A veces, cuando te encuentras ocupado, estresado o quieres descansar; puede parecer una distracción, inclusive ser molesta. Sin embargo, la risa es algo maravilloso que alegra a todos: desde los niños, que juegan en el parque; hasta los jóvenes amantes, que al mirarse ríen sin motivo aparente, y aún a los ancianos, que no pueden evitar el regocijo al ver a sus nietos correr por la casa.
Para algunos llega de forma estruendosa e inesperada; para otros de forma tímida y discreta…Pero tarde o temprano lo hace, bien sea motivada por chistes inocentes o tragedias. Suele llegar acompañada de seres queridos, en momentos alegres; tanto si la has esperado como si no. ¡Incluso llega en los momentos de desasosiego! Cuando se ha perdido toda esperanza.
A veces me pongo a pensar sobre ella: su dulce sonido, los motivos que la impulsan, el gozo que trae a la gente. Así mismo, me pregunto: ¿qué tiene la risa que nos agrada tanto? ¿Acaso no es más bello el silencio y el rumor de las hojas al viento un apacible día de verano? ¿No es en el silencio cuando más disfrutamos de nuestros pensamientos o de un buen libro? ¿No es en la quietud que descansamos y nos sentimos aliviados? Cuando pienso mucho en ello no logro decidirme, pues cada uno tiene un encanto peculiar.
Por un lado la risa es cálida, nos aviva como el queroseno a las brasas que están a punto de extinguirse y alivia con su canto nuestras preocupaciones. Por el otro, el silencio álgido y arcano nos lleva de la mano hacia realidades ignotas que creíamos imposibles. ¿Cuántas veces no gocé en compañía de amigos y familiares? ¿Cuántas veces no me sentí complacido al sentarme en silencio a contemplar el paisaje? ¡El silencio y la risa son tan placenteros y tan distintos entre sí!
Aunque no creo que uno sea mejor que el otro, sí considero que se debe saber cuándo guardar la calma, cuándo callar, cuándo reír, y aún más importante; saber con quién compartir nuestra vida y alegría, pues quizá algún día tengamos la paz que tanto anhelamos, pero no podamos oír más a nuestra querida amiga, aquella que alegra los corazones y reconforta a los desamparados: la risa.
Narración original por Saúl Mayorga.
