosa original de Daniela Arboleda.

Si escribo algo, temo que suceda, si amo demasiado a alguien temo perderlo; sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar…

Fragmento de la novela Paula por Isabel Allende.

Contaba las últimas monedas con las manos pesadas por el agua empapaba su saco, faltaban veinticinco centavos para volver a casa y la fuente no cesaba de mojarlo, de peinarle los pies a gotas.

Guardó con una felicidad acuática sus monedas y sintió cómo se dibujaba una sonrisa en su boca, que se desparramaba por toda la cara.

A veinticinco centavos de volver a casa, de recuperarlo todo, entre ladrillos, al lado de gente que hace lo que se ve que hacen, que cuentan lo que uno espera que digan y tras el cierre de sus puertas están a mucho más que a veinticinco centavos de su hogar.

Y entre carcajadas que juzgó indecorosas y no le importó, observó con los ojos del que ya está, el que sencillamente ya está, a toda la gente que sin saberlo camina por ahí, sin dejar huellas, sin habitar siquiera un segundo entre sus pasos.

Prosa original de Bestia Analfa.