(…) Tengo una rutina que hemos aprendido a amar: cada vez que estamos allí arriba, le pregunto que siente esta vez. Él enfoca libremente cuanto pueda llamar su atención, sonríe. Mantiene silencio.

Es una manera de entender a quién tengo enfrente, no por lo que dice, ¡Jamás por lo que dice!, sino por como se devela esa maravilla de mundo interior que podría poseer. No conozco a la gente por como se relaciona con los demás; distingo un juego de lo serio y su necesidad de soledad, de hermetismo siempre me mostró que había alguien allí que valía la pena descubrir. 

Él concretaba una y otra vez frases nerviosas. Nuevas cada día; a veces eran apreciaciones profundas que necesitábamos desentrañar, otras cosas sencillas que no pasaban de la risa del momento. 

Un día decidí no hacerlo, pero él detuvo el paso como venía siendo costumbre. Volteó y pudo comprobar que yo había seguido directo a la cabina donde comenzaba nuestro trabajo. En lugar de descolocarse, se tomó todo el tiempo…. todo el tiempo que en cada ocasión solía tomarse.

Ni él ni yo dijimos algo al respecto. Llegó el cierre y conduje hasta el hotel como de costumbre para dejarlo. Entonces me entregó una nota:

“Cada vez que me haces mirar toda esa caótica maravilla es un eco tuyo el que me despierta, hay un gran pozo debajo. Uno de cosas que nunca llegaré a entender.. siquiera a conocer. Solía pasarme la vida intentando ser resolutivo al respecto: eso de mirar con detalle las cosas, apreciarlas; te gustaría que en esta parte dijera que me lo has enseñado, pero eso no es cierto. No lo he aprendido ni lo aprenderé. Y allí es donde radica la fastuosidad de esta simbiosis, amor mío, aunque en principio pienses lo contrario: puedo verlo porque estás aquí. Puedo ser un espectador porque me incentivas a detenerme en lo que habitualmente solo me llevaba a continuar a paso rápido cualquier camino. Y eso me hace feliz. Consecuentemente eso me hace sentir a gusto y deriva en adorarte como no pensé adorar a nadie antes.

Si un día esto acaba, volveré a ver el pozo infinito debajo y cada día me costará más iluminarme de esos detalles que solía contemplar cuando la cima era justamente eso: la cima del mundo en una sumatoria de cientos de cosas que lo hacían tal porque tú estabas aquí. Terminará por diluirse el talento, pero no el recuerdo del ingenioso modo en que germinó hasta alcanzarme.

Es justo y lapidario, tangible y a la vez no: la necesidad de no estar solos tiene un propósito poético, metafórico y mortal. Me haces potencia, mejoras este lienzo. Llenarme de tus atributos es suficiente razón y, perderlos… por Dios, perderlos será perder esta versión que estoy amando con una pasión incuantificable en cada nueva palabra.

No permitas que deje de verme en cada mañana. Sigue esculpiéndome. Amo la manera en que perfeccionas mis aristas.”

Prosa original de Palabras infértiles.

Precio de Amar.

Naufrago no es aquel que imaginas en una isla,

aislado y sin oportunidad,

Es aquel que se hundió, se perdió en un tremendo mar, que ya no pudo más;

Me naufragio en tus sabanas, no hay islas,
A penas recuerdo como termine acá, no fue un iceberg (eso hubiera sido menos aterrador)
mi tripulación se distrajo con tus ojos, un exceso de sobrepeso cargado de esperanza (uno que no llevaba al partir) me hizo perder el control y colisionar con una taza de café y música; risas y besos de ganas.

Sigo vivo (creo), siglo flotando,
pero estoy ausente de mi, mi corazón el salvavidas

Me ha crecido la barba como no me gusta y adoras,
estoy olvidando lo aprendido, perdí la cuenta de los días,
estoy seguro han pasado semanas, no sé en qué hora vivo

Nado en tu cama, ya nunca seré el mismo, ¡sálvenme!
déjame ser algunos restos (¡sáquenme de aquí!)
Por favor, déjame ser pecio en otra alma.

Poesía orignal de Jorge Vega, Guatemalteco.

Era una calurosa tarde, estaba en uno jardines de la universidad, habían muchos, unos mas grandes, exóticos o acogedores, pero consideraba a este con sus viejos arboles y grama descuidada su lugar.

Se sentó a la sombra de un gran árbol que había visto generaciones y generaciones de estudiantes pasar y abrió el cuaderno de notas, había tenido 13 o 14 años cuando lo escribió, una edad incomoda definitivamente.

Le resulto difícil leerlo, escritores mas talentosos podían pasar horas y horas hablando acerca de lo difícil que era leer sus propios trabajos, si a esto le sumamos la terrible caligrafía y ortografía, el asunto no mejoraba. Sin embargo poco a poco fue olvidando estos detalles y se metió en la lectura.

Era una historia sobre un robot que los humanos habían lanzado al planeta marte como parte de una misión de reconocimiento, proyecto que al poco tiempo abandonarían por falta de presupuesto o alguna otra excusa burocrática.

Habían olvidado presionar el botón de apagado y Rover (Así se llamaba el robot) había continuado explorando la basta inmensidad del planeta rojo buscando señales de vida o alguna otra cosa de interés para los humanos. Pasó días y días recorriendo dunas, cráteres, examinó kilómetros y kilómetros de cavernas que fácilmente podían haber albergado vida, pero nunca lo hicieron.

Continuó incansablemente durante siglos y siglos hasta que el sol se había agotado y la raza humana había cesado de existir y cuando esto sucedió Rover lo supo. La extinción de esos pequeños seres llenos de sueños y esperanzas había resonado en cada galaxia, cada estrella, en cada pequeña partícula de polvo pues todo el amor, el desamor, las promesas y decepciones características de la raza habían dejado una marca tangible en el universo. El alma humana era la que le daba significado a todas las cosas.

Puede que fuera solo por las cosas que estaba pasando en su vida, pero la historia lo dejó con un sentimiento de tristeza y desolación que raras veces se permitía sentir. Pensó en el niño que había sido cuando escribió esa historia. Recordó un día en especial.

Estaba solo, leyendo algo que no entendía completamente (Salinger o bukowski) mientras el resto de los niños jugaban, él era un elemento libre en ese microcosmos que podía llegar a ser un patio lleno de niños cuando la vio acercarse, ella tenia cabello negro y una mirada demasiado inteligente para su edad.

“Si sigues leyendo nunca harás amigos” Dijo, Era primera vez que la escuchaba, pero bastante que la había visto.

“Aquí tengo los que necesito” Dije señalando a mi libro. Ella sonrió y eso fue suficiente, así comenzó todo. 

Me gustaría pensar que nuestra historia con sus altos y bajos, que ese afecto infantil que con el tiempo se convertiría en profundo amor por un segundo le dio significado a nuestras vidas, que aunque las cosas no hayan funcionado por un momento nuestro amor encendiese una llama que iluminará el universo y que cuando todo se acabe el eco de nuestros días retumbe en la eternidad.

Cuento corto original de David Valdez.

Aires de fin

Tal vez sea mi ocaso, siento en el ambiente aires de fin.

Ya los colores de mi vida tienen ese color grisáceo que anuncia la noche oscura y fría.

Intentar volar es demasiado vano, los pies ya no andan, el corazón casi ya no late, las palabras son decadentes y los pensamientos no concuerdan con mi realidad.

Me iré en el fin, me envolverá su manto, me elevaran sus alas.

El barco al destino más allá del horizonte está por zarpar. Y tal vez ese destino sea implacable, tal vez sea favorable.

Dejaré en este mundo mi vacío, mis olvidos y la voz que un día tuve.

Dejaré mi nombre, mis letras, mis escritos, todo lo que de mi corazón nació.

Dejaré también las cosas de las que nunca fui dueño, aquel amor que soñé también lo dejaré.

En las alas del fin, yo volaré.

Prosa poética original de Luis Alberto Méndez

ALAS

Entraste por la puerta trasera de la casa, te vi pero nadie me creyó… me ignoraban, tenía que fingir que era feliz jugando con mis muñecas, pero cuando ella me castigaba en aquel rincón de la casa ahí estabas para enjugar mis lágrimas.

Escuchaba tu voz, recuerdas que en la escuela me ayudabas con las tareas y me susurrabas las respuestas, y nos comíamos un sandwich de mermelada lentamente, eructábamos iguales, me tomabas de las manos, cada que las juntaba para rezar; pero sabes a pesar de que los demás decían que eras un estorbo en mi pequeña vida, me confirmaba que si tenerte era locura, pero esa locura  que me hacia inmensamente feliz.

Con el transcurso de los años… poco a poco me fui olvidando de ti, lamentablemente dejé de saber de ti, a veces me esforzaba para verte en cualquier momento, pero me abandonaste, quiero compartirte muchas cosas, quiero abrazarte  y no soltarte, pero ya no estás más para mi, pero sé que estás para quien te necesite… hoy lo supe cuando los recuerdos tocaron la puerta de mi mente, cuando una voz infantil me pidió una galleta, el pequeño me pidió que la partiera a la mitad, porque quería compartirte la mitad… estuve a punto de ignorar lo que decía y me dijo despacito:

-mamá es para mi amiguito

No fue necesario buscar  en cada rincón de la casa, porque al girar la cabeza supe que no me abandonaste a pesar de mi olvido, quise compensarte no con media galleta quise compensarte con un abrazo, pero te entiendo no quisiste aquel abrazo porque no me reconociste, pero yo esta vez si pude ver tus alas…

Cuento original por Resalova.

¡Vaya! No entiendo por qué me señala con tanta euforia. Pide mi cartera como si su vida estuviera en ella. Busque un poco más al fondo, la crisis nos ha pegado duro a todos. Repito que no es necesario apuntarme de esa manera, le tengo más miedo a su corbata que a su revólver.   

 No estoy aquí para charlar, si mi mano tiembla no es por falta de experiencia. ¡Mierda, los escucho! Recuéstese junto al escritorio mire la pared y si trata de estafarme… mejor no lo haga.

Tranquilo que después de esto llevaré prisa. Tengo que terminar cosas del trabajo y son de mucha importancia. De eso dependerá mi tan anhelado aumento. ¿Sabes? he trabajado quince años para ellos y hoy es el día que por fin me han de reconocer.

Si no cierras la boca juro que te la coceré yo mismo. Qué tanto podría importarme tu trabajo como para dejarte de apuntar. Es curioso lo que un revólver puede hacer con las personas. Ahora me pertenece tu silencio.

Bien, entiendo que no ha de ser de importancia pero ahora solo tienes el control de una persona. Cuando llego al trabajo cientos de ojos me ven para arriba. Jamás les apunto y aun así se hincan.

¡Maldita sea! qué no entiendes que ellos ya vienen y me apartarán de ustedes. No entiendes que si todo se vuelve rojo nadie se salva. Las opciones se limitan a matarte y salir de aquí.

¿Matarme dices? Y con el poco dinero que me has quitado ¡Vaya! Sí que te esperan días duros.  Podrías salir de esta situación con un poco más de raya. Vamos acércame el revólver que desde aquí no puedo hacer el valúo tan bien. Lo sabía, un revolver clásico de la mafia italiana. Deberías tener mucho cuidado con usar algo así. Italiano que lo vea creerá que andas de rubacchiare.

¿En verdad que es un revolver de la mafia italiana?. Quién lo diría, toda una ganga en el 2 de octubre. Bueno por lo que veo sabes mucho de armas o italianos o rubacchiares. A qué te dedicas hombre, habla.

Trabajo en una oficina en donde guardamos casi cualquier cosa. Desde objetos muy especializados, como es el caso de su revólver, hasta baratijas de quinceañeras. Lo mejor de todo es que en el tiempo que se quede su objeto con nosotros le daremos buen dinero para lo que usted quiera y para cuando quiera su objeto de vuelta sólo nos regresa el dinero que le hemos dado anteriormente, claro que habrá que sumarle una pequeña parte de lo que la gente de altura llama “intereses”. Yo prefiero pensar que es como un pago por el favor que se ha realizado.

Y si se pudiera saber ¿cuánto dinero podría darme por este revolver italiano?  Clásicamente utilizado en la mafia por los denominados rubacchiare.

Pero qué barbaridad de objeto, fácilmente podría darle por él unos 500 burgueses. Permítame el revolver. Mmm justo como lo pensé este revólver no pide menos de 550 burgueses. Si los quiere autorízame levantarme para arreglar los detalles. ¿Le parece?. Muy bien ahora ponga su firma aquí, aquí y aquí, justo aquí su nombre y en esta otra parte pondremos el pago que usted esta autorizando por el favor que le voy a realizar ¿Está de acuerdo?  Bien, yo digo que serán unos mmm dos por cuatro ocho y si le sumamos el acuerdo bancario y las demostraciones al público que tendré que hacer más el transporte de aquí a la empresa transnacional. Lo tengo serían 15 burgueses diarios, anotado. Vayamos por el dinero a la empresa.

Pero señor no puede hacerme esto, ya no quiero el dinero. Si pudiera tener 15 burgueses diarios no tendría necesidad de salir con un mi revólver a conseguir, a diferencia de usted, de manera limpia y justa lo que la gente me quiera dar. Está tan mal la situación que no le he puesto balas en un buen rato y la panza se ha oxidado, ahora ya no abre y entonces ya no puedo ponerle municiones. Realmente no se en donde empezó todo. Le suplico por favor que me escuche y no haga oídos sordos a las suplicas de este lagrimoso.

¡Pero hombre, haberlo dicho antes! Ya no podré darle los 500 burgueses si bien puedo conseguir 270 será toda una oferta que no se puede dejar pasar. Ahora levántese que no me gusta ver a la gente de rodillas y vayamos por esos burgueses que se ve, bien que le hacen falta.

Cuento original por el usuario Erickssoriano.

Amor no correspondido

34-C, cabello lacio, 1:65, labios rosas. Esas eran las características de mi chica, bueno, en realidad no era mi chica, creo que ni si quiera sabía que existo. Pero yo si lo sabía, por eso siempre me la pasaba viendo sus fotografías en mi teléfono —un Samsung Galaxy Slll—, al anochecer, al amanecer, siempre observaba sus fotografías, y es que no era ninguna tortura ver ese rostro, ni ese cabello, mucho menos, ese… Ese par de 34-C, era casi un sueño observar tanta perfección en un solo lugar, aunque yo sólo era uno de lo 345 Likes que le daban en cada fotografía, así que a veces mejor, sólo me dedicaba a observarla por mi pantalla, a observarla a ella.

Mi nombre es Andres, tengo 17 años y al igual que ella estudio la preparatoria en el Bachilleres No. 8. Tengo muy buenas calificaciones en la escuela, de hecho, soy de los mejores, mis clases favoritas son Matemáticas y Química, he estado en el cuadro de honor un par de veces y jamas he tenido algún reporte de indisciplina. A pesar de todo, siempre he sido muy reservado, a decir verdad no tengo muchos amigos, de hecho, solamente tengo uno, el mismo desde la primaria su nombre es Ricardo. Ricardo y yo solemos hablar de nuestro futuro en receso, sentados muy a lo lejos de la «sociedad». El quiere ser abogado y yo quiero ser un Químico Biólogo o un Ingeniero en Robótica, queremos estudiar fuera del país, Ricardo quiere ir a Estados Unidos, yo por mi parte prefiero ir a Japón. Me gusta mucho el Anime, y en especial el genero Gore, obviamente, mis padres no saben nada al respecto ya que no lo permitirían, mi familia es muy reservada y correcta, pero en mi cuarto las reglas cambian, afortunadamente tengo puerta, una laptop, un celular y ambos con internet. 
Su nombre es Melisa, la chica perfecta, aunque su belleza no radica en su cerebro, reprobo un semestre por lo que tubo que repetir y para mi fortuna, quedo en mi salón, y desde luego todos y todas quieren estar cerca de ella. 5,000 amigos enFacebook, 10,000 preguntas en Ask.fm y 400 fotos, la mitad al revés y con filtros deInstagram, pero eso no le quita la belleza, que absolutamente es mejor en persona. 
Ya estamos en nuestro ultimo bimestre del semestre, y los exámenes finales se acercan, a Melisa parece no importarle mucho, la mayoría de los maestros son hombres y ella, sabe bien como convencerlos. Desafortunadamente la maestra de Química, la Señora Reyes no es hombre y no sedera por sus encantos. Yo tengo las mejores calificaciones en Química, se despejar con los ojos cerrados y me se la tabla periódica al derecho y al revés. En cambio Melisa es la peor, ella esta mas ocupada mandando WhatsApp’s desde su iPhone y contestando preguntas deAsk.fm, unas de las cuales yo he preguntado anónimamente, cosas cómo: «¿Qué buscas en un hombre física y emocionalmente?» Y al parecer yo no mido 1:80 ni tengo cabello largo y tampoco soy el alma de las fiestas. Así que creo que a mi no me busca. 
Era Viernes y la maestra había puesto un ultimátum a las personas que debieran tareas y no habían entregado ningún trabajo, personas entre las cuales estaba Melisa, así que recomendó a los 3 mejores promedios de la clase como tutores para ayudar, entre los cuales por supuesto, estaba yo.

— Jaime Capetillo con Rafael Dominguez. Melisa Rodriguez con Andres Fernandez. Isis Rubio con…

Cuándo la señora Reyes dijo esas palabras no podía creerlo, de repente todo quedo en silencio dentro de mi cabeza, por fin, por primera vez ella había volteado a la esquina derecha hasta el fondo del salón, yo la veía todos los días, pero ella, hoy por fin me había visto y tenía que estudiar y trabajar todo el fin de semana conmigo. No sabia si brincar de la emoción o cagarme en los pantalones.
Después de no haber ensuciado mis pantalones, la maestra me sentó junto a Melisa, hasta podía oler su dulce aroma, una combinación de brillo labial, shampoo y paleta de la rosa. Aunque yo parecía un maldito ladrillo petrificado, a ella no le importo y de inmediato me saludo.

— Hola Andres, ¿así que tú vas ayudarme a no reprobar eh?

— Claro, jaja, ya vez, encarguémonos de ese Manganeso toxico, jajajajaja.

— Jaja…

Si, al parecer ella no entendió mi refinado chiste ñoño, pero que va, estaba hablando con ella. Seguí tratando de mantener una conversación con ella, y nos pusimos de acuerdo en dónde nos veríamos, al final la cita seria en su casa alas 4:00 p.m. Ella me dijo que iba a estar sola y que podría hasta las 8:00 p.m. ya que iría a una reunión con unos amigos. Yo salí de la escuela a mi casa aún si cagarme en los pantalones y me prepare para mi primera cita con Melisa y mi primera cita en todos estos 17 años. Busque una camisa de mi papá que al parecer me quedaba bien, limpie mis zapatos y busque trucos de: “¿cómo besar a una chica?” Pero enYahoo respuestas sólo decían estupideces, aún así acabe tomando unos condones del cajón de mis padres. Sí lo sé, lo más cercano a tener sexo era masturbarme frente a mi laptop viendo hentai, pero cualquier cosa podría pasar. 
Llegue puntual a las 4:00 p.m. a su casa, Melisa vivía en una casa grande, al parecer su familia tenia bastante dinero. Toque el timbre y salio ella… Esta vez sin uniforme, con un pantalón de mezclilla y una blusa de tirantes rosa… No podía creerlo, todos los días la veía, pero verla así por primera vez, no podría creerlo, afortunadamente los libros que cargaba cubrían mi indiscreta erección. Ella me invito a pasar, llegamos a la sala, ella tenia música a todo volumen, era Skrillex y esa música de licuadora que esta de moda. Ella me dijo que me sentara y bajo un poco el volumen de la música.

— ¿Y bien ANDRES? ¿Por dónde empezamos? -Dijo ella, en un tono muy marcado y sensual mi nombre-

— Bueno Melisa, empezaremos con el bloque uno y dos, tenemos que contestar esta guía y luego…

— Espera, una amiga esta llamando, ¿qué tal si tú empiezas con eso mientras yo hablo con ella? Es algo muy importante, ¿shi?

— Ah si, esta bien, no te preocupes.

Pasaron 34 minutos exactamente y yo había contestado ya casi por completo toda la guia de Melisa, no me importaba, lo que en realidad me importaba era el hecho de estar en el mismo lugar que ella. Era casi una fantasía, una fantasía erótica de esas que pasaban en mis series de hentai y gore favoritas. Estaba pensando en eso, y me hizo recordar la vez que casi desangro a Ricardo. Una vez, estaba leyendo un experimento científico que habían inventado en China, para crear una droga casera con ingredientes que podías encontrar en casa, el experimento consistía en crear una droga similar a el Rohypnol, una droga que te deja en estado de inconsciencia, dejando cómo un títere a quien la consumiera, una de las favoritas de los violadores. Así que un día decidí prepararla en casa y probar mis dotes de científico. Al parecer fue exitosa, ya que cuándo se la di a probar a Ricardo en un vaso de jugo el se desmayo y se descalabro con la esquina de mi peinador. Quedo inconsciente unos 4 minutos y estaba derramando algo de sangre por su cabeza, pero por alguna razón yo no hice nada, sólo me quede viéndolo, y fue así hasta que llegaron mis padres cuando yo también empecé a gritar. Ricardo nunca supo que lo drogue, y todos pensaron que fue un simple accidente. 
Melisa seguía hablando por teléfono en la cocina y yo seguía en la sala sentado, terminando lo que supuestamente, era su trabajo. Estando tan sólo mi mente se empezó a llenar de recuerdos muy extraños, recordaba esas escenas de Elfen Lieduno de mis animes favoritos en el cuál, una especie de humano mutante del sexo femenino tenia brazos fantasmas con la fuerza de despedazar a 10 personas a la vez, arrancándoles cada uno de sus miembros haciendo que expulsaran chorros de sangre cómo si fuera una fuente, o más bien una cascada interminable de sangre, recordaba esos hentai de mujeres de caricatura desnudas en dónde alguna extraña criatura con tentáculos penetraba sin piedad a esas chicas de ojos gigantes, mientras ellas gemían de dolor y placer. Mientras estaba recordando todo eso, en la acogedora sala de Melisa, apareció de nuevo esa indiscreta erección, pero esta vez acompañada de algo más, sentía una especie de sentido animal dentro de mi, una necesidad de desahogar toda esta sed. Recordaba los días y noches viendo las fotografías de Melisa en mi celular, haciendo zoom en su rostro… En sus senos. Y cómo nunca me había masturbado viendo ninguna de sus fotografías, no sabía el porque, sólo pensaba que estaba enamorado de ella y no sé… Estaba mal hacerlo. Pero esta vez estábamos solamente ella y yo, y yo podía verla hablando de espaldas desde la sala. 
No dure mucho pensándolo y de repente, estaba bajándome los pantalones, así que lo hice. Empecé a masturbarme en silencio mientras ella hablaba por teléfono, estaba exprimiendo cada centímetro de su celestial cuerpo, cada centímetro, pero no podía verlo todo, así que me fui acercando poco a poco, quería observar más de cerca ese delicioso trasero cuando de repente. Melisa volteo.

— ¡AHHH! ¡¿Pero qué vergas estás haciendo maldito pervertido?!

Yo no supe que hacer y sólo me quede con los pantalones en las rodillas, los ojos abiertos como un búho y el pene en mi mano.

— Melisa, tranquila, yo sólo…

— ¡Alejate de mi, estúpido imbécil, ya veras lo que te pasa cuándo lleguen mis padres!

Melisa se hecho a correr por las escaleras al piso de arriba, pero antes de llegar y mientras yo trataba de alcanzarla, ella resbalo desde el último escalón, callo por rodando por todas las escaleras acabando en el piso.

— ¡MELISA ESTÁS BIEN?, —Dije yo— ¡MELISA!

Pero Melisa no respondía, al parecer se había desnucado dejándola sola y tirada frente a mi, yo estaba paralizado sin saber qué hacer, me quede casi 10 minutos parado, viéndola en la misma posición pero note algo, la erección no se había ido, de hecho, seguía igual o más fuerte que antes. Entonces la vi allí, tan frágil, tan delicada, tan débil, con su cabello lacio, y sus 34-C, su hermosa piel… 
Me inque a dónde estaba Melisa, y estaba a punto de tocar sus senos pero un pensamiento de culpa me abordo así que retire la mano. Desafortunadamente mi erección era más fuerte que mi sentimiento de culpa así que lo hice. Toque su brazo y fui subiendo lentamente hasta su busto, su piel aún estaba cálida. Empecé a tocarla y en unos instantes la deje totalmente desnuda al igual que yo, la cargue y la puse en el sillón, y estaba yo ahí, cómo en aquellos capítulos de anime, la estaba penetrando salvajemente, me desgarre incluso el pene por lo que empecé a sangrar pero eso no me detuvo, al contrario. Así que ahí me tenían, un maldito debilucho de 17 años de 1:69 cogiendo con una muerta como el maldito Hugh Hefner. El frenesí se volvía más intenso, más hambriento así que fui a la cocina y encontré unas tijeras para cocina, y volví con mi dulce Melisa, corte todo su cabello, corte sus pestañas, sus cejas, sus párpados y la sangre carmesí cubría su hermoso rostro, la penetraba y mientras lo hacía empecé a cortar sus pezones, no sé qué me estaba pasando pero el olor de su sangre me excitaba, tome la malditas tijeras y las hundí en su estomago. Abrí por completo a la desgraciada, todos sus órganos estaban expuestos, así que ahora también le hacia el amor a sus intestinos, pero me quedaba sólo una duda, todo este tiempo que nunca me noto, que nunca me volteo a ver si quiera, todo este tiempo que estuve enamorado de ella y nunca lo supo, tenía que saber una cosa más, así que metí mi puño por sus costillas y justo cuando lo sentí, tire fuerte. Al parecer la perra si tenía corazón después de todo.

Cuento original por Dante Vasách.

Fuente original.

Los Cuatro

No le gustaba juntarse con nadie, excepto cuando jugaba póquer. 

El póquer era lo único que jugaba con su padre cuando era niña y, luego del prematuro fallecimiento de este cuando tenía 13, se empezó a juntar con aquellos interesados en jugar (o mejor dicho: aprender por medio de ella a jugar). Con el tiempo y por el juego, Nora (que es como se llama nuestra protagonista) y su exquisito y pequeño circulo (que en realidad era también el único) formado por Florencia, Julio y Alberto, jugaban religiosamente y todos los días después de clases a excepción de los sábados y domingos que no se veían.

Años más tarde ellos tres se enamorarían de Nora, ninguno lo demostraría de alguna forma y ninguno se enteraría que los otros dos estaban también enamorados, incluso después de acostarse con ella, lo disimulaban muy bien de tanto jugar póquer (Cara de póquer). Nora, por otro lado, no ha desarrollado sentimiento por alguno los tres, pero gusta pasar la noche con el mejor de la misma, (que en muchos casos era ella misma) solo cuando alguien juega mejor que ella se siente viva otra vez, llena de adrenalina, y solo lo sabe manifestar en la cama.

Ninguno de los tres hablaba con otro del grupo, solo sabían saludarse, decir su apuesta en el juego y despedirse, (bueno y también coordinar para la siguiente vez) así que no sabían mucho de lol.s que conformaban el círculo. 

Florencia es el producto de una noche de pasión de su soltera madre, ambas no se juntan mucho con el resto de su familia porque ellos ven mal a una soltera con hija. Ellas conversan todos los días aunque de forma algo sobria, les gusta hacerlo mientras ven una película en la noche.

Julio vivía con su madre divorciada y su hermana, no le gustaba lo mucho que peleaban las dos así que no las trataba mas que en el almuerzo, de desayuno solo tomaba agua para no tener que verlas y en la noche se compraba un triple y una botella de agua de regreso a su casa y luego de jugar.

Alberto tenía dos padres que nunca se amaron, todo era muy frío en su casa y casi siempre estaba solo en ella, conversando por internet con gente que no conoce pero le gustaría conocer.

Los tres saben muy bien como camuflar sus sentimientos hacia Nora en frente del resto, pero Nora sabe como son, esto por haber pasado la noche con cada uno, de esa forma sabe como interpretar las miradas que se les escapa de tanto en tanto a sus amigos y usarlas a su favor cuando juegan póquer.

Ninguno de los cuatro pensaba que jugar póquer los hacía verse geniales, los cuatro lo hacían por puro amor, un sentimiento extraño, divertido y agradable; los cuatro lo hacían de puro románticos, una mancha de los 47 colores que el ojo humano no puede percibir en medio de un mundo carcomido y gris, el gris más vacío que Dios logró hacer. 

Cuento original de Rómulo Engycel.

CAMBIO Y FUERA

Una noche fría y vacía, de esas que la gente huye, esas noches que con un solo suspiro inundan melancolía en cualquier alma, estaba sobre un muro, un gato negro, su piel era fina como el terciopelo; su maullido era más profundo, los demás gatos caminaban alrededor y ninguno lo miraba…

De un solo salto ágil y libre como su sentir, caminó por las calles, sin atreverse a mirar hacia el cielo, el en medio de su curiosidad quería descubrir que en algún otro lugar había otro gato con las mismas inquietudes.

Entre esas calles encontró un algo, si… ese algo que la gente común le llama basura hecha por niños, el tomó entre sus garritas un vaso con un hilo conectado, e inició su maullido, con la esperanza de que alguien le respondiera, no funcionó, bajó la mirada y soltó aquel artefacto, le dio la espalda y se dispuso a continuar con su andar, al dar el primer paso, escuchó el eco de un maullido, más dulce. Ello le hizo retroceder y tomar nuevamente ese vaso entre sus garritas y se puso a cantar, y del otro lado otro minino le contestaba con la misma melodía, se atrevió a contarle de su pena gatuna (de esa que llega hasta la luna, como aquella poesía infantil), el otro le habló de una solución para su sentir, puesto que el vivía enjaulado sabía de algo que le alimentaba su espíritu de libertad, le dijo:

“gato negro mira la luna, que todas las noches te sonríe y te cobija, y pone como locos a los demás seres, tu que la vez y puedes acariciarla con la mirada, platícame como es, quiero saber de su color plata, sueño con comerme a ese conejo, describe si las estrellas se ponen de montón a su alrededor para hacerla sentir menos”.

El gato negro comprendió que su tristeza se esfumaba con mirar al cielo y saber que en algún lugar había otro gato con las mismas inquietudes, un gato que tenía muy en claro su deseo, a diferencia de él que iba en búsqueda. Todas las noches el gato negro camina hasta ese callejón, antes de tomar el vaso en sus garritas, primero observa la luna, posterior se reporta:

-gato negro mirando la luna cambio

Del otro lado…

-gato blanco preguntándose ¿cómo está hoy ? cambio y fuera.

FIN.

Cuento original por Resalova.

Los Cisnes Confundidos

Tenía la manía de coleccionar todos los encendedores que prendían los casi 40 cigarrillos que fumaba diariamente desde hace 28 años cuando falleció su hijo, había intentado usar esos elegantes encendedores que se recargaban con bencina pero no le gustaba el sabor que dejaba en el tabaco así que pasaron a formar parte de su colección.

A él le gustaba hacer aritos de humo, no como la gente que fuma afuera en las ciudades, que lo hacen porque están bajo estrés, porque eso los calma; él fumaba para disfrutarlo, para disfrutarlo en su sangre, para disfrutarlo viendo el humo desde que salía de su boca hasta que se perdía en su viejo cuarto, para disfrutar el sabor, para sentir el olor del tabaco cuando lo botaba por la nariz, a él le gustaba escuchar como se consumía el cada cigarrillo en medio del silencio, su casa era muy silenciosa excepto cuando lo visitaba su nieta.

Ella quería mucho a su abuelo, llegar y abrazarlo fuerte,y sentir ese olor a tabaco pasado, esa sensación de humedad en la casa, el olor a madera vieja y el ambiente, a pesar de todo, muy fresco, le gustaba abrazarlo mucho, se sentía protegida, se sentía bien, se sentía como si abrazara a una nube; después de abrir los ojos, levantaba la mirada y le decía “Hola abuelo” este se agachaba y recibía un beso en la mejilla, un beso muy sincero. Él siempre se quitaba el sombrero para saludarla, nunca en su vida lo hizo con otra persona. 

Siempre que llegaba ella le pedía a su abuelo que saque su pipa, él la complacía, le colocaba un poco de tabaco y la prendía, entonces ella le pedía que haga como tren, y él tomaba una bocanada de humo y sin golpearlo lo soplaba por la pipa botando mucho humo por ella, luego, sin que se lo pidieran, el tomaba un poco de más de humo y lo botaba haciendo pequeños aros que su nieta deshacía metiendo su índice por en medio de cada uno.

El ambiente a pesar de estar lleno de cajas con cosas cubiertas de polvo y a pesar de que su casa era un cuarto pequeño en una quinta, ella, se divertía mucho ahí, su abuelo tenía una tabla de madera y una cajita de tizas, siempre sacaban una cada uno y dibujaban en la tabla juntos, hacían un montón de dibujos y cuando se gastaban las tizas salían juntos a comprar pan francés, a comprar cinco panes franceses y 100 gramos de jamón para regresar al cuarto de la quinta a comerlos maridados con una taza de café para él y un té con limón para ella, conversaban de las amigas y amigos que tenía en el colegio donde recién estaba empezando, le contaba que era muy grande y que tenían uniformes, le contaba que había mucha gente y que las profesoras eran muy buenas, también le contaba lo que hacía, le enseñaba a su abuelo las bocales y él le enseñaba el abecedario.

Él nunca había tratado bien a las mujeres, no porque sea malo si no porque tuvo un desamor muy trágico cuando joven y quedó resentido con la vida; pero ella, ella era diferente, tan pequeña, tan inocente, tan ajena al mundo que él conocía, hermosa como una princesa, con rulos negros y ojos cafés, pero que muy de cerca se veían algo verdes, piel blanca como el algodón y mejillas coloradas como los melocotones en Mayo. Él no lo sabía, pero estaba enamorado.

Ella volteó a mirarlo y le dio un abrazo, un abrazo muy fuerte, mirándolo fijamente a los ojos y apoyando su mentón contra la barriga de él, mientras él encogía la mirada para darse cuenta de cuál era la expresión de su nieta, aplastaba su mentón contra su pecho, entonces el la abrazaba justo y por detrás de los hombros, así se quedaban en silencio y rodeados por cuatrocientos veintiséis encendedores de colores colocados uno a lado del otro en pequeñas repisas. Se abrazaron muy fuerte y sincero, envueltos en el olor de un cuarto donde se fuma todo el tiempo cuando abres la ventana.

Cuento original de Rómulo Engycel.