Gota

Debo confesarte que guardaba la duda de que en tus ojos residiera el mar,

y que esa vacilación se ha evaporado al sorprenderme naufragada en la profundidad de tus aguas;
En esa prófuga gota salada que se ha desbordado y que deambula pícara por tu frente, 
para luego posarse como lluvia fresca,
en las arenas que tapizan mi piel.

Prosa poética original de Colibrí de los Corales, Krisa Giraldo.

Primavera Contigo

No era una mañana como las otras. El calor corporal era más tibio, y sin embargo el clima había cambiado y todo comenzaba a ser más frío que el de hace una semana atrás. Un cuerpo desnudo, postrado a mi lado se acurrucaba plácidamente en mi pecho. Sus anteojos estaban colocados en la mesa de noche, al lado derecho de la cama. No me había percatado que sus ojos eran de color cafés claro. Su pelo castaño largo cubría parte de mi hombro y mi almohada. Recordaba haberme perdido en su cabellera unas horas antes. 

Estaba exhausto. Una noche de placeres y desenfrenos se convirtió en un amanecer de besos y viajes interespaciales al fondo de un universo desconocido. A pesar de ello, había dormido como un niño, y era preciso preparar el café matutino. 

Mientras abría la bolsa de granos tostados, el olor a café antigueño se esparcía por toda la cocina y pensaba -¿después del café, que pasará?-.Quiero decir, la quería pero a penas la conocía por una fracción de meses, días, horas y segundos; y para mi, aún era una pequeña extraña. La quiero, de veras la quiero, como para estar con ella, pero yo no sabría si ella quería lo mismo. 

El silencio se vio interrumpido cuando ella jaló la palanca del inodoro y el agua desaparecía sutilmente ante sus ojos color cafés. Miraba de reojo por un espejo colgado en el pasillo que conduce a la recamara. Vi que permanecía desnuda y buscaba una camisa para taparse del frío. Tomo una playera negra de AC/DC, una camisa color jeans, y sus bragas de encaje negro. Luego, encendió la radio y cantaba sutilmente los versos y susurros de una canción de antaño. 

Después de un par de huevos con jamón preparados al momento, me dispuse a servir la mesa. Pensaba en la catarsis de mi mente y mi ser al momento de conocerla, y ello me incitaba a ser una mejor persona (por lo menos, intentarlo). Ella me saludo tranquilamente y beso mi mejilla. Pensé en besarle en la boca pero preferí servirle una taza con café y preguntarle por la cantidad de azúcar que deseaba. -”sin azúcar querido, lo quiero amargo”-me dijo y continúe preparando la mesa. 

Tranquilamente se sentó en el sofá y le pase los panes tostados. Moví todos los utensilios a la sala y comí en el piso con ella. Hablamos y hablamos, de política de dos seres extraños, de arte, de libros que conmueven y deliran a la mente, y algún recuerdo probablemente olvidado. Cada vez que ella sonreía descubría mi necesidad por ella y eso era fatal, a mi parecer, en ese preciso instante. 

Veía sus ojos radiantes cuando hablábamos de Cortázar y de la poesía de Neruda. Vivía su brillo, su pasión por la vida. No quería que se fuera del apartamento, y eso también era fatal, “en ese preciso momento”. 

Después de tres tazas y dos horas después nos levantamos, ella se cepilló los dientes y yo lavé los platos. La miraba caminar de un lado a otro, sin rumbo ni dirección, sin un plan específico. Quería decirle que se quedara, pero no sabía si ella diría que si. Seque los platos y al momento de voltearme, ella esta ahi, quieta, parada, con su pelo recogido y con los ojos llorozos. 

-¿Qué pasa?, ¿te sientes bien?- le pregunté. No sabía la gravedad de las circunstancias y el temor me embriagaba, porque no sabía si esta situación me alejaría de ella. -¡Quiero, quiero…. quiero…! Pero no pudo terminar su frase. ¿Que hacer? porque no sabía si todo era culpa mía. Simplemente la abracé y le dije que todo estaría bien. ¿porqué dije eso? no lo sé, de verás, no lo sé. De repente ella empezó a balbucear un grupo de palabras indescifrables, pero escuché pacientemente para encontrar alguna pista, y de repente grito: -¡No quiero irme, quiero amanecer contigo todos los días, quiero que nuestra primavera sea eterna pero tengo miedo. Miedo del verano que seca el alma, el sentimiento; del invierno que congela las camas y los cuerpos. Quiero una primavera eterna contigo! –

Quede atónito. No sabía como responder a tal descubrimiento, porque afirmar algo sin eterna convicción o seguridad no era justo. La quería, pero valía hacer un gran intento por amarla. lo valía. La tome de los hombros suavemente y le hablé, mirándola directamente a los ojos y dije sin titubear: -No te puedo prometer que el amor siempre sea primavera, pero si eterna. Pero te digo que cuando el verano venga, refrescaré tu alma con abrazos y paciencia; Cuando el invierno nos trate de congelar, beberemos chocolate caliente con la dulzura de nuestra compañía y la empatía mutua. Barreremos las impurezas de un otoño y disfrutaremos de la vejez juntos, con el aire que refresca nuestra relación para que cuando la primavera florezca, no piense en irse a ninguna parte de este basto mundo.-

Sonrió, me beso y nos hicimos nuestros. 

El tiempo ha pasado. La primavera continúa después de meses prolongados y ahora las mañanas no son las mismas de un año atrás. Ahora despierto con el mismo café de siempre, pero sirvo dos tazas sin azúcar…

Cuento corto original de Manuel Mendez.

Plutón

Bajo la luna, sobre la brisa, cae una pluma
que en vez de caer parece volar,
en vez de volar danzar
y que deja una estela detrás de sí que cuenta historias;
historias que como plumas pueden danzar,
volar sobre la brisa como cayendo bajo la luna.

El aire huele a miel, huele a vainilla,
huele a picante.
El aire huele a sal, huele a arena,
a Mar y a hierbabuena.

Los colores pintan fuegos que se sientan en la playa,
a hablar de canciones, de soles, de paisajes,
y que bajo su peso, en la arenisca, dejan huella.

Y la brisa aparece nuevamente,
despeinando los cabellos de los fuegos
y obligando a esa pluma distraída que baila alegremente
a que regrese a su casa,
no sin antes cumplir la tarea encomendada:
La luna le envía al sol sus saludos en un sobre que ha sellado con beso.

“Saludos respetuosos señor Sol,
muchas gracias por los días de calor.
Por la luz, por las sonrisas, por las flores.
Por los árboles de frutos coloridos
(¡El maracuyá sin dudar mi preferido!).
Le recuerdo que cuenta usted conmigo
para reflejar su luz en las noches más oscuras.
Y le dejo aquí un secreto que me tenía escondido:
Yo le quiero hasta la esquina más oscura de Plutón”.

Cuento corto original de Colibrí de los Corales, Krisa Giraldo.

Eine Geschichte.

Solo hay algo en lo que puedo ser inequívoca: si tiro de la tapa de la pluma y la poso en el papel esta dejará su huella. Lo que no podré saber nunca con certeza es que tan insondable será.

Es como cuando caminas en la playa: algunas huellas tienen más ímpetu que otras; algunas son más profundas, otras más contrastadas, más uniformes.
Pueden durar un sol, un atardecer, un anochecer, pueden durar una luna… o pueden durar una ola de mar, un guiño, un beso.

Abro la pluma con la esperanza de dibujar con palabras todo eso que surge del alma, aunque a veces “todo eso” puede ser simplemente un suspiro o un parpadeo.

Abro la pluma para dibujar un segundo y ese segundo puede terminar convertido en horas, en meses… en años. Segundos que tienen el poder de un giratiempo, que te devuelven a esos momentos que algunas vez fueron y jamás serán.

«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]»

Abro la pluma para esbozar una letra, y esa letra termina convertida en un nombre. Un nombre que quiso ser frase y que no contento con eso se extendió hasta ser página.

¿Página?…No. Páginas.
Un capítulo.
Imágenes, recuerdos…

Un cuento.

Prosa poética original de Colibrí de los Corales, Krisa Giraldo.

Sálvame

En un día lluvioso el joven Claudio estudiaba para su próximo examen acompañado de un café, pero la campanilla de la entrada lo distrajo. Una mujer con el cabello humedecido se quitaba su abrigo y buscaba desesperadamente una mesa. A Claudio se le paro el corazón por un segundo al encontrarse con los enormes ojos color miel de aquella muchacha y mientras luchaba con el dilema entre acercarse a la joven o quedarse ahí observándola, la muchacha desapareció. La cafetería estaba llena y la joven no consiguió mesa. Decepcionado Claudio prosiguió a seguir estudiando.

De vuelta a casa a Claudio le carcomía la mente llena de dudas sobre aquella chica. A pesar de que no la conocía Claudio ya estaba enamorado.

Meses después…

De vuelta en aquella cafetería Claudio recordaba aquel día en el que vio por primera vez aquella muchacha dueña de su corazón y como si todo hubiera vuelto a pasar la campanilla timbro y la muchacha de los ojos color miel entro a la cafetería. A Claudio le tomo unos segundos asimilar la situación, pero esta vez no dejo ir la oportunidad, se armo de valor e invito a la muchacha a tomar un café.

21 años después…

Siempre me ha gustado recordar la historia de cómo mis padres se conocieron. Siempre pensé que su amor era verdadero y duraría para siempre.

Pero todo ha cambiado desde que Guillermo, mi hermano, descubrió que mi papá engañaba a mi mamá desde hace ya un tiempo con Sandra; una pelirroja de unos 22 o 23 años.

Desde ese momento mi vida ha cambiado, ya no vivo de la manera que lo hacía antes. Vivir con mi mamá y hermano es como vivir sola, mi mamá pasa sus días deprimida, encerrada en su habitación y Guillermo nunca se encuentra en casa. Veo a mi papá dos o con suerte, tres sábados al mes y esto es porque si no está en la clínica cubriendo alguna cirugía, se encuentra con Sandra disfrutando de la vida como que si él fuera tan joven como Sandra lo es.

Ya no sonrió ni disfruto lo que hago. Ir al colegio y regresar a casa ya no me molesta como antes. Solía salir con mis amigos, pintar en las tardes, bailar y cantar cuando me sentía feliz. Pero ya no es así, ya nunca estoy feliz. Mi familia esta desintegrada y yo muero por dentro.

Extraño salir a caminar con mi papá por las mañanas y a charlar con mi mamá por las tardes. Extraño a mi hermano y sus ocurrencias. Extraño mucho mi antigua vida. Pero no importa, porque nada nunca volverá a ser igual. Ni mi papá volverá, ni mi mamá volverá. Él está perdido en el deseo de ser joven otra vez y ella está perdida en la amargura y la decepción.

Guillermo esta peor, mi hermano mayor esta perdido en las drogas y el alcohol. Guillermo ahora odia a mi papá, no habla con él, ni de él. Es como que si lo hubiera borrado de su memoria.

Solían ser muy unidos, claro que esto fue mucho antes que Guillermo descubriera lo que pasaba entre mi papá y Sandra, solían salir a jugar futbol y platicar sobre autos. Les gustaban las mismas cosas y confiaban mucho el uno con el otro. Siempre envidie un poco el tipo de relación que ellos llevaban.

Guillermo quedo destrozado; se lleno de odio y decepción, el hombre que el mas admiraba le mostro su otra cara y el alma de Guillermo no perdona. Pero si sufre. Y sufre mucho.

Guillermo estaba en la universidad y fue fácil para el escoger amigos con los cuales le era permitido desconectarse del mundo. No lo supe hasta después de unos meses cuando yo misma lo vi inhalar un polvo bblancuzco una noche en la que el creyó estar solo. Me rompió el corazón verlo así. Guillermo me descubrió y reacciono violentamente hacia mí. No solo me lastimo físicamente pero también me marco sentimentalmente. Había perdido a mi hermano y no podía recuperarlo.
No podía salvar a nadie sin que alguien antes me salvara a mí.

Acá es donde entra Luca, mi mejor amigo. Lo conocí en primaria y la conexión fue instantánea, yo solía jugar con él y él solía jugar conmigo, hasta los juegos que eran de niñas. El está siempre para mí, y yo estoy siempre para él. Él fue quien me salvo. Cuando mis padres se separaron me aleje de la sociedad, no salía de mi habitación y después que mis lagrimas se habían secado lo único que hacía era pensar, acostada en mi cama viendo hacia el techo, eso era lo único que hacia; pensar. Al principio fui muy buena disimulándolo, aun sonreía y trataba de participar en el colegio. Pero poco a poco desaparecí y empecé a hacer lo imperdonable, cortaba mis muñecas horizontalmente y las dejaba sangrar. No me dolía, me liberaba. Hacía que la cara de mi mamá, hundida en su miseria no se viera tan lastimada, hacia que la falta de la presencia de mi papá no doliera tanto y por supuesto me hacia olvidar que mi hermano estaba perdido. Luca pronto lo noto, él decía que el brillo de mis ojos desapareció, que yo ya no estaba, que me estaba consumiendo. El me demostró amor y apoyo cuando más lo necesitaba, él fue la razón por la cual mis cortes no eran verticales. Él me salvo. Y salvo a mi hermano.

Pues solo así tuve el valor para enfrentarlo y poder ayudarlo. Fue muy difícil pues él aun creía que yo solamente era una niña, inmadura y sin sentimientos. Creyó que yo no entendía y que no podía ayudarlo. Pero lo hice. Guillermo ya lleva dos años sobrio y limpio. Ambos ayudamos a mi mama a salir de su miseria, cuando al fin comprendió que no fue su culpa que mi papa fuera un completo sin vergüenza, que no es que ella no fuera suficiente para mi papá, pero que ella era mucho más que lo que el merecía. Pronto se disculpo con nosotros por haber estado ausente mientras todos moríamos lentamente.

Sandra dejo a mi papa por un modelo más joven, mi papa regreso pidiendo perdón. Yo lo perdone, Guillermo también y mi mama también. Pero ninguno lo acepto de nuevo en casa. Ahora llevamos una buena relación de padre e hija, claro, no es como antes y nunca lo será, pero me conformo con esto. Lo veo más seguido y tengo la confianza de platicar sobre cualquier cosa que me moleste. Para Guillermo fue más difícil, pero no imposible, ambos llevan una buena relación también. Mi relación como hermana con Guillermo ahora es mucho más fuerte. Platicar con mi mama ya no es un desafío. Luca ahora es más que solo mi amigo. Y yo, que ya volví a sonreír, también pinto a veces, ya no deseo desaparecer, ahora veo la vida como algo hermoso y disfruto cada momento de ella.

Cuento corto original de Bárbara Alvarez PM.

BLUD Y EL LIBRO DE BLUD

Blud se aburre un poco, en su soledad sempiterna, esa tela con la que viste su condición de único. Decide, en un momento dado, escribir un libro. Lo titula «El libro de Blud». Todo lo que escribe en el libro es una proyección de sí mismo, por lo que se puede decir que Blud y «El libro de Blud» son el mismo ente, que antes era único y ahora está dividido. Ellos, creador y creado, en íntima simbiosis, dotan poco a poco de significado sus respectivas realidades, que en realidad son una.

Blud comienza por el principio, la creación del universo de Blud, para lo cual establece paradojas y líneas guía, matrices sobre las que se extenderá toda la institución de lo que debiera ser. Después de estos misterios matemáticos y de cualidades, aparecen galaxias Blud, nebulosas Blud, gigantescos campos de gases Blud e infinidad de grandes piezas astronómicas Blud, sustentadas en la línea guía del tiempo Blud. «¡Mirad lo que hemos creado!», exclama la multiplicidad que antes era un único Blud. Sistemas solares y gigantescas novas danzan en una armonía solo imaginada, quizá, por Blud, todo completo, sorprendiendo al mismo Blud sobre lo que escribe, pues la creación es en parte autónoma del creador, y muchas veces toma derroteros que éste último no hubiese previsto nunca. Así, algunas estrellas Blud y planetas Blud colisionan a veces, generando campos de asteroides Blud que dibujan lo creado con su bello movimiento en el espacio Blud sin fin.

En los planetas Blud que mantienen su integridad más o menos intacta, se condensan gases Blud bajo los cuales afloran formaciones de distintos tipos de rocas Blud, de cuya aparición depende la densidad Blud, profundidad Blud, tensión Blud a la que son sometidas, calor Blud, cristalización Blud…

Todo tiene su propia consciencia autónoma de Blud, Aunque todo lo que va tomando forma y tiempo es un modelo de Blud. Mientras los soles y luminarias Blud van poblando el vasto campo interestelar Blud, en algunos cuerpos Blud aparecen combinaciones de elementos Blud originando particularidades Blud más complejas, dotadas de cierta esencia Blud «inquieta». Blud lo llama «vida Blud», una novedad importante en todo su plan para «El libro de Blud».

La vida Blud comienza como el propio Blud, única, y es sometida al mandato Blud de crearse a sí misma. Así, lo único se copia a sí mismo y se auto divide en sucesivas vidas Blud que van recombinándose, generando novedades y extrañezas únicas y semejantes. Blud sonríe, contento de su modelo Blud en el que plasma su esencia, la cual le permite auto conocerse y comprenderse, dotando su existencia de sentido, tanto en el momento como en lo último, que a Blud no se le escapa nada de sí mismo excepto lo que tiene autonomía propia por ser Blud en modelo y semejanza bajo la apariencia de muy diversos tapices. Quién desvelará este sentido último, solo Blud lo sabe, o quizá no, y dentro de su improvisación constante todo se vaya viendo según sucede y se establece.

La vida Blud va generando nuevas formas de generar vida Blud, lo mismo que la materia Blud antes se generaba a sí misma, quizá de la esencia misma que las páginas del libro de Blud. Poco a poco todo va ganando en complejidad Blud, la cual compite con la armonía Blud, dos de las líneas guía Blud más esenciales. Todo es una gran pieza musical donde nacimiento Blud, búsqueda Blud, pérdida Blud, muerte Blud, alimento Blud, putrefacción Blud y defecación Blud se combinan sin parar. Materia animada que da lugar a materia inanimada, pagando su deuda de existencia, formando parte del elixir de Blud.

Un grito lejano llega de los mundos habitados en el libro de Blud a los oídos de su creador. Blud se siente extrañado e interesado, y se pregunta: «¿De dónde proviene este clamor? ¿Cuál es su naturaleza, qué lo origina, qué vivirán para sentirse así?». Algo de la creación de Blud ha traspasado sus páginas, asaltando al mismo Blud por sorpresa. Lo animado, en su autonomía, y como buen modelo de Blud, cada vez más complejo, intentando mantener la armonía original, haciendo malabares en la creación de Blud, se expresa, salvaje e intuitivamente.

Aparece, por fin, la inteligencia en lo animado. Otra vuelta de tuerca, otro algoritmo más, otra forma más de ser Blud. Nada queda atrás, todo coexiste: materia Blud, Vida Blud, Inteligencia Blud. Plantearse qué dentro de Blud se parece más a Blud resulta una discusión baladí, pues todo es creado para ser su modelo, representándose de distintas formas para conocerse mejor. Pero tras el sentido original, hay algo que al mismo Blud se le ha escapado y que terminará por darle sentido, al fin.

La inteligencia Blud genera modelos Blud increíbles: sociedades Blud, construcciones Blud, utensilios Blud… Todo va sucediéndose, una situación Blud genera a la otra, y la lógica Blud se va depurando, compitiendo con el instinto Blud. Se alzan sistemas de gobierno Blud para, con el tiempo, desaparecer, lo mismo que imprerios Blud y dirigentes Blud. Nace la escritura Blud, donde las criaturas Blud pueden escribir libros Blud pensando e imaginando a Blud. Todos estos libros Blud son en parte ciertos y en parte modelos, y sirven para lo mismo que «El libro de Blud», en principio. Con el tiempo todo se va complicando, cayendo una vez más en la paradoja. Por ejemplo, una de las criaturas llamada Michael Ende Blud escribe un libro Blud llamado «La historia interminable Blud» donde un niño Blud lee un libro Blud protagonizado por un niño Blud que no es otro que el mismo niño Blud que lee el libro Blud. Al final, el contenido de ese libro Blud sale del mismo dentro del libro Blud de Michael Ende, cuyo contenido también sale de él, y esto es un misterio. Blud, al escribir esto, comprende, mientras los gritos se suceden y él se interroga más y más sobre su naturaleza.

La vida de las especies Blud aflora y se extingue sin cesar, incluida la de las inteligentes. La misma vida Blud es barrida en ocasiones de la faz de los mundos Blud debido a las más variopintas cuestiones Blud. El universo Blud va bajando de temperatura y los cuerpos celestes Blud están cada vez más distanciados y fríos. Mientras el libro de Blud va llegando a su fin, y con él los últimos gritos lejanos saliendo de sus páginas, el mismo Blud va muriendo poco a poco, solo dentro de la gruta de su montaña, alejado. Decide, antes de morir y de terminar el libro, y como último propósito, averiguar qué es lo que origina el clamor de los seres animados Blud, y para ello traza un último plan.

Al fin, termina el libro. Al fin, muere. Y, llevado de la mano de su última voluntad, se vive a sí mismo en todas y cada una de las formas Blud de «El libro de Blud» para experimentar por sí mismo la gloriosa condena de la existencia Blud.

Cuento corto original de Alejandro Sánchez Manzaneque.

Uvas verdes (Fragmento)

…era aún temprano y recordaba como aquel día, hace más de cinco años, despertaste primero, te estiraste, y me volteaste a ver con un ligero movimiento como para no levantarme, comenzaste a pensar qué hacer mientras tanto. Bajaste un pie de la cama apenas tapada, te quedaste mirando el techo, el humo del cigarro que recién apagaste hacia giros violentos por la ventana que quedó abierta. Movías tus manos, acariciabas tu vientre – aún no sé que era más suave, si tu vientre o tus manos, a mi me gustaba estar en ambos; y aunque a veces caía de tus manos, sabía que siempre estaría contigo en alguna parte de tu vientre y que tu piel me recordaba cuando posabas tus dedos por aquellos espacios en los que alguna vez estuve-.

Cuento corto original de Jonatán H. Andrade.

LA HORA DE LA MUERTE

Es por la mañana, temprano. Tomás se despierta, soñoliento, dispuesto a comenzar una jornada más. Su trabajo le espera, pero aun así se puede permitir remolonear un cuarto de hora más en la cama desde que toca el despertador. Se levanta, al fin, y va al cuarto de baño que hay al lado de la habitación de su hijo. Observa que la puerta de éste está cerrada. Es extraño, Alejandro lleva dos o tres semanas yendo a andar más o menos regularmente, y suele salir de casa antes de que él se levante. Aun así lo deja pasar: como su hijo no tiene nada que hacer durante el día, puede que hoy se quede durmiendo hasta tarde, como solía hacer antes de salir a andar.

Tomás llega al medio día de su trabajo. Observa que la mesa no está puesta, ni la comida hecha… ¡otra vez más! «Capaz será de estar durmiendo todavía», piensa. Se acerca a su cuarto y le espeta, medio en broma medio en serio: «¡Ya está bien, hombre, esto ya es demasiado!». Alejandro no responde. Su padre, ya alerta, comienza a zarandear su cuerpo, inerte. «Alejandro. ¡Alejandro! ¡¡¡Hijo!!!»

Tardan poco en llegar los servicios sanitarios, para certificarlo. Alejandro, para su padre y los médicos, ha muerto. Es jueves al medio día, las dos y media.

Pilar recibe una llamada. Es su ex marido, Tomás.  «¿Qué quieres?», le dice secamente. Entre sollozos, Tomás le dice: «Es el niño». «¿Ha pasado algo?» Pregunta, totalmente alerta. «Ha muerto», le dice él, y rompe a llorar. Para Pilar, Alejandro murió a las tres menos cuarto del jueves.

María es la hermana de Tomás. No tiene mucho contacto con él, así que recibe su llamada como algo un poco fuera de lo común, más todavía cuando le oye llorar. Alejandro muere a las tres menos diez, a la misma hora que lo hace para Jesús, el hermano de Pilar.

Noni es el otro hermano de Tomás. Lo llama, alterada, María. Alejandro muere para él a las tres menos siete.

Casi toda la familia de Alejandro se entera de su muerte entre el medio día y la tarde. Los más rezagados, los que no tenían el móvil operativo o no estaban en ese momento en su casa lo hacen entre la noche y el día siguiente.

El viernes por la tarde, como siempre, algunos amigos de Alejandro se reúnen en la tienda de cómics. Al no aparecer éste, Diego decide llamarle para ver si hay algún plan para la noche. Lo coge el padre. Alejandro muere para Diego. Muy poco después, muere para los que están en la tienda, e inmediatamente la noticia se propaga viralmente vía wassap entre los que no se encuentran allí: amigos del rol, amigos del heavy, amigos…

A la semana siguiente, el lunes, Antonio Enrique está en su estanco. Algún cliente le da la noticia. María se entera al poco. Alejandro cada vez está más muerto.

Los vecinos del bloque de pisos donde se crió Alejandro se enteran de su muerte porque su madre habla con uno de ellos al cruzárselo. Ellos se lo van contando paulatinamente a sus hijos, los amigos de infancia de Alejandro que ya no viven allí. Algunos se enteran al momento, otros a los días, para alguno pasan meses…

La madre de Pablo se entera pasados tres días de la noticia. Se lo cuenta a su hijo al momento. De ahí salta mediante redes sociales a los amigos heavys que se juntaban con él en su adolescencia: Iván, Isa, Rafa, el Aguililla, el Caba, Antonio el Radikal…

Rafa se lo cuenta a Raquel, que se entera el lunes estando en Japón. Inmediatamente se enteran Aroa, Isa, y su amigo Fran.

Al cabo de los días va muriendo por Don Benito, y al cabo de los meses va muriendo por Fuenlabrada. Su amigo el Polaco se entera a los dos años. Entonces, muere un poco más.

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Quizá la muerte solo suceda para los vivos en el momento en el que son conscientes de ella, o quizá solo suceda para el protagonista de la misma. La mayoría piensa que hay un después objetivo común para todos los que mueren, o la nada. Quizá la muerte es un suceso absolutamente particular para quien la vivencia. Hay quien cree en la posibilidad de la comunicación entre vivos y muertos, y hay quien tiene una nebulosa de conceptos y posibilidades sin decantarse por ninguna hasta que los hechos hablen por sí mismos. Así, la muerte sorprende más, o quizá como más sorprenda es brindándonos con aquello que nunca hubiésemos imaginado. Solo podemos estar seguros de la muerte de los demás en el sentido del grotesco cadáver inerte que queda de lo que antes estuviera animado y dotado de cierta inteligencia. Quizá también de alma, para los que gustan de este término. Quizá lo que nos duela de la muerte de nuestros seres queridos sea la muerte propia, y lloremos por nosotros mismos, no por los demás. O quizá sea verdad que se echa a alguien de menos sinceramente, con todo el dolor de nuestro corazón.

Cuento corto original de Alejandro Sánchez Manzaneque.

Perenne

_ En el principio del Cosmos, poco después -o mucho, realmente no lo sé- de que el “Big Bang” diera origen a nuestra caótica realidad, existió una estrella que comenzó a disgregarse con la expansión del Universo, al final colapsó y sus átomos se esparcieron por cientos de galaxias. Fueron parte de otras estrellas, de otros mundos, de planetas grandes y pequeños, de seres inimaginables y algunos otros de nada. Viajaban así por el Universo, pero siempre tratando de encontrarse, de volver a ser uno; su anhelo era reconstruir ese astro del que formaron parte en un principio, pues no habían encontrado lucero alguno cuya abrasadora calidez superase a esa estrella _. El hombre hizo una pausa, tomó la mano de su amada y la estrujó entre las suyas, ella esbozó una delicada sonrisa mientras esperaba a que la historia prosiguiese. _ Cada vez que sonríes _ continuó _ veo en ti parte de esa estrella, y al mirarte a los ojos siento que su calor recorre mi cuerpo, llega a mi corazón y ahí, en cada vigoroso latido, me doy cuenta que llevo también la esencia de esa estrella; tal vez es por eso que siento que te pertenezco, que me perteneces; tal vez es por eso, por el anhelo de esa estrella, que tenemos el apetito de estar juntos _.

Cuento corto original de Limonzuelo.