
¨Sus letras… Eran un caleidoscopio… Arrojaban tantas ideas… verdades inéditas, no se les podía pasar por alto¨.
Físicamente era un enigma… cabello enmarañado… ébano, a la altura de las orejas, barba descuidada, ceja áspera; señal de mente inquisitiva… Manos con una turbiedad enfatizada al ponerse nervioso.
Cuando quería resaltar una idea, apretaba la comisura de la boca, automáticamente el labio superior se plisaba, para que el interlocutor pudiera rescatar las vocales, antes de que estas se hundieran en lo profundo de la garganta. Los labios, siempre estaban resecos; con una aspereza que parecía venir del interior de su alma.
De la vestimenta, era un encanto peculiar; portaba suéteres con estampado rombal, figuras geométricas de colores opacos, combinables con la melancolía.
En la improvisada habitación, se alzaba un descarapelado mueble, que fungía como librero, en el que colocaba todas las mentes de los escritores predilectos, formando una telaraña de tiempo.
Las noches eran de sintagmas danzantes, esculpidos por su delicada pluma de raíces profundas, en las que clavaba siempre el nombre de una sombra enunciadora de cabellos largos; esfinge de mujer, que lo mantenía eternamente preso escribiendo sobre amor.
Después de la escuela, siempre tomaba una humeante taza de café, engarzada de polvorones de naranja; y con esas armas deliraba en pensamientos que plasmaba en historias, las mismas que le construyeron el aura de zorro.
Prosa poética original de @los-laberintos-de-mi-memoria.
