Precio de Amar.

Naufrago no es aquel que imaginas en una isla,

aislado y sin oportunidad,

Es aquel que se hundió, se perdió en un tremendo mar, que ya no pudo más;

Me naufragio en tus sabanas, no hay islas,
A penas recuerdo como termine acá, no fue un iceberg (eso hubiera sido menos aterrador)
mi tripulación se distrajo con tus ojos, un exceso de sobrepeso cargado de esperanza (uno que no llevaba al partir) me hizo perder el control y colisionar con una taza de café y música; risas y besos de ganas.

Sigo vivo (creo), siglo flotando,
pero estoy ausente de mi, mi corazón el salvavidas

Me ha crecido la barba como no me gusta y adoras,
estoy olvidando lo aprendido, perdí la cuenta de los días,
estoy seguro han pasado semanas, no sé en qué hora vivo

Nado en tu cama, ya nunca seré el mismo, ¡sálvenme!
déjame ser algunos restos (¡sáquenme de aquí!)
Por favor, déjame ser pecio en otra alma.

Poesía orignal de Jorge Vega, Guatemalteco.

…y yo me cubro, yo me envuelvo, me mezo en mi nostalgia preferida, me abrazo a la almohada y lloro, me avergüenzo de mi edad (la de mis papeles) y no comprendo por qué, tan de repente, ya no soy una niña.

Fragmento de En la calle por Alejandra Pizarnik.

Si yo fuera vos

Si yo fuera vos, dudaría de mis sentimientos siempre intermitentes, de las palabras bonitas que te digo cerrando los ojos, ni las innumerables promesas a distancia que te lanzo, si yo fuera vos, desconfiaría de mis besos y de mis caricias, de mi delirante necesidad de besarte solo bajo las estrellas, de encender un cigarrillo siempre que te beso y del estilo de mi vida siempre llevada al exceso, si yo fuera vos, no soportaría mi torpeza ni mis arrebatos, ni la violencia de mi humor que te hizo pasar tantos malos ratos, si yo fuera vos, escondería uno a uno todos los recuerdos, para arrojarlos en mi cara cuando baje al infierno, cada desplante, cada injusticia, cada momento que borre de tu cara una sonrisa, si yo fuera vos no malgastaría conmigo tardes de café ni noches de desvelo, me arrojaría a la ciudad a vivir en desenfreno, rompería mi cabeza a botellazos, igual tu corazón ya esto hecho pedazos, si yo fuera voz, ni una sola lagrima más derramaría, si yo fuera vos te aseguro que me mandaría a la mierda.

Araújo Román Sanchez, La Pendejada Literaria.

Un momento de placer,

antes del amanecer,

en un pastal verde,

que nubla la mente.

Se levanta vacía,

con sombra y sin luz,

en un laberinto tejido,

con hilos blancos de olvido.

Entonces la ironía es: lo que a algunos alegra

a otros los pisa,

sin posibilidad de olvido,

solo instantes de un sol perdido.

Y así, nacerá del olvido, de la penumbra de recuerdos inciertos

y si el secreto llegara a ser cierto,

contaría cuentos de amor

e historias de miedo.

Poesía original de Likeitornot.

La poesía ocurre de todos modos como un accidente, un atropello, un enamoramiento, un crimen; ocurre diariamente, a solas, en la soledad purísima, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida.

Escrito de Jaime Sabines acerca de la poesía (La jornada, México, 28 de julio de 1986).

Alimentando a tus parásitos

Manojos de arañas brotan de su piel. Ella estira, jala, abre poco a poco su pellejo, todo negro por dentro, todo vísceras, entrañas, arañas trepando por sus costillas, anidando en su estómago, carcomiendo con veneno poco a poco. Lentamente pero seguro.

De su boca escapan ciempiés. Primero uno, dos, diez, setenta y cinco. Negros, cafés, todos corriendo al compás de sus alaridos, de sus sollozos sofocados por otro manojo de animalejos. Vómito y ciempiés, arañas y piel.

Sus uñan se despegan de la carne de sus dedos. Cucarachas vuelan al momento en que las uñas despellejan la piel, caen con sangre y el zumbido de los aleteos de las corredoras, se posan sobre el piso, escapan de la luz.

Sus ojos son carcomidos por gusanos que anidan en sus cuencas. Caen lágrimas saladas bañadas en sangre dentro de heridas abiertas. Arde, quema. Los gusanos carcomen por dentro haciéndose espacio entre nervios y músculos hasta encontrar el cerebro. Espasmos, la vista ya no le funciona. Cae al piso, sofocada, entre vómito, sangre, lágrimas y animalejos.

Estallan sus oídos, el tímpano revienta y un enjambre de avispas se hace espacio entre sus orejas. Un zumbido agobiante la ensordece y exaltan a los animalejos que la rodean. Estos comen más rápido, devoran como si fuera a acabarse pronto.

Sangre, arañas, ciempiés, cucarachas, gusanos y avispas. Piel, entrañas, salivas, uñas, lágrimas y un sonido punzante, agobiante, ensordecedor. Un escozor, el escozor que solo sienten aquellos que son carcomidos en vida por todo lo que esconden dentro. Un festín para parásitos, insectos, animalejos hambrientos de más carne. Ella se deshace, es masticada, escupida, digerida por lo que ocultaba dentro de sí. Ni gritos, ni alaridos, ni lágrimas, ni los desesperados espasmos, intentos de alejar, de empujar de nuevo hacia adentro, de tratar de esconder la basura bajo el tapete de su piel lograran matar lo que esconde. Morirá primero ella, mañana a primera hora, comida por los insectos y arácnidos, parásitos que se alimentaran de su cuerpo.

Cuento corto original de su servidora, Aileen Martínez.

Rendido y Adormecido

se presume la brutalidad
con el ardor del cuero
quemando como soga al cuello

se abre al silencio una sonrisa
cara a cara con aquel, rendido y adormecido
sellando su amor bestial, en la piel…

ya no es el momento para hacerse valer
sino sus lagrimas,su destructiva pasión
solo encuentra cariño…a corte de hierro.

Poesía original de Santiago Tineú.

Ella le preguntó por esos días si era verdad, como decían las canciones, que el amor lo podía todo. “Es verdad”, le contestó él, “pero harás bien en no creerlo”.

Fragmento de Del amor y otros demonios por Gabriel García Márquez.