Manojos de arañas brotan de su piel. Ella estira, jala, abre poco a poco su pellejo, todo negro por dentro, todo vísceras, entrañas, arañas trepando por sus costillas, anidando en su estómago, carcomiendo con veneno poco a poco. Lentamente pero seguro.
De su boca escapan ciempiés. Primero uno, dos, diez, setenta y cinco. Negros, cafés, todos corriendo al compás de sus alaridos, de sus sollozos sofocados por otro manojo de animalejos. Vómito y ciempiés, arañas y piel.
Sus uñan se despegan de la carne de sus dedos. Cucarachas vuelan al momento en que las uñas despellejan la piel, caen con sangre y el zumbido de los aleteos de las corredoras, se posan sobre el piso, escapan de la luz.
Sus ojos son carcomidos por gusanos que anidan en sus cuencas. Caen lágrimas saladas bañadas en sangre dentro de heridas abiertas. Arde, quema. Los gusanos carcomen por dentro haciéndose espacio entre nervios y músculos hasta encontrar el cerebro. Espasmos, la vista ya no le funciona. Cae al piso, sofocada, entre vómito, sangre, lágrimas y animalejos.
Estallan sus oídos, el tímpano revienta y un enjambre de avispas se hace espacio entre sus orejas. Un zumbido agobiante la ensordece y exaltan a los animalejos que la rodean. Estos comen más rápido, devoran como si fuera a acabarse pronto.
Sangre, arañas, ciempiés, cucarachas, gusanos y avispas. Piel, entrañas, salivas, uñas, lágrimas y un sonido punzante, agobiante, ensordecedor. Un escozor, el escozor que solo sienten aquellos que son carcomidos en vida por todo lo que esconden dentro. Un festín para parásitos, insectos, animalejos hambrientos de más carne. Ella se deshace, es masticada, escupida, digerida por lo que ocultaba dentro de sí. Ni gritos, ni alaridos, ni lágrimas, ni los desesperados espasmos, intentos de alejar, de empujar de nuevo hacia adentro, de tratar de esconder la basura bajo el tapete de su piel lograran matar lo que esconde. Morirá primero ella, mañana a primera hora, comida por los insectos y arácnidos, parásitos que se alimentaran de su cuerpo.
Cuento corto original de su servidora, Aileen Martínez.