La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.
Haiku 17 de Jorge Luis Borges
La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.
Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.
La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Me satisface la derrota, porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real, es blasfemar del universo.
Las palabras son símbolos que postulan una memoria compartida.