Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar.

Fragmento de Extracción de la piedra de la locura por Alejandra Pizarnik.

Certidumbre

Mi vida ha sido una historia de andares…

ires y venires…

Impróvidos portentosos.

La certidumbre no me acompaña a menudo ya que cada día me sorprende con colores y olores nuevos, sabores inexplorados y texturas diversas.

No estoy segura de nada,

¡De nada!

¡Nunca!

pero hoy una certeza me acompaña y me resuena bajo la piel:

Tu lengua termina donde mis muslos comienzan.

Poesía original por Colibrí de los corales.

29 de julio [1961]

Crepúsculo de domingo. Las horas me arrastraron con una monotonía brutal. En principio: la palabra domingo es muy fea, no sólo por lo que evoca sino por su sonido, y sobre todo, por lo que no evoca. Pero aun dentro del domingo, aun comprimida dentro de una palabra muy fea, es preciso hacer lo siguiente:

1) Descalzarse; meterse en la cama con diligencia y vivacidad como una carta saltando dentro de un sobre; pasarse la lengua; cerrarse, estampillarse y partir.
2) A los cinco minutos te devuelven la carta. Destinatario desconocido.
3) Que se vayan a la mierda.
4) Comienza la agonía dominical. Qué hacer. Qué deshacer. ¿Qué libro leer, hypocrite lecteur?

Fragmento de Alejandra Pizarnik. Diarios por Alejandra Pizarnik.

Un cigarrillo.

Me siento en el balcón con la esperanza de que la noche junto con la brisa se lleve aquellas cosas que he metido en un cigarrillo para fumármelas.He metido la ira, la desesperanza, el desasosiego, las inseguridades y la angustia y a ellas prendo fuego con una candela que he construido a partir de las ganas.

Ganas que se apoderan de mi y en ocasiones no me dejan dormir, que ponen inquietas mis manos, que me mojan, que oprimen mi pecho, que se meten en mi boca y me hacen salivar.

Ganas que me conducen, me aceleran, me paralizan y me taladran la cabeza.

Ganas que tienen el anhelo enhielarse con el fuego, de ser fuego que derrite el hielo, ganas que quieren ser fuego y dejar de ser ganas…

¡Mierda!…Meteré las ganas en el cigarrillo y me las fumaré también, antes de que ardan mis plumas sedientas de sol y se me quemen las alas.

Poesía original de Colibrí de los corales.

Había un payaso adolescente y yo le dije que en mis poemas
la muerte era mi amante y amante era la muerte y él dijo:
tus poemas dicen la justa verdad.

Fragmento de El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos por Alejandra Pizarnik.

(…) Tengo una rutina que hemos aprendido a amar: cada vez que estamos allí arriba, le pregunto que siente esta vez. Él enfoca libremente cuanto pueda llamar su atención, sonríe. Mantiene silencio.

Es una manera de entender a quién tengo enfrente, no por lo que dice, ¡Jamás por lo que dice!, sino por como se devela esa maravilla de mundo interior que podría poseer. No conozco a la gente por como se relaciona con los demás; distingo un juego de lo serio y su necesidad de soledad, de hermetismo siempre me mostró que había alguien allí que valía la pena descubrir. 

Él concretaba una y otra vez frases nerviosas. Nuevas cada día; a veces eran apreciaciones profundas que necesitábamos desentrañar, otras cosas sencillas que no pasaban de la risa del momento. 

Un día decidí no hacerlo, pero él detuvo el paso como venía siendo costumbre. Volteó y pudo comprobar que yo había seguido directo a la cabina donde comenzaba nuestro trabajo. En lugar de descolocarse, se tomó todo el tiempo…. todo el tiempo que en cada ocasión solía tomarse.

Ni él ni yo dijimos algo al respecto. Llegó el cierre y conduje hasta el hotel como de costumbre para dejarlo. Entonces me entregó una nota:

“Cada vez que me haces mirar toda esa caótica maravilla es un eco tuyo el que me despierta, hay un gran pozo debajo. Uno de cosas que nunca llegaré a entender.. siquiera a conocer. Solía pasarme la vida intentando ser resolutivo al respecto: eso de mirar con detalle las cosas, apreciarlas; te gustaría que en esta parte dijera que me lo has enseñado, pero eso no es cierto. No lo he aprendido ni lo aprenderé. Y allí es donde radica la fastuosidad de esta simbiosis, amor mío, aunque en principio pienses lo contrario: puedo verlo porque estás aquí. Puedo ser un espectador porque me incentivas a detenerme en lo que habitualmente solo me llevaba a continuar a paso rápido cualquier camino. Y eso me hace feliz. Consecuentemente eso me hace sentir a gusto y deriva en adorarte como no pensé adorar a nadie antes.

Si un día esto acaba, volveré a ver el pozo infinito debajo y cada día me costará más iluminarme de esos detalles que solía contemplar cuando la cima era justamente eso: la cima del mundo en una sumatoria de cientos de cosas que lo hacían tal porque tú estabas aquí. Terminará por diluirse el talento, pero no el recuerdo del ingenioso modo en que germinó hasta alcanzarme.

Es justo y lapidario, tangible y a la vez no: la necesidad de no estar solos tiene un propósito poético, metafórico y mortal. Me haces potencia, mejoras este lienzo. Llenarme de tus atributos es suficiente razón y, perderlos… por Dios, perderlos será perder esta versión que estoy amando con una pasión incuantificable en cada nueva palabra.

No permitas que deje de verme en cada mañana. Sigue esculpiéndome. Amo la manera en que perfeccionas mis aristas.”

Prosa original de Palabras infértiles.

(…) Solemos desconocer el alcance de las despedidas. Solo las dimensionamos maximizadas en la experiencia; cuando se viven no son más que un hecho incierto, de esos que en el fondo no nos creemos suficientemente a menos que se trate de la muerte. Solo el paso de los días, de los meses, de los años, pueden revelarnos la magnitud de un adiós. Abandoné Monte Sur el veinticuatro de noviembre, esperando muy en el fondo de mi que Marco hiciera algo por detenerme. La despedida fue para siempre. Luego de aquél atardecer, diez días antes de mi partida de la isla contando hasta este preciso momento, ya lo entiendo con el peso que amerita: nunca más volví a saber de él.

Prosa poética original de Palabras infértiles.

He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

Fragmento de Árbol de Diana por Alejandra Pizarnik.