Belén.~

Tocarte,
y en el intento perder la voz.
Acercarme,
y entre tanto perderte a vos.
Pelos de suave miel,
abrazos empalagosos,
calma mi hiel,
y sumérgeme en gozo.
Presa en Alma
me encontraba.
Atrapada como una rata,
día y noche desvelada.
Quererte me ha costado la vida.
Tenerte dentro de mis fantasías.
A mi Alma la encuentro dolida
y en tu panacea hundida.
Muy cerca la veo aparecer,
la negra sombra del ayer.
Atrévete a tocarla, dice desafiante.
Y conservar mi voz se torna lo más importante.
Belén es tu gracia que resuena,
enciende mi Alma a viva llama,
pendiente de que el amor no muera,
y que la distancia y prejuicio al fin ardan.
Poesía original de Falacia Facial.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también,
la falda cedió sus hilos,
ardiendo los dejó caer…

Quiero vestirme.

Fragmento de La salvaja por Carmen Boullosa.

La fuerza del débil.

               Ni la mayor de mis tensiones, ni el mayor de mis temores hacen palpitar tan fuerte, tan rápido, tan duro mi corazón como el verte un instante a los ojos, y besarte para siempre, sin tocarte. El imaginarte aquí a mi lado, opaca por completo todo lo malo, todos los demonios que viven en mi interior se arrodillan ante ti, todas las sensaciones de tortura se llenan de amor, cada que pienso en ti. Todo se hace inmortal en tan sólo un segundo, podría acabar justo ahora, y es la belleza de que nunca volverá a pasar lo que lo hace único, lo vuelve inmortal. Ódienos y envídienos quiénes nos maldicen, pues nos verán acabar, porque somos frágiles, somos vidrio y somos papel y caeremos, caeremos en el pozo más oscuro y profundo, quizás, pero ámennos sólo nosotros, pues no necesitamos más de un segundo para enamorarnos, porque somos humanos, y nunca seremos de hierro ni acero, ni de ninguna cosa que no sea capaz de sentir.

Prosa poética original de Dante Vasách.

Mi carne para su goce
Mi orgullo para su látigo
Mi protesta para su cárcel
Mi infierno para su edén
Mi amuleto para su suerte
Mi locura para sus sueños
Mi muerte para su vida.

Vampiro por Carmen Berenguer.

ASÍ CONOCÍ A UNA MUJER LLAMADA AGONÍA

No estoy seguro si fue real o no; si fue producto del constante desvelo de la semana, del mes, de la vida o por simple sugestión, no sé si alucinaba o alguien jugaba con las cortinas, que se movían serpenteantes en cuanto les ponía encima mi atenta mirada.

Hice una promesa: ver la luna antes de dormir.

Supuestamente era sumamente bella esa noche.

Antes de acostarme me dispuse a ver al cuerpo en la bóveda celeste, pero desde mi cómplice ventana no se apreciaba absolutamente nada más que oscuridad. Suspiré indignado sobre el vidrio de la ventana, el cual se empañó. Con mi dedo índice izquierdo dibujé la luna en ese cielo vacío.

Comencé a caminar de la ventana a mi cama, pero poco a poco, la luna que había creado comenzó a emitir luz propia, una luz que no se puede ver con simples ojos mortales. Voltee a verla y me acerqué de nuevo a la ventana, era una luz muy fuerte y cegadora, envolvente pero fría y llena de confusión.

No temí, pero me inquietó el hecho de sentir como toda mi energía (o la poca que quedaba) fue drenada de golpe, mi vista se nubló y perdí el equilibrio, veía las cortinas moverse solas, como serpientes sobre el agua; veía la luces de otras casas como grandes llamaradas; sudaba frío. Inmediatamente y como pude, junté fuerzas para levantar el brazo y borré la luna de mi ventana, ya estaba fatigado; sin embargo, eso hizo que alguien arribara a mis pensamientos que solo necesitaban dormir, una mujer en la que logro distinguir al yo de hace unos años. La vi y de inmediato le pregunté:

— Hay algo que no está bien ¿cierto?

— ¡Nada está bien! – Contestó de forma abrupta con un tono de voz fastidiado y rasgado.

Un vendaval sumamente frío llegó directo a mi ventana, golpeando y desgarrando mi pecho y rostro como si fuesen filosas navajas; ese viento me causó un malestar increíblemente grande, aunado a mi falta de vitalidad me impidió cerrar la ventana y caminar normalmente hacia mi cama, las piernas me temblaban, veía figuras en la penumbra de mi habitación, olía a azufre, escuchaba un profundo pitido en mi oído derecho. Estaba perfectamente consciente de la agonía.

Después del pequeño esfuerzo llegué a mi cama y me recosté lentamente boca arriba, sin embargo no me había percatado que ella estaba ahí, esperándome. Al darme cuenta de su presencia se acercó rápida y provocativamente a mi oído con un exhalar muy tibio, mientras tomaba mi brazo derecho entre los suyos y lo presionaba contra su frío pecho, preguntándome:

— Hay algo que no está bien ¿cierto?

— Nada está bien… – Le contesté con voz quejumbrosa y con las pocas fuerzas que me quedaban.

Ella sonrió. Apoyó su cabeza sobre mi brazo, se disipó en el aire y entró a mis pulmones, quitándome la respiración y enfriando mi cuerpo.

Me estaba muriendo.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla.

El miedo

Entre los miedos que me ha dado tu muerte
hay uno.

No es el miedo a perder tus ojos de sálvame
ni a que de pronto,
al abrir un mueble,
la ropa se te parezca.

No es el miedo a que el óxido fatigue
tus cuchillos,
a que el tiempo apague tu último cigarro.
No es el miedo a que aparezca entre mis cosas
otra receta inútil
ni el miedo a sentirme desnuda sin tus manos.

No es el miedo a confundirte conmigo
sino a que caigas
de mi memoria
y yo no recuerde la forma donde estabas.

Por Carilda Oliver Labra.

Reflejo

Estoy frente a un espejo, y mi reflejo no hace lo que yo hago.

Mi reflejo no sonríe, no tiene luz en sus ojos, no es feliz. Yo me siento feliz. ¿Estaré volviéndome loco? ¿O acaso estoy frente a un fantasma?

Mi reflejo es triste, no esboza sonrisa, está estático, pero en cambio yo sé que estoy sonriendo. ¿Qué está pasando?

De repente mi ‘’reflejo’’ habla y me dice algo que me hace llorar: -No soy tu reflejo, soy tu alma.

Ya comprendo todo.

Prosa poética original de Ángel Patiño.

Anoche me acosté con un hombre y su sombra.
Las constelaciones nada saben del caso.
Sus besos eran balas que yo enseñé a volar.
Hubo un paro cardíaco.

Fragmento de Anoche por Carilda Oliver Labra.

Saliendo de dudas

35 años, 2 de divorciado: “Tal vez me estoy perdiendo de algo bueno”, divago su liberal mentalidad de sureño. Decidió averiguarlo esa misma noche y se quedo hasta el cierre del bar. Su jefe, que  siempre lo observo con afán, le sirvió una copa.

Besos y abrazos no quitan pedazos”, se repetía mientras hundía su lengua en la boca de su jefe. En pleno grado 2 se dio cuenta que no sentía nada, ni asco ni placer. Pidió disculpas y se retiro.

Tirado en su cama de soltero se masturbo pensando en su vecina, se durmió. Despertó feliz.

Prosa original de Psychofinger.