Nostalgia

¿De qué se nutre la nostalgia?
Uno evoca dulzuras
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel.

Por Mario Benedetti.

Matarte con versos
Y eterno me sueñes
Que mueras despacio
con besos que lees,
Tener tus suspiros
sentirme en la tinta
aprisionarte en mis letras
te abrazo entre líneas
Te quiero, me acabas
y en cada palabra
mi esposa, mi amada
te sueño ya mía.

Suspiros al aire por Barroco Celeste.

No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.

Fragmento de Espero por Mario Benedetti.

Fui yo quien decidió tomar la cuchilla y cortar la cuerda que sostenía a aquellos que se aferraron a mí. Fui yo quien creyó que el cielo estaría más cerca si cargaba menos peso a mis espaldas.

Iluso con una batuta liderando a los ineptos creyentes, los desesperados ausentes. Elegimos como imagen divina a todo aquellos que es inalcanzable, porque es fácil vivir perseguiendo un sueño; más fácil, al menos, que alcanzarlo y verlo por dentro.

Algunos soñadores no estamos hechos para algunas realidades y por eso somos grandes constructores de mundos sobrenaturales. Mundos donde el humano es benigno, donde el ser poco sufre, donde todo hace sentido.

Prosa poética original de Mr. Black Grass.

Enamorarse y no

Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo.

Por Mario Benedetti.

Recuerdos y rencores

Pienso en cada uno de ustedes en momentos solitarios.
Una imagen, palabra, objeto, cualquier cosa y recuerdo todo como si aún no acabara esa historia.

Once años atrás y tu mano se escurre por debajo de mi blusa.
Yo continúo sentada a tu lado mientras que otro nos observa y ríe contigo.
No sé que hacer y me quedo quieta, callada.
Después escuché que me llamaste de nombres, insultos que no te atreviste a decir en mi cara,
Pero que importa si lo único que quería era agradarte.
Cambie por ti un millón de veces,
Como hablaba, vestía, como apresuraba mi sexualidad para que me notaras.
La última humillación que me hiciste pasar fue la última vez que te vi.
De alguna manera tenía que aprender.

Ocho años atrás y estoy contra la pared,
Tus manos sostienen las mías firmemente sobre mi cabeza.
Una de tus manos se desliza bajo mi ropa y comienzas a tocar, a forzar.
Vez lagrimas escapando de mis ojos, sientes el forcejeo que hago
tratando de liberar mis manos y ves mis labios diciéndote “no.”
Te alejas, enojado.
“Me haces sentir como si fuera un violador.”
Y me dejas de hablar por un tiempo.
Esta no será la última vez que me hagas esto.
Un par de años más y estaré debajo de ti,
mi rostro contra la cama y tus manos deteniendo las mías mientras tu entras en mi, sin aviso alguno.
Pero esta vez no diré nada pues he aprendido mi lección: dejarte hacer lo que quieras o perderte.
Lo que gustes con tal de que me ames, ¿verdad?

Unos cuantos años atrás y esta oscuro, estamos solos.
Me besas y te beso a pesar de que intentaste sofocarme con tus manos unos momentos antes
Cosa de la que me reí porque tu y todos los demás rieron también.
Ahora esas manos que intentaron sofocarme apartan la ropa que se interpone entre mi piel desnuda y tus labios.
Yo te digo que no pero no haces caso y continuas
y solo cuando mis manos se dirigen a tu rostro, llenas de ira,
Te detienes, las sostienes firmemente y te ríes, te burlas de mi tratando nuevamente de besarme.
Yo te empujo y huyo.
Al día siguiente pretendo que nada de eso pasó.

Dos años atrás y creo que te amo.
Disfruto de ti, de tu compañía, de tu risa y de tu cuerpo.
Llega un momento donde tomas mis manos y las restringes
te pongo un limite y tu no escuchas, tus manos continúan.
Finalmente te empujo con mis rodillas y es así que te das cuenta de que hablo en serio.
“Lo siento, perdón, ¿te lastimé? Discúlpame, pensé que estaba bien.”

Presente. Casada contigo, durmiendo bajo las mismas sábanas y después de esa única vez no me haz vuelto a lastimar.
Te amo y me amas, disfrutamos el uno del otro,
Pero el tiempo no ha borrado los recuerdos, mi ira, mi humillación. 

Ahora te rehúso aunque me gustaría disfrutar de ti,
No soporto las caricias, los besos, palabras de amor ni la intimidad
Pues me hierve la sangre y me atacan los recuerdos.
Me tocas y entro en pánico,
Siento tus labios y rompo en llanto.
Llevo marcado en mi cuerpo y en la memoria el recuerdo y dolor del pasado.

 Te amo, te quiero, abrázame, bésame.
Aléjate, no me toques, distráeme que ya no quiero recordar.
No tuve la fuerza, me la arrancaron a punta de humillaciones, a punta de abusos disfrazados de promesas de amor.
Y ahora solo quedan recuerdos saturados de pánico, miedo, ira y rencor.

 Disculpa, no quiero revivir el pasado.
Tu tacto hace que arda mi corazón.

Poema original por su servidora, Aileen Martínez Soto.

Te veo en todos lados, en mi mente, en mis sueños, por la calle en que camino, no se como has llegado a este punto pero te has ganado una parte de mi corazón…

Prosa poética original de Bruno Rt.

III

Rechazo la imposición 
el mensaje en los callejones de mi cuerpo
que siguen llenos de ti,
preocupados de una irrealidad
que se vuelve cada vez más complicada,
cuerpo al que no le importa el texto,
y afuera ignora la escena del dolor, 
y no entiende las voces que persiguen. 

Y así, tibiamente, con furia,
vuelvo a sentir el choque que estremece, 
tu cuerpo y el mío 
volviendose batalla imaginaria…

Fragmento de Hoy mi piel despertó lisa por Mara Romero.

MI HEROÍNA DE OJOS CAFÉS

Pocas cosas considero tan embriagantes como el sabor del café; café puro, sin ningún tipo de endulzante. Amargo como amar, deja un agradable sabor de boca y reactiva mis papilas, mis pupilas y mis pómulos.

Sutil.
Ligero.
Café pluma.
*Like a feather in the wind*

La nostalgia ha llegado esta noche, y viene con tazas de café, muchas de ellas.

Sin dudar las he recibido ya que existen pocas cosas que me gusten tanto como esta bebida. La noche es encantadora para tomarla, bebida oscura como mis ojos, me encanta verlos reflejados en ella, exhalar el delicioso y afrodisiaco aroma, clandestino.

A cada sorbo, el inconsciente retumba y se altera, entra en un estado eufórico, es como estar levemente bajo el efecto de la Heroína o el… ¡Crack!… Debería beber tanto como pueda, hasta caer en un coma cafeínico, volverme tóxico,… ¡Crack!… exhalar suspiros deliciosamente mortales capaces de arrebatar a la víctima de lo que sea… ¡Crack!… desde un pensamiento hasta la más grande abstinencia sexual.

A cada trago me vuelvo un animal delirante. Hace que muestre mis colmillos, que frunza el ceño, que mi cuerpo se guíe por impulsos; perversa violencia, agresividad libidinosa.

Una silueta femenina aparece entre las sombras del delirio: en una habitación obscura con iluminación tenue, apareció, de estatura media, con piel blanca, tersa y suave con tonos acaramelados aludiendo su sabor fermento, delicados pies capaces de levitar y hacer levitar, delgadas piernas tan largas como la provocadora sombra que proyecta sobre el suelo, costillas prominentes y un vientre plano, senos pequeños acordes a sus sensuales hombros, fino cuello donde yace una deliciosa garganta sabor a miel virgen de abeja, gruesos labios dignos de apreciación y un perfil tan perfecto y cautivador que la misma venus es un caos a su lado; es toda una Heroína, inyectable. Lo sé con solo alucinarla.

Sorbo tras sorbo la figura se acerca cada vez más. Con una fragilidad y provocación, girando a mi alrededor y levitando en ocasiones para llegar a mi oído me decía fulgurante una serie de palabras sin coherencia una con otras, no mencionó nombres ni verbos; entendí que debía dormir un poco más, entendí que la noche es mía y puedo hacer con ella lo que quiera, entendí que no soy la única víctima del tormento cafeínico esta noche.

— ¿Crees poder conmigo? – Susurré buscando el rostro de la fémina, del cual sólo se iluminaban sus labios y nariz.
— Estoy al borde de la desesperación, esto es sólo una ilusión. – Me sorprendió que articulara una frase como tal, creí que no era capaz.
— Recuerdos fugaces, ¡en esta baraja no hay ases!
— ¿Futuro? No existe aún. Puede existir, ocasionalmente, como puede no hacerlo.

Desesperado e intrigado por la conversación, bebí el último sorbo, el más amargo y delicioso de todos, la fémina se desvaneció sobre mi lengua dejándome un agradable recuerdo, dejándome con altos reflejos, como si toneladas de adrenalina nacieran en mi garganta, haciendo estallar en la profundidad de mis ojos un placer comparable con la detonación de todas las bombas atómicas del mundo. Kilotones y kilotones de placer. 

— Tú serás mi Heroína de hoy en adelante, mujer. Inyectable.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla Luis.