¡Cómo entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,
pues con callado Pie todo lo igualas!

por Francisco de Quevedo.

La vergüenza de gritar

erosignem:

Corre el tiempo,
lleno de rincones a los que tienes miedo de volver.
Se van quedando viejos y oscuros,
los quieres olvidar…

Pero los tienes dentro,
manchando una parte de tu alma,
sin parar de roer y dar forma a tu carácter,
e incluso a tu mirada,
aunque tú ya no te enteres.

A veces son como aullidos atascados en la garganta de un lobo,
una rabia muda que debería de salir;
otras veces asemejan los quejidos de un piano maltratado,
con el corazón lleno de música torcida y olvidada
que nunca se tocó.

Te da miedo gritar, ¿verdad?

Los gritos guardan plumas escondidas;
plumas quemadas y heridas de alas rotas…

¡Y No! ¡Ya basta!
Que vuelen, aunque sea muertas;
que vuelen, aunque estén de luto;
que sean arrastradas por la noche más temible
y se peguen en la Luna.

Atrévete a volver al cementerio…
siente el golpe gélido
al pisar sobre las tumbas…
pero al menos, la piedra ya no quema;
al menos, los muertos
ya están en el infierno.

Y entonces, podrás bailar con los cadáveres;
sentir el estruendo azucarado
al pisar los versos viejos
y sentir que los poemas ya no pinchan.

Porque ha llovido demasiado…
Y yo al menos,
estoy cansado de que mis sueños
no sepan nadar.

Eros Ignem (2018)

Poesía original de @erosignem

Ulises

Ni yo sabía que te ibas, Ulises,
lo oí decir por allí.
Saberlo me recordó la distancia que había ido creciendo entre los dos.
Yo no sabía que te ibas, Ulises,
pero sí sabía qué hacía mucho tiempo que ya no estabas.
Ya no te pegabas a mi cuerpo buscando calor,
ya no me seguías por cualquier esquina,
ni te alegrabas al verme llegar al final de la noche.
Perdido, Ulises, anduviste perdido tanto tiempo,
y yo, yo con dolor de cabeza.
Ni dedicándote la vida entera te hubiese retenido, Ulises,
y yo, para entonces, ya no tenía ganas ni de buscarte.
Aquejado de sinsabores y monotonías desapareciste así,
sin previo aviso.
Nunca supe qué fue lo que te fue apartando de mí.
Te fuiste desdibujando, Ulises,
te fuiste desdibujando, hasta que de repente,
ya no estabas.
Pensado a través de mis ojos, creo que siempre lo vi venir.
Y no me inquieta este misterio de tu partida, Ulises,
lo que me sorprende es que pensado a través de mi corazón
siento que nunca lo vi venir.
Y no extraño, Ulises, tu extinta compañía.
A veces, solo a veces, a mitad de la noche,
me hace falta el calor de tu cuerpo en el mío,
tu ronroneo constante,
y tu maullido.

anagarzas
fragmentos de mí

Poesía original de @anagarzas

Quisiera derramar esta ternura,
que rebasa mi pecho, en la mesura
de un pecho inmensamente generoso.

Fragmento de No me dejes, amor, en la añoranza por Ana Inés Bonnin Armstrong.

La tarde pidiendo amor

La tarde pidiendo amor.
Aire frío, cielo gris.
Muerto sol.
La tarde pidiendo amor.

Pienso en sus ojos cerrados,
la tarde pidiendo amor,
y en sus rodillas sin sangre,
la tarde pidiendo amor,
y en sus manos de uñas verdes,
y en su frente sin color,
y en su garganta sellada…
La tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor.

No.
No, que me sigue los pasos,
no;
que me habló, que me saluda,
no;
que miro pasar su entierro,
no;
que me sonríe, tendida,
tendida, suave y tendida,
sobre la tierra, tendida,
muerta de una vez, tendida…
No.

por Nicolás Guillén

Quiero cogerte

                                                          de la mano

meterme

                                                          en tu cabeza

y que grites

                                                          por mi venida

mojada

                                                          en tus sueños.

por Christian Kleriga (@kleriga)

Y la muerte
                                         nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Fragmento de Canción para Billy Holiday por Pere Gimferrer.

Fricción

Si me golpeas

           exhalas

           o chocas.

Si me miras, besas, hablas o escuchas:

Me quedo.

Si te rozo

y con la tenue

fricción del aire, te empujo…

Te vas.

Deja de irte.

O vete ya.

Así, en presente continuo,

no puedo más.

por 

Christian Kleriga (@kleriga)