EL ZORRO DE LAS LETRAS

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¨Sus letras… Eran un caleidoscopio… Arrojaban tantas ideas… verdades inéditas, no se les podía pasar por alto¨.

Físicamente era un enigma… cabello enmarañado… ébano, a la altura de las orejas, barba descuidada, ceja áspera; señal de mente inquisitiva… Manos con una turbiedad enfatizada al ponerse nervioso.

Cuando quería resaltar una idea, apretaba la comisura de la boca, automáticamente el labio superior se plisaba, para que el interlocutor pudiera rescatar las vocales, antes de que estas se hundieran en lo profundo de la garganta. Los labios, siempre estaban  resecos; con una aspereza que parecía venir del interior de su alma.

De la vestimenta, era un encanto peculiar; portaba suéteres con estampado rombal, figuras geométricas de colores opacos, combinables con la melancolía.  

En la improvisada habitación, se alzaba un descarapelado mueble, que fungía como librero, en el que colocaba todas las mentes de los escritores predilectos, formando una telaraña de tiempo.

Las noches eran de sintagmas danzantes, esculpidos por su delicada pluma de raíces profundas, en las que clavaba siempre el nombre de una sombra enunciadora de cabellos largos; esfinge de mujer, que  lo mantenía eternamente preso escribiendo sobre amor. 

Después de la escuela, siempre  tomaba una humeante taza de café, engarzada de polvorones de naranja; y con esas armas deliraba en pensamientos que plasmaba en historias, las mismas que le construyeron el aura de zorro. 

Prosa poética original de @los-laberintos-de-mi-memoria

Estás muerto. Muertísimo.
Hecho todo un cadáver.
No lo niegues.
Muertos tus recuerdos.
Muerto el amor
desde hace mucho tiempo.
Mano que se abre
y exhibe las entrañas.
Mano que se cierra
y escribe.
Has dosificado las palabras.
Pero tu corazón gira
sobre la estepa. Va dando tumbos.
Pero ahora es sólo la muerte.
Te llamo porque me muero.
Te digo adiós para siempre.

Fragmento de Estás muerto por Pedro Granados. 

Hoy me apetece

Hoy no me apetece un poema de amor o desamor;
no me apetece pensarte mejor de lo que eres,
no me apetece darte la importancia que perdiste.

Hoy me apetece evaporarme;
dejarme quemar por las estrellas;
sentir la lengua entumecida
por los suspiros desbordanates de un buen vino.

Hoy me apetece preguntarme
por qué me levanto a la mañana.

Hoy me apatece preguntarme
por qué aun no he matado a nadie
o por qué no me han matado a mí.

Hoy me apetece preguntarme
por qué no me quedo una semana
con música y buenos recuerdos debajo de las mantas;
por qué dejé de fumar
o por qué no bebo ni me drogo cada día
hasta que la luna con sabor a plomo
muera ahogada en mi garganta.

Aunque cada día soy más fuerte y optimista,
a veces no me puedo sacar
los rayos de invierno
de entre los dientes.

Poesía original de Eros Ignem.

Ya no somos lo que somos. Somos lo que ellos quieren que seamos. Desde las orillas del mundo, nuestra palabra corre el riesgo de no ser. El gran dilema, ser.

Fragmento de El luto de Pablo Mora.

Para un amor olvidado

Tal vez es tiempo
de dejar que las cosas fluyan,
de impedir que mi mano
siga estando atada a la tuya.

Cada vez que pasan los segundos
te voy queriendo menos.
Ya mis labios no me piden
a gritos tus besos.

Miro el pasar de las horas
que se llevan consigo
la esperanza de un amor eterno.
Pero eso ya no importa,
ya tu recuerdo no me hace daño
y lamento decírtelo,
pero, amor, ya no te amo.

Poesía original de @fragmentos-de-vida

PRIMERO LA MUERTE AL OLVIDO

Mientras la esperanza podía ser 
Lanzada a los perros para que sea devorada 
Una pizca de sal en la herida bastaba, 
Ella permanecía porcelana, impenetrable 
Mientras sus labios de apoco se tornaban azules; 
Luego la muerte le hacía una mueca, al mecerla 
Lentamente entre sus sabanas. 
Después todo se volvía opaco, resquebrajado, sin vida
Ya no había velos flotando en la brisa matinal,
No había canciones nocturnas para acompañar. 
Las tazas permanecieron vacías con despojos de café, 
El frío nocturno quebrando la espalda, 
Abriendo los poros del alma aletargada. 
Las paredes de la habitación se volvieron rejas, 
Monumentos que enarbolaban las fantasías del ayer. 
Todo se disolvió, perdió forma y ubicación. 
Dónde estaba aquel que en el corazón de una dama una vez habitó.
A dónde se marchó el dulce carmín de la pasión. 
El elixir, que una vez cubrió bosques de sueños completos.

Poesía original de @los-laberintos-de-mi-memoria