Se me ha gastado el día,
atropelladamente
en idas y venidas,
en gestos y recados
que al hacerlos juzgaba.
necesarios.
Etiqueta: Literatura
“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.
“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.
“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.
“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.
“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.
“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.
“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.
“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.
“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.
“La calma” de un domingo por la mañana.
Prosa original de Psychofinger.
Todo lo que recuerda mi boca fue borrado de la memoria de otra boca…
Tengo…
“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.
“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.
“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.
“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.
“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.
“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.
“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.
“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.
“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.
“La calma” de un domingo por la mañana.
Prosa original de Psychofinger.
Decir “las letras de tu nombre no me dejan ver
no me dejan verme”
puede parecer una metáfora útil para empezar un poema
una frase que anuncie con dudosa belleza algo así como:
“por pensar en ti camino a tientas’. O "sin ti
no puedo vivir, no sé quién soy, no sé qué hacer’.
No.
Decir que las letras de tu nombre no me dejan ver
no me dejan verme
es tan literal como decir
que escribo en un cuaderno cuadriculado
a las 11 de la mañana, con plumón rojo
el pelo mojado, recién salida de la ducha
esta mañana de agosto, 29.
Voy en bicicleta a almorzar a la playa. Tomo la ciclovia de Avda del mar en dirección al sur. 50 metros, levanto la cabeza y la rubia que va delante mío, y que calza unas calzas que contienen un culo monumental, no tiene empacho alguno, en detenerse para acomodarse la ropa interior que trae puesta.
Delite de los automóvilistas que tocan la bocina, de los runners que aminoran el paso, de los obreros que atorados no pueden pronunciar piropo alguno y de un perro negro, chico y flaco que se languetea pensando en lo delicioso que debe se saber ese monumental pedazo de carne.
Mi tiempo es escaso, mi comida se enfría y el hambre es intensa.
La rubia sigue su camino y yo me instalo en una banca vista al mar. El perro negro, chico y flaco me mueve la cola. Yo lo invito a almorzar.
Prosa original de Psychofinger.
A veces ocurre
te despiertas a medianoche
enciendes la luz y la luz no se enciende
caminas a oscuras, adivinando.
O te quedas pensando
tratando de olvidar que tienes sed.
O frío
tanto, tanto frío
sabes que necesitas una frazada pero no te levantas
prefieres no levantarte
esperas que venga el sueño. Esperas, esperas.
El sueño tarda pero termina por llegar.
Y al día siguiente
sin saber por qué
aprietas el interruptor
y el foco se enciende
recuerdas el frío y ves una frazada, estaba a la mano
ahí, a un paso.
Puede ser que te preguntes
¿qué me habrá pasado?
o no te preguntes nada porque ya es de día;
dices: ya pasó la noche y no quiero pensar
pudo haber sido un sueño.
Y te lo echas a la espalda, como todos los sueños.
Por Giovanna Pollarolo.
Loca
“Loca, libre, frágil y fuerte
así disfruto verte
Es por eso que no estoy acá para convencerte
de que a mi lado esta tu suerte
Me queda confiar en ese caos
que me llevo a conocerte
Si tu libertad y la mía se cruzan nuevamente
te invitaría a enredarte en mi locura
y así poder conocer la tuya…”
Poesía original por Esos demonios.
Todo nos falta,
un cigarrillo,
tiempo para escribir,
una excusa para los acreedores.
Cuatro y media de la mañana, piso 11, torre 2, hace media hora que te observo en silencio mientras me fumo un cigarro, Los prisioneros cuentan sus verdades en el estero y la ciudad, la ciudad duerme.
No conozco tus motivos, tampoco me importan, pero seguramente, colgado allí, en la cara poniente del edificio, te sientes más tranquilo que nunca.
Esa miserable vida que llevabas, llena de sufrimiento, soledad y desapego, muy parecida a la mía, termino. No he querido llamar a la policía, para no interrumpirte, luces tan tranquilo, meciéndote suavemente con la brisa marina, que ha esta hora de la madrugada, silba por entre los recovecos de las ventanas.
Cuando se den cuenta y lleguen todos, comenzaras a estar muerto, ahora, mientras pendes de tu cinturón a 27 metros del suelo aun estas vivo, o al menos eso creen todos tus cercanos lejanos, tu muerte comenzara cuando todo se enteren, por mientras sigue ahí querido amigo desconocido, disfrutando de tu valentía y de tu arrojo.
Prosa original de Psychofinger.
