No hay algo en particular. Sí, le tengo miedo a las agujas y a cualquier insecto que pueda picarme, pero de ahí en fuera, no hay nada que en verdad me cause miedo. Creo que hay algún circuito mal conectado en mi cerebro que continua emitiendo la señal de “miedo, ¡corre!” y está atorado en ese ciclo.
