He venido a estar triste, me aflijo
ya no estas aquí, ya no,
en la region donde de algún modo se existe,
nos dejate sin provision en la tierra
por esto, a mí mismo me desgarro.

Fragmento de Estoy triste por Nezahualcóyotl.

En su lengua original, el Náhuatl:

San niualayokoya, niknotlamati.
Ayokik, ayok,
kenmanian,
titechyaitakiu in tlaltipak,
ika nontiya.

Agostado

La primera vez que lo vi fue en una reunión familiar, parecía un chico amable y no puedo negar que era bastante atractivo. Mi prima me dijo que lo conocía de años, pues los padres de ambos eran buenos conocidos. Se comportó un poco serio al principio pero eso cambió cuando mi prima optó por acercarse y hablarle, yo decidí seguirla para no quedarme sola y que alguna tía aprovechara para interrogarme.

_ ¡Hola!_ exclamó mi prima.

_ Hola, Circe_ dijo él mientras esbozaba una delicada sonrisa.

_ Mira, te presento a mi prima, se llama Samantha, dile “Sammy”.

_ Hola, Sammy_ dijo con una voz muy provocadora, de esas que causan escalofríos en la espalda_. Yo soy Rafael.

Los tres estuvimos platicando un rato y me enteré de que, a pesar de conocerse desde hace tiempo, mi prima y Rafael no eran muy amigos, escasamente se veían y no iban más allá de un saludo de conocidos. Al poco rato la conversación se tornó casi exclusiva de ellos; al parecer nunca habían tenido la ocasión para sentarse y platicar amenamente, hasta ahora. Decidí retirarme y dejarlos solos un rato, pues me agradaba ver que mi prima estuviera contenta.

Al caer la noche casi todos los invitados se habían ido, excepto Rafael, él se encontraba aún charlando con Circe en las escaleras del pórtico; en ese momento supe que entre ellos había nacido un sentimiento especial, como pertenencia, que los uniría tan fuerte que no podrían estar separados. Después de esa noche, mi prima y Rafael comenzaron a frecuentarse; sabían que debían aprovechar cada momento que tuvieran hasta que el período de vacaciones terminara y ambos tuvieran que regresar a sus atareadas vidas escolares.

Mi prima y yo nos contábamos todo, éramos confidentes y nos cuidábamos una a la otra. Yo sabía que ella tenía varios pretendientes que aguardaban su regreso a la escuela, también sabía que Rafael estaba consciente de ello, pues desde la primera charla que tuvimos había demostrado ser bastante astuto.

Todo hasta ese punto iba muy bien, pues por primera vez en la vida Circe se había interesado por un chico más allá de los detalles materiales o de las superficialidades que acarreaban ser una “chica popular”. Ella era sumamente vanidosa, le importaba muchísimo lo que los demás pensaran de ella, por lo tanto siempre tenía que lucir espectacular. Su vida se basaba en una fachada, aparentar y verse bien para la sociedad era lo único que le interesaba. Pero había empezado a cambiar, a mostrarse como en verdad era, desde que Rafael se había plantado en su camino; el único defecto que él tenía es que no solía dar lo que a mi prima le fascinaban: flores.

Se acercaba el día de los enamorados y mi prima esperaba recibir un montón de flores de todos sus pretendientes y amigos, principalmente de Santiago, un muchacho de su escuela con el que todas las chicas querían estar, era considerado el más guapo y obviamente tenía que estar con Circe, no sólo porque le gustaba, sino porque significaba más prestigio para ambos; yo ya lo veía: Santiago y Circe, la pareja más bonita de la escuela.

El vínculo entre Circe y Rafael había perdurado incluso después de que regresaron a clases pero llegado el día del amor y la amistad ese vínculo se debilitó. Tal como Circe lo esperaba, recibió decenas de flores y halagos; se suponía que ese día iba a ver a Rafael pero un repentino cambio de planes postergó su encuentro hasta dos días después.

Pasados los dos días Rafael le confesó a Circe la intención que tenía para el día de los enamorados: él había comprado un gran ramo de rosas para obsequiárselo a mi prima, pero debido a la prórroga de su encuentro las flores se habían marchitado. Rafael le explicó a Circe que a pesar de su esfuerzo por mantener vivas las flores, éstas murieron debido a que él no tenía la menor idea de cómo cuidarlas. No sé si mi prima se dio cuenta, tal vez sí y no le dio importancia, pero sé que a Rafael eso le dolió bastante.

Pasaron algunas semanas después de ese incidente y casualmente me encontré a Rafael en un parque.

_ ¡Ey! ¡Rafa!_ grité para que me viera. Volteó y caminó hacia mí.

_ ¡Hola, Sammy! ¡Cuánto tiempo!_ exclamó mientras dejaba en el suelo una bolsa para sentarse junto a mí.

_ ¿Qué haces por aquí?_ le pregunté.

_ Ah, vine a comprar unas cosas que necesito; mira_ de la bolsa sacó una pequeña maceta azul de bordes dorados con una cajita de semillas dentro_. Son semillas de malva; he estudiado un poco sobre el cultivo de flores y pienso plantar algunas.

_ ¡Qué bonito! ¿Y ya tienes a quién CIRCE regalárselas?

_ ¡Jajaja! Tal vez_ al mencionar a mi prima se sonrojó un poco y terminó diciendo: _bueno, me agradó verte pero ya debo irme, cuídate mucho. Adiós.

Pasaron cuatro meses desde que vi a Rafael en el parque. Durante ese tiempo mi prima había regresado a ese estado de superficialidad, ya casi no hablaba sobre Rafael y volvía a interesarse por ser la más popular de su escuela.

Casi era el cumpleaños de Circe y habíamos acordado que lo pasaríamos juntas. Sucedió el día tan esperado y cuando llegué a su casa noté lo feliz que estaba con todos los regalos que había recibido.

_ ¡No lo vas a creer, prima! ¡No lo vas a creer!_ repetía casi sin aliento.

_ ¿Qué? ¿Qué pasó? ¡Cuéntame!

_ ¡Adivina quién vino a regalarme flores y me pidió ser su novia!

_ ¡Ay! No sé, ¿Rafael?

_ ¡No! Cómo crees. ¡SANTIAGO!

_ ¿De veras?

_ ¡Sí, mira!_ de una mesa apilada con regalos tomó unas enormes orquídeas azules que se encontraban dentro de un jarrón transparente con una especie de agua gelatinosa.

_ ¡Están bellísimas!_ le dije.

_ ¡Lo sé! ¡Le habrán costado unos novecientos o mil pesos!

_Oye ¿y Rafael no vino? ¿No te regaló algo? Apoco no te felicitó.

_Sí, sí vino, pero ¡bah! Fue algo incómodo porque aquí estaba Santiago. Lo único que me dejó fue esa flor chiquita de ahí, la que está en esa maceta azul, creo que es una malva, de esas que crecen donde sea.

Narración original por el usuario Limonzuelo

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Fragmento de Un sol por Alfonsina Storni.

Geometrías imperfectas

Dos geometrías imperfectas que se acercan lentamente, con cautela, cargadas de temores, temblorosas, con cuidado para no herirse, escondiendo sus ángulos más agudos.

Desgastadas, buscan en los besos consumirse, borrar las rectas de su anatomía. Abstracta materia que se funde sin lógica, sin límites. Belleza primitiva, sin reglas ni proporciones, combinación de instintos primarios. Serie de errores aleatorios. Amasijo indefinido de sentimientos que explotan sin dejar supervivientes.

Prosa poética por la usuario Noches Desveladas.

Rápido, tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño el rey moría de amor por mí. Aquí, pequeña mendiga, te inmunizan. (Y aún tienes cara de niña; varios años más y no les caerás en gracia ni a los perros.)

Fragmento de Extracción de la piedra de la locura por Alejandra Pizarnik.

Toda la vida estaba
en tus pálidos labios…
Toda la noche estaba
en mi trémulo vaso…

Y yo cerca de ti,
con el vino en la mano,
ni bebí ni bese…

Eso pude: Eso valgo.

Precio por la poetiza Dulce María Loynaz.

Sin título

Te extraño demente, te extraño tierna, te extraño en todo mi maldito cuerpo, en estas tardes que caen de noches tempranas. Me acuerdo de lo que fuimos y no tuvimos, de lo que no te reclamé, de lo que no te dije y te quise decir. Te extraño, en el primer sentimiento de soledad. Te necesité para desahogar sentimientos que sólo tú entendías. Mi mente se refresca con tu sonrisa y esa mirada inconfundible de cuervos muertos. Nos recuerdo de frente, dormidos, callando, nos recuerdo hasta cuando no nos conocíamos.

Perdón que no haya podido superarte aún, perdón por no buscarte, no quiero estropear la vida que seguramente continúas sin mi recuerdo. Es desafortunado, mi teoría es que en verdad te amé, y te amo, una honestidad que me lastima cada centímetro de mis recuerdos. Desde un dolor de huesos, hasta contracciones pulmonares ocasionadas por suspiros que no te quise contar. En verdad te amé y me embriagué tanto con tus besos de licor de cereza, rojos y vivos, dulces y suaves. Es un hechizo que idiotiza hasta al más cauto, es algo que nunca imaginé mendigar, el lado oscuro de amar.

Me acabé cada día desde que nos fuimos, lento y suave, como enfermo, bendigo al cáncer de tu cuerpo. Sé que algún día podré seguir adelante sin pensarte tan seguido, sé que llegará el día, o tal vez no llegue, tal vez más adelante me arriesgue a entrar a tu vida de nuevo y asaltarte el corazón. Pero por lo pronto quiero decirte que aún me siento vacío sin ti, y que en verdad me siento desafortunado, como un vago sin alma.

¡Olvídalo! Debo confesar, sin querer te vi caminado con ese extraño, dedicándole sonrisas que pensé eran mías, cuando los miré, sentí la metáfora del corazón destrozado, y volví a morir. Te felicito, qué rápido reemplazas promesas, qué tan corto es el siempre de tus labios.

Narración original por el usuario Barrococeleste.

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Si me quieres, quiéreme entera por la poetiza Dulce María Loynaz.