Un sueño nada mas.

A través de mi ventana se podía observar una pequeña con el cabello desordenado, la mirada directa hacia la luna.

Su mano derecha le acomodaba el cabello cada vez que este se le colocaba en la cara y su mano izquierda frotaba sus ojos de vez en vez.

Con el viento su cabello bailaba y sus hombros temblaban regularmente.
Se sujetaba la cabeza y luego observaba de nuevo a la luna como que si en ella pudiera encontrar las respuestas a lo que tanto la estaba sofocando.
Cuando pasaba un avión era lo mismo, lo observaba fijamente hasta que saliera del panorama. Era como si deseara ser uno de los pasajeros que iba dentro.

Me intrigaba muchísimo, quería saber como era su cara. Pero su cabello era tan espeso y la luna estaba en mi misma dirección que no necesitaba voltear.
Se paraba firme y recta y luego respiraba profundamente, como intentando calmarse, luego dejaba salir el aire y se derrumbaba. Se sujetaba la cabeza por minutos y luego miraba la luna como si fuera a encontrar algo nuevo. 

Entonces se escucharon los motores de un avión en la lejanía, a dirección contraria se aproximaba esta gran maquina. Entonces la niña volteo y me di cuenta que en realidad se trataba de una joven pero su estado de vulnerabilidad la hacia ver tan débil; Vi sus ojos marrones y lluviosos. Sus mejillas y cejas.. Sus labios gruesos y su cabello largo; Era idéntica a mi.

Prosa poética original de BMAR.

Pero el amor nos redime, nos salva de este rito macabro, de este vivir sencillamente a solas cuando nos besa de lejos la muerte, de este lenguaje frío y vaporoso que somos al encontrarnos con nosotros mismos.

Fragmento de 14 por Mario Meléndez.

Confesión de casi media noche

A veces me siento tan abrumada que podria llorar por dias y nunca calmarme.
A veces lloro hasta quedarme dormida para que a los minutos que logro tranquilizarme, mi alarma suene enloquecida. 

Me levanto con los ojos enrojecidos e hinchados.

“Ya no quiero esta vida” me digo al oido.

Prosa poética original de BMAR.

¿Quién escribirá este dolor? ¿Quién destapará los gritos enumerándolos? ¿Quién se atreverá a hacerlo? Porque si nadie se ofrece, yo estoy dispuesto a correr el riesgo.

Fragmento de 4 por Mario Meléndez.

Que cómo, y yo diría más bien que quién.

Me preguntan
que cómo me salve la vida.
Yo diría más bien que quién lo hizo.
Aunque no estuviera en apuros
llegaste tú y me hiciste ver
que mi barco ya no estaba a la deriva.
Y vi la playa.
Y noté la brisa del mar.
Esa que siempre ha estado
pero que nunca he notado.
Y por eso me cago en los muertos de Cupido
por no haber hecho que te conociera antes.

Deberíais sentiros afortunados cuando encontréis
a alguien que haga que cada abrazo
sea una recarga de felicidad.
Cuando miréis el minutero del reloj
y os deis cuenta de que
queda menos de un cuarto de hora para su abrazo
y os dé un subidón de adrenalina.

Yo me siento afortunada.
Y podría pasarme los segundos manifestando
el por qué me siento dichosa de tenerte.
Y por ello,
tengo más besos pendientes en tu espalda que.

Aprendí a hacer oídos sordos cuando sonreías así.
Y mientras que tu sonrisa brille más que el resto,
me da igual el qué dirán.
Que ladren como perros hambrientos,
que yo soy la única que sabe lo que es la felicidad
porque tú eres la mejor receta contra el desconsuelo.

¿Y qué culpa tengo yo?
Si con cada verso que te escribo
se me pone más rojo el corazón
de tanto quererte.
Eres capaz de convertir el invierno
en primera
con tan sólo un beso.
Y sólo con el roce de tu nariz en mi cuello
consigue que tiemble
en pleno verano
a cuarenta grados.

Así que comprende por qué dormir sin ti los domingos lo llevo muy mal.
Y, al día siguiente,
me es imposible llamarlo buenos días si despierto
con el otro lado de la almohada vacía.
Por ello,
prefiero alquilarme un piso en el hueco de tu cuello
y quedarme a vivir.

Que cada día es una película
y tú eres mi protagonista favorito en cada uno de ellos.

Poesía original de Poesía en las bragas.

Meditaciones del lado oscuro de la mente.

A veces no me queda remedio más que incendiar mis pasos,
para no dejar las huellas del dolor,
 el miedo y esta soledad que devora mi piel;
 Hay días menos grises, eso es verdad,
en los que tejo un arcoíris en el aire y mi cabello danza mientras camino al son de cualquier melodía,
pero no es duradero,
 porque regreso al origen,
observo mi condición de errante,
tal vez si alguien mirara por dentro podría percatarse del deterioro de mis sueños,
por eso hago incendios,
por ello desaparezco a cada instante de los que intentan quererme,
soy olvido en muchas memorias,
la sombra de un viajero sin rumbo,
la suerte de un vagabundo,
el tren descarrilado que se perdió en la obscuridad
vacío existencial de quien busca la paz,
por eso soy ceniza
       por esto
       causo tanto daño.

Poesía original de Mónica Olivares.

Ida y vuelta

Cuando nos dirigimos al amor
todos vamos ardiendo.
Llevamos amapolas en los labios
y una chispa de fuego en la mirada.
Sentimos que la sangre
nos golpea las sienes, las ingles, las muñecas.
Damos y recibimos rosas rojas
y rojo es el espejo de la alcoba en penumbra.

Cuando volvemos del amor, marchitos,
rechazados, culpables
o simplemente absurdos,
regresamos muy pálidos, muy fríos.
Con los ojos en blanco, más canas y la cifra
de leucocitos por las nubes,
somos un esqueleto y su derrota. 

por Amalia Bautista.