Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Etiqueta: Jaime Sabines
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.
Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano, que tanto escribe y habla.
(Ésta es la última vez que yo te quiero.
En serio te lo digo.)
A los quince ya sabía deletrear una mujer.
He aquí que me desnudo para habitar mi muerte.
Me acuerdo de ti más de lo que tú imaginas. Ah, y una noticia: antenoche te soñé. (…) Tenías la cara más linda que he visto en mi vida. Era tu cara, pero como pintada, un óvalo perfecto, una expresión de amable y sonriente disgusto. Yo supe allí que te quería para siempre. En tu sonrisa había algo de beatitud y de elegancia; en tus ojos una mirada inmóvil, transparente. Fui hacia ti, descubierto, perdido. Reímos los dos.
Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!
Nosotros nos salvamos de la muerte.
¿Por qué? Todas las noches nos salvamos.
Quedamos juntos, en nuestros brazos,
Y yo empiezo a crecer como el día.Algo he de andar buscando en ti,
Algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar,
Para ver, como un tercer ojo,
Como otro pie que sólo yo sé que tuve.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!
