Cuanta dulzura en tu mirada. Puedo adivinar si es de día o es de noche, si hay peligros acechándonos, intrusos espiándonos y hasta si es de esos días en que quieres recorrer el mundo a mi lado o sentarte a escucharme hablar sobre algo.

Cuanta dulzura habita tu mirada. Tus ojos sonríen a la medida justa de tus párpados y entiendo que no hay razones para sentir miedo; que la trama es segura, que la diversión se vive contigo, que estás pidiéndome que te sostenga.

Y en un suspiro no hallas palabras, y en un segundo puedo improvisar un absurdo o besarnos las mejillas en compás hasta que debas detenerme por temor. Cuanto amor desbordaron tus ojos. ¿Cuantos mundos han quedado por descubrir allí? ¿Justo antes de que tus pestañas desciendan otra vez?

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Me sostuvo diciéndome “Mira cuanta luz se percibe al final. Cuan imperecedero se ha vuelto. ¿Podría eso no indicarte nada? ¿Acaso eres incapaz de leer la magnitud de lo que sientes?”

Y yo, sin saber como ordenar las palabras, quise decir que veía cuan profundo era el abismo y sin un ápice de horror ante la incertidumbre sería capaz de acariciar las fibras del fondo. Tocar el suelo y reparar el tramo elevándome con los fragmentos esparcidos.

No sé si eso es el amor pero – como lo decía él y como lo pensaba yo – no puede haber otra manera más cierta de amar que esa disposición heroica de inmersión.

(…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Hemos materializado la felicidad, una y otra vez, en tantos espacios, de tantas maneras. Hemos sido momentos de éxtasis y de dolor intenso. Lo hemos sido todo en fugaces instantes.

Si algún día el azar me priva de la posibilidad de reír contigo, de tocarte una vez más, sabrás que una parte de ti me acompañará para siempre. Que ni hoy ni mañana, ni caminando de tu mano o a kilómetros de distancia, podrán arrebatarme lo que fuimos en cada uno de esos instantes que nos pertenecieron.

Tienes que saberlo: soy feliz porque te he conocido. Soy feliz porque cada momento vivido intensamente contigo hace insignificante el mañana.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Marco – I –

Marco abrió los ojos. Aun sumido en las nieblas del sueño paró el despertador, que aunque ya no daba la hora, nunca se olvidaba de sonar puntual otro día más. El joven se levanto lentamente y se desperezo como un gato acabado de levantar una siesta. Abrió la ventana de su balcón y la luz siempre limpia de la mañana le dio en la cara, arrancándole media sonrisa. Andando descalzo por el pasillo, fue a la cocina en lo que era su creencia de lo que debería ser empezar un día. Se lleno un vaso de agua y se lo bebió junto a la ventana, mirando al cielo que hacia poco que se habría librado de la oscuridad de la noche.

   Una de las primeras cosas que le había explicado el Maestro era que en nuestro día a día Marco hay pequeñas cosas que nos hacen sentirnos en paz y sonreír. Y no se trata de buscarlas sino de estar un poco atento, para cuando pasen, darnos cuenta y recordarlas. Si las buscas intencionadamente, no tienes por que ver las correctas. Si recuerdas las que ya funcionaron, no hay error que valga. A partir de ese día, úsalas. Úsalas como un impulso. Como un cargador. Por que estas pequeñas cosas son decisivas para transformar otro día mas, en un nuevo día.

   Y entonces miro en silencio el cielo de la mañana mientras bebía un vaso de agua clara y sonrió al nuevo día.

Narración original escrita por unodelosdosdiraalgo.

Tu corazón atascado en mi garganta y los restos de tu piel construyendo nidos en cada recoveco de mis manos. ¿Dónde estás, amor? ¿Dónde te has ido? ¿Conservas aún mis recuerdos? ¿Te has reencontrado con mis palabras? ¿Perdonaste mis errores? ¿Te preguntas si he perdonado los tuyos? ¿Recuerdas la última vez? ¿Y la anterior? ¿Eres feliz sin mí? ¿Cuantas veces por semana podría arrastrarte la nostalgia? ¿Te molestan aún todas mis dudas no saciadas y todas esas que vendrán?

Tengo un latido tuyo anudado a la parte superior de mi brazo, hace ecos en mi oído, responde con ternura a tu voz, aprecia más que nunca la belleza que el resto de ti ha perdido.

Querido mío, no me importa si es de noche o es de día, si el mundo nos lo hace fácil o difícil o si la multitud nos retiene; no me importa si hoy llueve, si me siento segura o volando a la deriva. Si escoges un día de euforia o uno de trascendente calma: ven. Derriba mis puertas, no me prives de la felicidad. No me prives de tus tormentas y de las mil y un maneras que tengo de hacerte estallar.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Yo le insistí en alguna manera. Una vía posible… entonces respondió, como ignorándome, solo con una pregunta. No respondí; sentía ira, estaba haciendo todos mis esfuerzos por salvar algún resquicio. Volvió a ignorarme y a insistir. “De todas, todas aquellas cosas… ¿Con cuál me recordarás más?”

Y aunque sabía que no era así, por alguna extraña razón, pensé en el mar enseguida. Siempre lo quise mirando al frente y, si traigo una caricia a mi mente, está la costa, los cigarrillos, la invención como la inmensidad al horizonte sin final.

“Ojalá hubiese sido así” – me digo – “Ojalá pudiera tomar con exclusividad un momento y relegarlo a mi selección consciente.” Entendí que no era su ego, entendí que su elección, desde hace mucho, sería la melancolía. Entonces quise irme a París, encontrar otra casa, cambiar los muebles, disfrazar a los perros; entonces quise que me lo arrancaran por arte de magia. Que me extirparan su presencia del todo y para siempre.

(…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Me da la sensación de estar consciente de todos y cada uno de sus demonios, de habitar sin intención los fantasmas que le atormentan. Entonces no es el miedo al curso causal normal lo que me ataca, es el miedo a un curso desconocido y recorrido por muy pocos. (…)

(…) Tú dijiste “Si quieren provocarlos… vamos a provocarlos en serio. Dejemos el juego.” y yo quedé atrapado en tu aseveración, como queriendo entender de donde venían todas esas ideas, toda esa chispa, toda esa desproporcionada capacidad para hacerme confiar. ¿Por qué… ¿Por qué siempre lograbas pensar en algo que yo no pudiera siquiera imaginar?

Era alcanzar tu mente con la punta de los dedos y verla elevarse todavía más. O correr hasta el ahogo detrás de tu energía inagotable.

Nunca mentí. Hice todos mis esfuerzos, me retorcí a gatas hasta la meta. Perdóname si no fui lo suficientemente rápido. Perdóname si ahora debo comenzar a caminar, a sabiendas, incluso, de que no hay nada más estimulante que ir corriendo tras de ti. (…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Tantos en el olvido.~

Bastó un simple recorrido para poder percatarme de lo olvidado que están allí, tirados, apilados, escondidos, enmarañados y hasta podría llegar a decir odiados… Que pena verlos a todos ahí sin preocupación y esperando hacer del olvido una meta ya cruzada, tanto los llamativos como los más apocados se veían ansiosos, ansiosos de ser leídos, ser observados o siquiera ser removidos para dejar de estar en la memoria colectiva de aquellos que ven la Muerte como un lugar en el cual estar y no como un estado en algún lugar.

La logica favorecería y propiciaría que ellos fueran ya liberados y/o despojados de esa vergüenza diaria al sentir que las risas van en aumento por su rareza o quizá por falta de inteligencia de parte de él, si el mismo que ríe…

Tendré en mente que la Señora Sinforosa gozaba de un Gran Nombre.-
Cuento original de Falacia Facial.

Instintos Vitales

Dos horas después parece haber confesado su falta, mientras llora sentada en el piso del baño, vuelva a mirar la parte de atrás de sus cuadernos, arranca las hojas, porque odia lo que escribe, escribe lo que odia y olvida lo que siente, seca sus ojos y busca matar el tiempo, se sienta en el sofá de la sala, camina por el piso de baldosa blanca, sus medias están negras del mugre, se sienta en el sofá de la sala, busca en su pantalón verde oscuro, mira sus múltiples bolsillos y vuelve al baño, hay en el piso, la cuchilla de afeitar, se pone su cadena con la cuchilla como dije, prácticamente todos saben lo que hace. Se sienta en el sofá de la sala, mira TV, mira el techo de color blanco, las paredes de color blanco, parece una manicomio, todo el día en la sala, todo el día en su casa, y otra vez vuelven las palabras, odia lo que escribe, escribe lo que odia y olvida lo que siente, seca sus ojos y busca matar el tiempo, pero esta vez es diferente, esta vez su llanto cesa, esta vez el piso llora, esta vez ella está muerta, busca matar el tiempo se sienta en el sofá de la sala, busca en su pantalón negro, busca en sus múltiples bolsillos y vuelve al baño, hay en el piso, la mariposa blanca, se pones su cadena con la mariposa como dije.

Ahora nadie sabe lo que hace, se acuesta en la cama de la sala, ¡¡SI!!, en la cama de la sala, ahora no necesitaba sentido el sofá, y de pronto el techo  blanco no era sino el cielo, despejado claro y azul, las paredes, ellas contenían sus escritos, porque yo no odiaba lo que escribía, nunca escribió lo que odiaba, recordó lo que sentía. Por primera vez desapareció el llanto, y miro sus letras, sus hermosas letras que alguna vez la hicieron prisionera y hoy le abrieron la jaula de su cabeza, sujeto la mariposa en las yemas de sus dedos, froto en silencio el dije, cerro los ojos, y busco entre las paredes los pétalos de rosa que dejo caer de sus manos. Ella no murió, por primera vez estaba viva.

Cuento corto original de ALLEBASI.