El amor…
el amor es como el fósil de un orgasmo
devorado por langostas.Ya no importa el por qué…
sólo importa que estoy bien;
sólo importa
que no me has robado por completo
el monstruo que llevo dentro
y que convirtió mi alma
en algo tan espantosamente bello.Y tú…
tú también eres un monstruo,
pero tu mordisco ya no es peligroso;
y tampoco es peligrosa
la explosión de tus párpados felinos.He vuelto a consagrar mi espíritu
a los cultos cavernarios de la soledad,
ahogando por siempre tu voz
en los sacramentos del destierro
y el fuego del vacío.No has conseguido evitar
que la música me siga golpeando
muy de cuando en cuando;
que en mi alma sigan goteando
las dulces tormentas estivales
como cuando era poco más que un crío;
que mi corazón siga oliendo a tierra mojada, fresca y nueva.Son esas tormentas
las que impulsan el motor de las preguntas sin respuesta
que yacían medio muertas en lo más hondo de mis duelos,
esperando poder mandarlas al desguace alguna vez.Pero no… el vino y la música
siguen siendo llaves
hacia el arco iris escondido;
hacia los días que quizá nunca existieron
pero que tan vivamente consigo recordar;
son el puente hacia la magia negra,
hacia la magia natural…
el puente, ya no a lo que tuvo que ser,
sino a intentar sacar lo mejor de lo que fue.Y mañana, el Sol,
lleno de ásperos canales luminosos,
me pondrá unos pies bajo las piernas
y un agujero entre las nalgas…
para que recuerde que tengo que caminar hacia adelante…
y cagar hacia detrás.
Poesía original por @erosignem
