Quiero escribir, pero siempre tengo excusas para no hacerlo….

Lo que me ha servido es tomarlo como una tarea y planearlo de perdida una vez a la semana. Sé que lo ideal sería que fluyera naturalmente y que no fuera visto como trabajo, pero con el tiempo que paso en mi trabajo de verdad y atendiendo otros pendientes, me es imposible hacerlo espontáneamente.

Una vez a la semana me invitó un café en algún lugar cómodo y relativamente calmado. Me siento en alguna orilla, solo y sin distracción alguna y cominezo a escribir lo primero que se me venga a la mente. Ayuda traer música y hay veces un libro para encontrar palabras o frases que comienzan el proceso de crear. 

Si tengo a algún otro seguidor que sufra de la misma aflicción, ¿qué es lo que ustedes hacen para poder dedicarle un tiempo a sus letras?

¿Escribir entierra, o resucita?

Depende: ¿escribes para revivir y lamentar o para explorar y perseverar?

Yo escribía con puñados de tierra y escababa mi propia tumba al no dejar atrás el pasado. Eventualmente aprendí que el entierro no era para mi, si no para los fantasmas que me perseguían y fue cuando por fin les hice su velorio y los puse bajo puñados de tierra y piedras.

¡Qué costumbre tan salvaje

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos! ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la faz de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir. 

– Jaime Sabines