¡Vaya! No entiendo por qué me señala con tanta euforia. Pide mi cartera como si su vida estuviera en ella. Busque un poco más al fondo, la crisis nos ha pegado duro a todos. Repito que no es necesario apuntarme de esa manera, le tengo más miedo a su corbata que a su revólver.   

 No estoy aquí para charlar, si mi mano tiembla no es por falta de experiencia. ¡Mierda, los escucho! Recuéstese junto al escritorio mire la pared y si trata de estafarme… mejor no lo haga.

Tranquilo que después de esto llevaré prisa. Tengo que terminar cosas del trabajo y son de mucha importancia. De eso dependerá mi tan anhelado aumento. ¿Sabes? he trabajado quince años para ellos y hoy es el día que por fin me han de reconocer.

Si no cierras la boca juro que te la coceré yo mismo. Qué tanto podría importarme tu trabajo como para dejarte de apuntar. Es curioso lo que un revólver puede hacer con las personas. Ahora me pertenece tu silencio.

Bien, entiendo que no ha de ser de importancia pero ahora solo tienes el control de una persona. Cuando llego al trabajo cientos de ojos me ven para arriba. Jamás les apunto y aun así se hincan.

¡Maldita sea! qué no entiendes que ellos ya vienen y me apartarán de ustedes. No entiendes que si todo se vuelve rojo nadie se salva. Las opciones se limitan a matarte y salir de aquí.

¿Matarme dices? Y con el poco dinero que me has quitado ¡Vaya! Sí que te esperan días duros.  Podrías salir de esta situación con un poco más de raya. Vamos acércame el revólver que desde aquí no puedo hacer el valúo tan bien. Lo sabía, un revolver clásico de la mafia italiana. Deberías tener mucho cuidado con usar algo así. Italiano que lo vea creerá que andas de rubacchiare.

¿En verdad que es un revolver de la mafia italiana?. Quién lo diría, toda una ganga en el 2 de octubre. Bueno por lo que veo sabes mucho de armas o italianos o rubacchiares. A qué te dedicas hombre, habla.

Trabajo en una oficina en donde guardamos casi cualquier cosa. Desde objetos muy especializados, como es el caso de su revólver, hasta baratijas de quinceañeras. Lo mejor de todo es que en el tiempo que se quede su objeto con nosotros le daremos buen dinero para lo que usted quiera y para cuando quiera su objeto de vuelta sólo nos regresa el dinero que le hemos dado anteriormente, claro que habrá que sumarle una pequeña parte de lo que la gente de altura llama “intereses”. Yo prefiero pensar que es como un pago por el favor que se ha realizado.

Y si se pudiera saber ¿cuánto dinero podría darme por este revolver italiano?  Clásicamente utilizado en la mafia por los denominados rubacchiare.

Pero qué barbaridad de objeto, fácilmente podría darle por él unos 500 burgueses. Permítame el revolver. Mmm justo como lo pensé este revólver no pide menos de 550 burgueses. Si los quiere autorízame levantarme para arreglar los detalles. ¿Le parece?. Muy bien ahora ponga su firma aquí, aquí y aquí, justo aquí su nombre y en esta otra parte pondremos el pago que usted esta autorizando por el favor que le voy a realizar ¿Está de acuerdo?  Bien, yo digo que serán unos mmm dos por cuatro ocho y si le sumamos el acuerdo bancario y las demostraciones al público que tendré que hacer más el transporte de aquí a la empresa transnacional. Lo tengo serían 15 burgueses diarios, anotado. Vayamos por el dinero a la empresa.

Pero señor no puede hacerme esto, ya no quiero el dinero. Si pudiera tener 15 burgueses diarios no tendría necesidad de salir con un mi revólver a conseguir, a diferencia de usted, de manera limpia y justa lo que la gente me quiera dar. Está tan mal la situación que no le he puesto balas en un buen rato y la panza se ha oxidado, ahora ya no abre y entonces ya no puedo ponerle municiones. Realmente no se en donde empezó todo. Le suplico por favor que me escuche y no haga oídos sordos a las suplicas de este lagrimoso.

¡Pero hombre, haberlo dicho antes! Ya no podré darle los 500 burgueses si bien puedo conseguir 270 será toda una oferta que no se puede dejar pasar. Ahora levántese que no me gusta ver a la gente de rodillas y vayamos por esos burgueses que se ve, bien que le hacen falta.

Cuento original por el usuario Erickssoriano.

Éxtasis

La cosa fue muy rara.

 Cuando me quise dar cuenta estaba paseando con mi novio, otro chico y una muchacha, por lo que parecía ser un parque de atracciones abandonado.

El lugar era ciertamente desapacible,  una vasta llanura únicamente delimitada por una espesa niebla que , junto con el gris del cielo, y unos cipreses secos repartidos al azar, dejaba un deje aterrador en el ambiente. ¿Qué pintaba yo ahí? ¿Y quiénes eran mis compañeros? Porque, obviamente mi novio sabía quién era, pero de los otros… ni idea.

Nos encontrábamos, aunque juntos, yo diría que más bien solos, parecíamos supervivientes en un planeta arrasado. Todo era muy incómodo, permanecían quietos, observando al vacío, cada uno a un lugar diferente. Ni se miraban entre ellos ni me miraban, y yo también rehuía sus ojos porque era desconcertante cómo a pesar de que estaban ahí delante de mí, parecía que no existía para ellos.

A través de la niebla, de forma muy tenue y borrosa se podía observar las ruinas de una antigua montaña rusa, o  pocas cabañas dispersas en unas estrechas, pero largas, aceras perpendiculares por todo el parque.

A pesar de que la escena pareciese implicar un frío y una humedad en el aire- cosa que tampoco niego- , en los pies tuve una sensación diferente, parecía que la tierra ardía, y cuando bajé la cabeza para comprobar lo que sucedía, no vi más que mis pies descalzos en una tierra oscura y mojada.

Tras haber comprobado que no llevaba calzado, me fijé además en el resto de la ropa y vi que llevaba un chándal gris sencillo que ni siquiera podría saber si era mío de verdad o no.

De nuevo miré hacia mi frente y lo único nuevo que vi, fue que de la extraña niebla salían hilos de humo negro, y sin planteármelo si quiera, me giré sobre mi misma y vi cómo una gran masa negra en el aire se esparcía entre mis brazos, mis manos y mis dedos y, rápidamente, desaparecía por completo. Estaba aterrorizada. El miedo me invadía y pretendía volver a repetir la misma acción, que probablemente se repetiría a su vez y formaría un bucle infinito, cuando escuché un ruido: mis compañeros se habían puesto en marcha.

Y en ese momento el espíritu malvado se esfumó, ya no había humo acosador. Incluso podría asegurar que el día aclaró algo y, desde luego, no me sentía cómoda del todo, pero no era algo tan exagerado como hacía unos minutos.

Así que, decidí seguir a mi novio y a sus nuevos amigos. Pero en el momento en que me puse detrás de la chica y di dos pasos, ésta se giró bruscamente, con los ojos abiertos como platos, acercando muchísimo su cara a la mía y con una sonrisa que, aunque bonita, me asustó bastante en ese momento. No me lo esperaba en absoluto. El pulso se me puso a mil, y di un brinco hacia atrás a la vez que se me desbocaba el corazón. Ella relajó rápidamente su rostro, y cambió su expresión a una cara dulce, de niña buena.

-Perdona.- Dijo ahora con tono triste. Parecía ser muy infantil. Volvió a sonreírme dulcemente.- ¿Te he asustado? No lo pretendía.

Se presentó, lo sé porque me acuerdo. De lo que no me acuerdo es de su nombre, porque en ese mismo instante empezó a arder mucho más fuerte el suelo, me agarró fuertemente de la mano y salimos corriendo detrás de los chicos.

A medida que avanzábamos, el tiempo parecía detenerse e ir más lento. Cada zancada que ella daba, dejaba botar sobre su espalda sus dos largas trenzas rubias y, por cada nuevo paso, tardaban más en subir y en caer. –Igual que en una película.- Me dije entonces.

Y, fue increíblemente desconcertante e incluso me entró pavor, pero en ese momento me di cuenta de que la niebla formaba un muro, y a pesar de a qué lentitud avanzaba, era imposible que me detuviese y estaba a punto de saltar al otro lado. De esa forma, tras mi novio, el chico, y la muchacha, crucé yo.

Lo de ahora sí que no me lo esperaba: aparecimos en lo que parecía ser un hueco al lado de unas escaleras, todo estaba cubierto por una chapa metálica, había muchísima luz y se oía fuerte música de fondo.  Ahora ya no tenía tanto miedo, era mucho mejor esa sala – que en un rato descubriría que se trataba de una discoteca-  que el siniestro lugar de antes.

Tuve una sensación extraña, como si un espectro a mi izquierda amenazase con acuchillarme con algo, pero como había pasado en la escena anterior, desapareció.

Ahora la chica, a mi derecha llevaba un vestido de fiesta amarillo, y su pelo suelto y agitado.  El chico ya no se movía como hipnotizado y me dirigió la vista una vez – no más porque no le interesaba- y mi novio, como de costumbre, me dio un beso para saludarme.

 La verdad es que a mí las discotecas no me gustan en exceso, pero entonces me sentía súper atractiva con el vestido azul ajustado que llevaba, mis tacones negros altísimos y mi pelo también suelto y posado en un hombro.

 Pero ese sentimiento de comodidad desapareció cuando con él se fueron todos, y se empezaba a llenar el local de gente que no conocía. Me giré, miré de un lado a otro y no los encontraba. Incluso me subí un escalón de la escalera, y luego dos, y tres… y en dos segundos estaba en la planta de arriba, tras esperar un rato volví a bajar y volví a donde estaba antes. Me giré una vez más y… allí estaban. La chica me preguntó que dónde me había metido y yo la hice la misma pregunta. Con tanto ruido y tanta gente fue imposible mantener una conversación muy larga.

Lo que recuerdo después de eso fue que se sacó del bolso, una bolsa transparente llena de pequeñas pastillas y me la entregó. “Disfruta” logré escuchar, y yo, agarré la bolsa, la abrí y saque una.

Eran muy pequeñas, pero en la bolsa había cientos de ellas, quizá pesase cien gramos o más, era una barbaridad de droga. Me hubiese planteado por qué había aceptado aquello, pero fue demasiado tarde.  Blanca, lisa y blanda, como una piedra arenisca, mordí una mitad y se disolvió casi al instante en mi saliva. Tragué. No tengo ni idea de cuánto tardan estas cosas en hacer efecto, pero sé que en cuanto me lo metí en la boca, mis ojos se nublaron y una luz blanca invadió el mundo que veía. Al principio duró más, era una luz intensa, opaca, que no me dejaba ver, y que se difuminaba poco a poco. Tres minutos. Y pasé de no ver, a verlo todo. Veía los colores con una viveza asombrosa, todo lo que se movía parecía hacerlo de una forma armoniosa y a su vez, rápido. Era genial, me sentía estupenda.

 Comencé a bailar al ritmo de una música que, a pesar de que no me gustaba nada, podía disfrutar. Todo gracias a esa porquería que me había metido.

Primero las conversaciones, los bailes y las dosis fueron suaves, después se volvieron salvajes y desmedidas; al contrario de mi responsabilidad, que por lo visto, se había volatizado.

A medida que echaba de menos el primer golpe de la sustancia en mi interior-la gran mancha blanca- me metía otra pastilla, y después de dos en dos. Pero el efecto cada vez duraba menos. Ahora “la gran luz”, solo duraba veinte segundos y el subidón de energía de la droga se agotaba a los pocos minutos.

 Y me pasé.

Por excederme.

 Por haberme metido en el cuerpo aquella sustancia que no era buena en absoluto.

Veía todo de mil colores, me había tomado unas dieciséis pastillitas, y la última dosis fue de cuatro seguidas.

 Me empecé a encontrar mal y busqué a mi chico entre la gente.

  Volví a subir por las escaleras verdes, azules moradas y amarillas, que parpadeaban bajo las luces de la discoteca y, por qué no, desaparecía cada segundo, así que cada paso que daba me sostenía en la nada y en el escalón a la vez.

La verdad es que no sé cómo bajé, si volando, porque me pareció tener alas, o resbalándome por la barandilla de la bajada.

 La cosa es que llegué, donde entramos en un principio, y él se giró y me vio.

 De repente la gente desapareció y la música cesó por completo.  Yo caí desplomada hacia un lado, y mi pareja me cogió al instante. A saber si estaba muerta. La verdad es que me esperaba cualquier cosa en ese instante.

Excepto que todo hubiera sido un sueño.

 

“Sueños”

 Andrea López Soto

28 de enero de 2014                 

Hoy te viví, no eras el sueño del que despertaba abrazando una almohada, empezó como un baile, tú vestida en mis deseos, yo desnudo te miraba, tomando tus manos, acariciando tu cuello, música palpitando, estremecías entre mis manos y ellas me guiaban, moríamos de frente y tus ojos me hablaban, descubrías tus senos; siendo brazas, pétalos en tu piel, fuego en tu alma, el compás de tu cadera marcando mi existencia tan maravillosamente para vivirte y morirnos una y mil veces más. Castrezana

— Escrito original por el usuario rapjc.

Confesiones de una noche de viernes

Lo mío fue a las 10 de las noche en viernes, fui a dejar a una amiga a la casa de un conocido en la condesa. Después de eso iba a recoger a alguien más para salir ya en forma, pero la Condesa se me hace super confusa y decidí detenerme a preguntarle a alguien indicaciones antes de perderme. El caso es que me detuve a preguntarle a un policía, vi la luz intensa en frente pero la verdad no le tomé mucha atención, el policía se asomó y me dijo que claro que me daba las indicaciones pero que primero soplara. Como realmente sólo había tomado un par de cervezas, yo creo que aproximadamente unas 5 ó 4, no sé en cuanto tiempo (como todos preguntan), pero la verdad no me sentía ni cerca de estar borracha, ni happy, ni nada.

Apague el coche y llegué caminando a la ambulancia, soplé y me dijeron que no había pasado. En todo este relajo, le marqué a mi amiga por la que iba a pasar, que resultó vivir a menos de media cuadra de donde yo estaba y me dijo que si ya había soplado no había manera de echarme para atrás. Con todo, claro que mi preocupación era el coche, con eso de que en todos lados en el df se los lleva la grúa. Así es que le pedí al policía que sólo me dejara darle las llaves del coche a mi amiga, pero no me dejó, lo cual me parecía ridículo porque: 1. No estaba borracha 2. No había llegado en coche al alcoholímetro y 3. Mi amiga estaba saliendo de su casa, lo que indicaba que no había tomado. Después de todo ese coraje, y sabiendo que además de todo iba a tener que pagar por el corralón, le dije a mi amiga que se fuera.

Como te dije, siempre me acompañó una mujer polícia, porque son parte de mis derechos y para evitar cualquier tipo de abuso. Dentro de todo fueron muy amables. Ya dentro del torito te revisa un doctor y te pregunta que si alguna autoridad abusó de ti, si tienes alguna alergia, tomas medicamentos, entre otras cosas.

La verdad, y ya siendo muy honesta, si estaba asustada porque cuando llegué me hicieron quitarme aretes y hasta los prendedores del cabello, que “por mi seguridad” y pensé que si alguien podía hacerme daño con un pasador, quería decir que las películas que había visto sobre las cárceles tenían que ser verdad.

Cuando entré, como era temprano no había nadie. Me metieron en una celda con prostitutas, que fueron sumamente amables conmigo y a la mitad de la noche, como por arte de magia, ya no estaban. Por ellas me enteré que te puedes mover de celda cuando quieras pero para hacerte la “novata” las policías se burlan de ti y te meten en la celda que ellas quieran. En general no detienen a muchas mujeres, lo difícil de ver es a las chicas que evidentemente viven en situación de calle y que están ahí por haber consumido alguna droga o la llamada “mona” porque les dan sus ataques o están como ausentes las pobres.

Porque no me pasé por mucho grados de alcohol, no recuerdo por cuanto, me dieron el mínimo de horas que son 20. Al día siguiente te dan la plática de salud de porque el alcohol y las drogas son malas, además de la asesoría legar en la que te dan la opción de que pagues el amparo. Tengo entendido que lo tienen que llevar a cabo conocidos tuyos desde fuera, aunque si te advierten que tengas cuidado porque hay mucha gente que vende amparos falsos. El problema con las que pagan amparo es que el proceso es tan lento que normalmente las sueltan cuando sólo le quedan un par de horas por cumplir y, para su mala suerte, tendrán que regresar otro día a terminar de cumplir las horas aún cuando ya pagaron una cantidad nada pequeña.

Además de eso, no haces nada, te abren las celdas y te dejan todo el día en el patio.Puedes sacar balones par a jugar basquet o te dan revistas para que las hojees. Te dan derecho a tu llamada y cuando ya es hora de que salgas te avisan con anticipación para que te vayas preparando, una vez más pasas por el médico que te pregunta lo mismo y ya. Regresas a ser un simple borracho más de esta enorme ciudad.

– Historia original por la usuario Ga-bri.