(…) Me da la sensación de estar consciente de todos y cada uno de sus demonios, de habitar sin intención los fantasmas que le atormentan. Entonces no es el miedo al curso causal normal lo que me ataca, es el miedo a un curso desconocido y recorrido por muy pocos. (…)
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MI HEROÍNA DE OJOS CAFÉS
Pocas cosas considero tan embriagantes como el sabor del café; café puro, sin ningún tipo de endulzante. Amargo como amar, deja un agradable sabor de boca y reactiva mis papilas, mis pupilas y mis pómulos.
Sutil.
Ligero.
Café pluma.
*Like a feather in the wind*
La nostalgia ha llegado esta noche, y viene con tazas de café, muchas de ellas.
Sin dudar las he recibido ya que existen pocas cosas que me gusten tanto como esta bebida. La noche es encantadora para tomarla, bebida oscura como mis ojos, me encanta verlos reflejados en ella, exhalar el delicioso y afrodisiaco aroma, clandestino.
A cada sorbo, el inconsciente retumba y se altera, entra en un estado eufórico, es como estar levemente bajo el efecto de la Heroína o el… ¡Crack!… Debería beber tanto como pueda, hasta caer en un coma cafeínico, volverme tóxico,… ¡Crack!… exhalar suspiros deliciosamente mortales capaces de arrebatar a la víctima de lo que sea… ¡Crack!… desde un pensamiento hasta la más grande abstinencia sexual.
A cada trago me vuelvo un animal delirante. Hace que muestre mis colmillos, que frunza el ceño, que mi cuerpo se guíe por impulsos; perversa violencia, agresividad libidinosa.
Una silueta femenina aparece entre las sombras del delirio: en una habitación obscura con iluminación tenue, apareció, de estatura media, con piel blanca, tersa y suave con tonos acaramelados aludiendo su sabor fermento, delicados pies capaces de levitar y hacer levitar, delgadas piernas tan largas como la provocadora sombra que proyecta sobre el suelo, costillas prominentes y un vientre plano, senos pequeños acordes a sus sensuales hombros, fino cuello donde yace una deliciosa garganta sabor a miel virgen de abeja, gruesos labios dignos de apreciación y un perfil tan perfecto y cautivador que la misma venus es un caos a su lado; es toda una Heroína, inyectable. Lo sé con solo alucinarla.
Sorbo tras sorbo la figura se acerca cada vez más. Con una fragilidad y provocación, girando a mi alrededor y levitando en ocasiones para llegar a mi oído me decía fulgurante una serie de palabras sin coherencia una con otras, no mencionó nombres ni verbos; entendí que debía dormir un poco más, entendí que la noche es mía y puedo hacer con ella lo que quiera, entendí que no soy la única víctima del tormento cafeínico esta noche.
— ¿Crees poder conmigo? – Susurré buscando el rostro de la fémina, del cual sólo se iluminaban sus labios y nariz.
— Estoy al borde de la desesperación, esto es sólo una ilusión. – Me sorprendió que articulara una frase como tal, creí que no era capaz.
— Recuerdos fugaces, ¡en esta baraja no hay ases!
— ¿Futuro? No existe aún. Puede existir, ocasionalmente, como puede no hacerlo.
Desesperado e intrigado por la conversación, bebí el último sorbo, el más amargo y delicioso de todos, la fémina se desvaneció sobre mi lengua dejándome un agradable recuerdo, dejándome con altos reflejos, como si toneladas de adrenalina nacieran en mi garganta, haciendo estallar en la profundidad de mis ojos un placer comparable con la detonación de todas las bombas atómicas del mundo. Kilotones y kilotones de placer.
— Tú serás mi Heroína de hoy en adelante, mujer. Inyectable.
Prosa poética original de Jorge Zain Portilla Luis.
Tantos en el olvido.~
Bastó un simple recorrido para poder percatarme de lo olvidado que están allí, tirados, apilados, escondidos, enmarañados y hasta podría llegar a decir odiados… Que pena verlos a todos ahí sin preocupación y esperando hacer del olvido una meta ya cruzada, tanto los llamativos como los más apocados se veían ansiosos, ansiosos de ser leídos, ser observados o siquiera ser removidos para dejar de estar en la memoria colectiva de aquellos que ven la Muerte como un lugar en el cual estar y no como un estado en algún lugar.
La logica favorecería y propiciaría que ellos fueran ya liberados y/o despojados de esa vergüenza diaria al sentir que las risas van en aumento por su rareza o quizá por falta de inteligencia de parte de él, si el mismo que ríe…
Cuento original de Falacia Facial.
La miras. Sientes cómo la ansiedad de un te quiero quema desde el centro del pecho. La besas, te consumes.
¿Hay alguien en casa?
«Morbo: Tendencia obsesiva hacia lo desagradable, lo cruel, lo prohibido».
I
Ese ardor que se siente en los ojos al ser alcanzados por unas gotas de shampoo, tengo que enjuagarme rápidamente y para eso, tendré que cerrar un poco la llave del agua caliente ya que para mis ojos, no seria una sensación muy agradable enjuagarme con agua a punto de hervir, tendré que pasar un poco de frío, después termino de lavarme el cuerpo y cierro las dos llaves de la regadera, tomo la toalla y me seco. Me pongo los calzoncillos, los calcetines, me unto crema, me pongo desodorante y termino cepillando mis dientes. Salgo y me espera en mi habitación un pantalón negro recién planchado y una camisa blanca con litros de almidón en el cuello y las mangas. Me visto y me miro unos segundos en el espejo sólo para acomodarme un poco mi corto cabello, afuera, mi tía me espera con un plato en el que hay 3 tiras de tocino orgánico, unos hot cakes y un vaso de leche de soya.
—Hijo, termina tu desayuno que se hace tarde.
—Está bien Tía, creo que Joseph ya viene en camino.
El reloj marca las 6:51 casi con exactitud, una exactitud que asusta y asombra a la vez y ya estoy saliendo a la cochera (si a una banqueta y un pedazo de tierra con un medidor para el agua en la esquina se le puede llamar cochera) y mi vehículo está esperando, un vehículo de dos ruedas y un casco.
—¡Roberto, olvidaste tu biblia!
—Chingad…
—Nada de maldecir Roberto, ten y ya vete que Joseph te está esperando.
—Está bien Tía, nos vemos más tarde.
Tome la biblia y la puse en mi maletín, maletín que puse en la canasta de mi bicicleta. Tres cuadras más adelante me esperaba mi compañero, más bien mi pareja de trabajo, Joseph Collingwood un inglés rubio que no sabe mucho español, aunque lo suficiente para que me entienda y yo entenderlo a él.
—Hola Robert, ¿por qué tardaste?
—Qué paso Joseph, nada es que olvide unas cosas.
—Ya veo, bueno, ¡hora de ir! El trabajo esperar, tenemos que llevar la palabra a todos los que podamos, Robert.
—Si eso parece, vámonos.
Era nuestro trabajo por así decirlo, era aburrido y demasiado monótono pero teníamos que hacerlo, recorríamos unos 30 Kilómetros todos los días en nuestra bicicleta, misioneros de la palabra, las buenas nuevas, íbamos de colonia en colonia, de casa en casa, de puerta en puerta. La mayoría de las veces no nos abrían pero cuando lo hacían, nuestra obligación era el de llevarles la palabra de nuestra iglesia hasta su casa, hablarles un poco de nuestra historia y regalarles algunos panfletos y libros, El Despertar, La Atalaya cortesía de la maravillosa iglesia de nosotros, en donde todos son bienvenidos, Los Testigos de Jehová.
II
—Y pues nada fuimos a cenar al Costeñito y pues así, nos tomamos unas copas, bueno, yo pedí 3 tarros cubanos y ya cuando salimos dijo que si dábamos una vuelta antes de llevarme a mi casa, y el wey me quiso llevar al Montecarlo, ¡Jajaja! Y pues obviamente le dije que no y hasta me baje de la troca, pero pues nada, hizo que me subiera y me llevo a mi casa, todo el camino iba pidiéndome disculpas y ahora en la mañana, ¡me compro el iPhone 5s! ¡Jajaja! Me lo mando a mi casa y todo.
—¡Jajaja! ¿En serio? Pues es que ya tienes loco al tipo amiga, no manches pobrecito.
—Pues si, ¡pero mira! Hasta un iPhone me regalo.
—Nada más que no te vea tan feliz, hazlo que sufra un poquito más, hasta que te regale una funda mínimo.
—¡JAJAJAJA! Ya sé, si ahorita de todos modos no lo puedo ver, porque me quiere visitar Fernando.
Así es, mi amiga es una zorra y yo, bueno, la verdad es que también pero no somos nada estúpidas. Me llamo Alexa y junto con Miriam que es mi amiga, estamos acabando la preparatoria apenas. Somos amigas desde la secundaria, la conocí ebria y drogada en una fiesta y desde entonces, siempre andamos juntas. La escuela siempre me ha aburrido, tengo suerte de pasar las materias, porque por fortuna la mayoría de los maestros son hombres y bueno, las que no son algo, curiosas por así decirlo, así que mínimo tengo mi boleta llena de seises, por eso he podido llegar hasta sexto semestre.
En mis tiempos libres no me dedico a mucho, bueno, los fin de semana voy a confirmaciones en la iglesia, o confis como la mayoría las conoce, me aburre estar en mi casa, siempre lo ha hecho, desde chica soy muy hiperactiva, lo que en realidad me gusta es pasear y salir de fiesta, conocer chicos… Y en confis conozco muchos, pero todos ellos siempre quieren ir directamente al sexo es lo único que buscan así que yo, hago que paguen un precio muy alto antes por tener un poco de mi piel entre sus manos. Si que Miriam haya podido conseguir un iPhone 5s los impresiono, ¿cómo se sentirán cuando les diga que a mí, un tal Joaquín no sé qué, me regalo un auto? Lo sé, impresionante, pero al final obtuvo lo que quería y ya más nunca me hablo, está bien, yo tengo un carro y el, el sólo tiene sus recuerdos, recuerdos que usara en las noches para masturbarse. Creo que fue un trato justo, ¿o no?
Por lo general siempre estoy sola en mi casa, mi madre trabaja todo el día y mi padre no vive con nosotras desde hace mucho tiempo, así que Miriam me acompaña casi todos los días a mi casa, en donde hacemos la tarea, vemos películas e incluso, vemos cosas que un hombre sospecharía pero ninguna mujer lo admitiría.
III
Tengo ya 21 años y desde los 18 he estado haciendo esto, francamente me empieza a aburrir bastante pero toda mi familia ha estado siempre en la iglesia, así que yo sin elección prácticamente tuve que participar también. Pero a mí, a mi me gustan otras cosas, contrario de lo que tía Villanueva y Joseph creen, me gusta mucho el arte y sobre todo, el cine, amo ver películas, y ser adulto tiene sus ventajas puesto que, ahora todas las películas que no podía ver cuando estaba chico, puedo verlas ahora sin ningún problema, sin importar su clasificación, he visto cosas sorprendentes e intrigantes, a veces no entiendo cómo pueden poner tanta sangre y sexo en una escena, pero me gustan, son buenas, me dejan escapar por un momento de este mundo tan monótono y poco interesante en el que vivo. Así que cuándo no estoy entregando panfletos me gusta mucho ir al cine o ver películas en internet, claro, mi Tía cree que voy a rezar o a la biblioteca y Joseph, bueno en realidad no hablo mucho con el, así que no tengo que darle muchas explicaciones.
—Parece que esta colony, esta es un privado Robert, tendremos que pedir permitir.
—Sí, eso parece, un fraccionamiento privado Joseph, bueno, vamos con los guardias.
A pesar de siempre hacer lo mismo, ir a fraccionamientos privados era lo que menos odiaba, podías ver muchas cosas bonitas, casas, parques y hasta mujeres… No entiendo como Joseph podía ignorar cuando alguna vecina salía en pijama a tirar la basura, ¡cómo ignorar esas piernas! Era extraño, pero quizá el ni siquiera ha sentido tensión sexual alguna, o quizá, se remata a pajas en la noche, no lo sé, pero yo nunca dudaba en disfrutar por lo menos, semejantes paisajes.
—Está bien, pasen, pero no molesten mucho.
—No sé preocupo señor… No preocupar.
—¿Qué?
—Lo que mi amigo quiere decir, es que no sé preocupe señor, no molestaremos a los vecinos, solo queremos llevarles la palabra verdadera y que sepan que…
—Sí, si está bien, pasen.
Parecía un fraccionamiento grande, así que le dije a Joseph que él se fuera por el lado izquierdo y solo se dedicara a entregar panfletos sin hablar, y yo me iría por el lado derecho a hacer lo mismo, así podríamos acabar pronto e ir a comer algo, y así yo estaría más cerca de ver alguna buena película en la red o quizá hasta ir al cine.
Joseph acepto, él no se oponía mucho cuando le decía que hacer, así que nos fuimos. Llevaba casi 2 cuadras completas y en la última casa de esa misma cuadra, mientras me disponía a dejar los panfletos pegados atorados en la puerta vi algo que me impresiono, casi tanto como esa escena de Mila Kunis y Natalie Portman en El Cisne Negro. Estaban los dos ahí en un sillón, muy agitadas, y totalmente desnudas.
IV
Mamá iba a salir de viaje todo el fin de semana, así que para no quedarme sola, dijo que le llamara a Miriam para que viniera a quedarse a dormir conmigo todo el fin de semana. Así lo hice y Miriam por supuesto acepto, no le interesaba escuchar como sus padres discutían todo el día por cuál de los dos ha sido infiel más veces. Por teléfono, Miriam dijo que tenía una sorpresa, que la vería más noche que llagara, yo no sabía que era, quizá otro regalo de un pobre desafortunado loco por su trasero.
—Bueno Alexa, te dejo, se portan bien, ¡eh cabronas!, me la cuidas mucho Miriam.
—Si no se preocupe Señora, aquí yo cuido de esta muchachita.
—Bueno pues, ahí te deje el dinero en el cuarto por si quieren pedir comida o algo, y ten, te dejo las llaves, no sé te olvide cerrar cuando se vayan a dormir.
—Si está bien mamá, ándale, ya vete que se te hace tarde.
—Si nos vemos, babay mija, adiós.
Cuándo mi madre por fin se había retirado, Miriam me mostró la sorpresa de la que me hablaba, abrió su bolso y ahí estaba, una bolsa llena de mariguana verde como la drogadicción, así que teníamos que celebrar. «Casa sola hoy ;)», esas palabras pusimos y todos los hombres y hasta mujeres que querían probar algo de nuestra piel, se convirtieron en cientos de likes. Así que ya teníamos una fiesta esperándonos, y seguramente sería un éxito.
—Wey, pero tenemos que ir a comprar las bebidas de unas vez.
—Ay no mames, apenas son las 9:00 de la mañana.
—Pues si wey, pero de una vez, ándale bebé.
—Bueno, deja nada más me cambio, ni modo de irme así en tanga, ¡jaja!
—Pues si, ¡capaz y hasta nos dejan todo gratis!
—¡NO LO DUDO!
Me puse un pantalón y dimos rumbo al Oxxo, compramos 7 doces de cerveza, unas botellas de tequila y hasta Buchanan’s.
Cuando llegamos a mi casa, yo ya estaba muy despierta y ya quería festejar, estábamos las dos en la sala viendo vídeos de Yuya en Youtube, así que le propuse a mi amiga que nos empezáramos a divertir un poco.
—Wey, hay que ir tomando alguito nosotras, ¿no?
—Jaja, pues sí, es más, pásame la bolsita aquella…
—Bueno pero házmelo tú que a mí siempre se me rompen.
Llevábamos ya alrededor de 4 cervezas cada una y 2 porros de mariguana y Yuya parecía demasiado linda pero quería algo más divertido.Youporn.com/section/lesbians.
—¡JAJAJA! No mames Alexa que asco quita eso, de perdida pon un negro o algo.
—Jaja que tiene wey, ¿apoco nunca habías visto de estos?
—¡Ay pues no…! Me da cosa.
—¿Por qué payasa? ¿Qué tiene? Hay que disfrutar la vida.
—Jaja, estás loca wey en serio…
Pasaron cinco minutos y Miriam ya me estaba ayudando a buscar otro vídeo, no sé qué estaba pasando en realidad, no sé si era la cerveza o la mariguana pero la señal que venía cada que un hombre bien parecido me invitaba a ver películas en su casa salía de entre mis piernas, de pronto veía a Miriam con otros ojos, notaba cada detalle fino de su rostro, su cuerpo, en realidad tenía una amiga bastante atractiva, ahora entiendo porque le regalaron ese iPhone.
—¿Qué haces…?
Dijo con entre risas con un suave tono de voz, yo pensé que ella se resistiría o que hasta me golpearía pero no. Le estaba besando el cuello mientras yo también me reía. Y no sé en qué momento sus manos llegaron a mi trasero pero ahí estaban, pronto nos fuimos desvistiendo más y más, hasta quedar sin ropa. Sentía el roce de su piel junto a la mía, la excitación y la ebriedad eran más fuertes que la culpa. Maldita mariguana.
Novissime
No podía creer lo que estaba viendo, dos mujeres hermosas estaban tocándose y teniendo sexo. De pronto algo que ningún Testigo de Jehová que entrega panfletos debería tener en sus pantalones apareció, y es que era imposible evitarlo, más cuándo al girar mi cabeza, vi que la puerta de entrada estaba entre abierta… No podía creerlo, no sabía que estaba haciendo, en ese momento deje de pensar conscientemente así que esta vez sin tocar, entre. Estaba justo detrás de ellas y mis pantalones ya estaban en las rodillas.
—¡Jajaja… ¿Y tú quién eres?
—Es el cartero wey, jaja.
—Ven, ¿quieres jugar?
—Yo, sí, yo soy Roberto, yo venía…
—Hola Señor Roberto, ¿qué tiene entre sus manos?
Ellas empezaron a acariciar sin pena alguna mi pene, así que una especie de euforia entro en mi cuerpo y me lance sobre ellas.
Acaricie sus lindas y tersas tetas, sus pezones erectos, sentía la tibia humedad entre sus piernas con mis manos, bebía cerveza y fumaba lo que parecía ser mariguana mientras ellas me mamaban el pene, nunca había tenido relaciones sexuales antes, ni siquiera había tomado una cerveza, pero ahora estaba aprendiendo todas las posiciones del Kama Sutra y cometiendo todos los pecados capitales en un sólo día. Ninguna película se comparaba con lo que estaba sintiendo en ese momento, era glorioso. Tenía a una deliciosa rubia empinada mientras la penetraba y otra dulce y exquisita pelirroja sentada en el sillón observándonos mientras se masturbaba. Yo estaba muy perdido, dándole duro a ese trasero cuándo de repente, la chica pelirroja grito, pero no era de placer. Subí la cabeza y ahí estaba.
—¡AHHH! ¡MIRIAM! ¿QUIÉN ERES TÚ? ¡QUÉ HICISTE!
—¿Joseph…? ¡JOSEPH QUÉ CARAJO ESTAS HACIENDO!
—¡SUELTA ESE CUCHILLO PENDEJO!
No sé de dónde había salido pero estaba ahí, Joseph estaba parado viéndome fijamente a los ojos con un gran cuchillo en la mano, él había cortado la garganta de orilla a orilla de esa chica. Ella estaba ahogándose en su propia sangre entonces, Joseph se giró y empezó a apuñalar violentamente una y otra vez todo su cuerpo, lo hacía con una fuerza que nunca creí posible de él, estaba desmembrando a esa chica, intestinos y órganos flotaban en un charco de sangre en el piso. La otra chica intento salir corriendo a las escaleras pero Joseph, fue tras de ella y la alcanzo.
—¡JOSEPH DETENTE! ¿¡NO HAGAS ESTO QUÉ ESTÁS HACIENDO!?
—¡NO, SUELTAM…!
Alcanzo a esa pobre chica, y clavo ese largo y afilado cuchillo justo detrás de su espalda, ella cayó al suelo. Era espantoso mi mente estaba bloqueada, los gritos que despedía esa chica eran desgarradores, Joseph estaba apuñalando su cara y sin hacer ninguna expresión en su rostro y con lo que antes era una camisa blanca, ahora estaba toda manchada en rojo, tomo lo que parecía ser un ojo y lo arranco completamente de la cuenca del cráneo, clavo el cuchillo en su cara una y otra vez desfigurándola por completo, hasta que por fin, ella dejo de gritar. Joseph se paró lentamente y observo por unos segundos el cuerpo para comprobar, que su trabajo estaba completo. Giro la cabeza e hizo lo mismo con la otra chica, volvió a girar su cabeza y volteo a mirarme, camino lentamente hacia donde yo estaba, me quede totalmente paralizado, sin poder mover un sólo músculo de mi cuerpo y ya sin ninguna erección.
—¿Qué haces…? ¿Por, qué? ¿Joseph, por qué hiciste esto…?
—Porque tú, eres sólo mío Robert, nunca lo olvides.
Cuento corto original de Dante Vasách.
Cuentos de hadas.
Cuento corto original de La pendejada literaria.
Una muerte cómoda
Sigo sin entender por qué, pero elegiste el suicidio y por si fuera poco, como medio de ejecución decidiste ir por la más cruel de las torturas que uno se puede aplicar a sí mismo. Te fuiste por el camino más plano, la recta sin fin. Te olvidaste de las curvas que la vida tiene, los bajones y los días tristes. Tomaste la píldora que entumece. Te ataste al cuello la soga que no mata, sino solo sostiene. Te lanzaste, amigo mío, al infinito abismo de la comodidad.
Prosa poética original de Mr. Black Grass.
Instintos Vitales
Dos horas después parece haber confesado su falta, mientras llora sentada en el piso del baño, vuelva a mirar la parte de atrás de sus cuadernos, arranca las hojas, porque odia lo que escribe, escribe lo que odia y olvida lo que siente, seca sus ojos y busca matar el tiempo, se sienta en el sofá de la sala, camina por el piso de baldosa blanca, sus medias están negras del mugre, se sienta en el sofá de la sala, busca en su pantalón verde oscuro, mira sus múltiples bolsillos y vuelve al baño, hay en el piso, la cuchilla de afeitar, se pone su cadena con la cuchilla como dije, prácticamente todos saben lo que hace. Se sienta en el sofá de la sala, mira TV, mira el techo de color blanco, las paredes de color blanco, parece una manicomio, todo el día en la sala, todo el día en su casa, y otra vez vuelven las palabras, odia lo que escribe, escribe lo que odia y olvida lo que siente, seca sus ojos y busca matar el tiempo, pero esta vez es diferente, esta vez su llanto cesa, esta vez el piso llora, esta vez ella está muerta, busca matar el tiempo se sienta en el sofá de la sala, busca en su pantalón negro, busca en sus múltiples bolsillos y vuelve al baño, hay en el piso, la mariposa blanca, se pones su cadena con la mariposa como dije.
Ahora nadie sabe lo que hace, se acuesta en la cama de la sala, ¡¡SI!!, en la cama de la sala, ahora no necesitaba sentido el sofá, y de pronto el techo blanco no era sino el cielo, despejado claro y azul, las paredes, ellas contenían sus escritos, porque yo no odiaba lo que escribía, nunca escribió lo que odiaba, recordó lo que sentía. Por primera vez desapareció el llanto, y miro sus letras, sus hermosas letras que alguna vez la hicieron prisionera y hoy le abrieron la jaula de su cabeza, sujeto la mariposa en las yemas de sus dedos, froto en silencio el dije, cerro los ojos, y busco entre las paredes los pétalos de rosa que dejo caer de sus manos. Ella no murió, por primera vez estaba viva.
Cuento corto original de ALLEBASI.
Muerte paciente
La muerte me ha guardado un asiento todos estos años. No quise aceptarlo porque tenia el anhelo de que el tren se llenara antes de que yo llegara, que hubiera una falla técnica y se pospusiera, que algo me retrasara y el viaje comenzara sin mi, que los boletos se agotaran y tuviera que regresar otro día. En fin, un millón de opciones se me vinieron a la mente tratando de tapar la irremediable verdad, queriendo burlar al dios Destino. No me sorprendí tanto cuando vi el asiento vació, hasta llegue a pensar que tenia mi nombre grabado pero eso solo fue mi imaginación. Burdamente me senté y evadí los ojos de mi acompañante hasta que me fue imposible ignorarlos mas. Diría que fue como un destello pero este no fue instantáneo si no que fue lo bastante largo como para mostrarme todo lo que fui y lo que soy y lo que no seré. No estoy conforme pero irremediablemente el ser humano siempre quiere mas de lo que puede tener y me considero del montón. No digo mis ultimas palabras porque no me dan oportunidad de darlas, no digo adiós porque no quise voltear a la ventana, no digo nada, no hago nada. Acepto mi partida como si la hubiera ganado, como si la hubiera disfrutado mas los dos, los dos individuos que estamos sentados en la misma hilera, codo a codo, sabemos que no fue así. El tren no tuvo fallas técnicas, no se marcharon sin mi, llegue a tiempo y te apuesto que todavía quedaban boletos para otras 100 personas pues estábamos solas. Así comenzó a andar, sin preámbulos ni dudas, la muerte y yo emprendimos camino a algo desconocido para mi y habitual para ella.
Por Gabriela M. García “Muerte paciente (relato corto)” {letras-y-otros-detalles}
Regalo con fecha de expiración
Prosa original de Vel.
