Nadie se muere de amor, Catalina, ni aunque quisiéramos.
Fragmento de Arráncame la vida de Ángeles Mastretta.
Nadie se muere de amor, Catalina, ni aunque quisiéramos.
…Nada mejor que la terquedad de mi nostalgia.
Todo lo importante estaba ahí, por ahí se miraba, por ahí se oía, por ahí se pensaba. Yo no tenía cabeza, ni brazos, ni pies ni ombligo. Las piernas se me pusieron tiesas como si quisieran desprenderse. Y sí, ahí estaba todo.