Amarte como a un libro

Ábrete, pero no de piernas. Ábrete más bien como un libro, porque así te deseo, como un lector desea leer un buen libro. Déjame leerte, disfrutarte página a página descubrirte, encender mi imaginación, sí, puedo imaginar mil cosas contigo, acariciarte delicadamente como  al cambiar una hoja, desvelarme leyéndote porque no puedo dejarte. Entenderte, quiero entenderte y que me hagas entender. No quiero quedarme con lo que puedo ver, quiero hundirme también y ser tú para comprender tu actuar. Llorar, llorar por ti y contigo porque puedo sentirte. Sonreír con lo que te hace feliz y por lo que tú me haces feliz. Enojarme, quiero también enojarme porque sé ya que algunas cosas no aceptaré pero te seré fiel. Soñarte, porque en mi mente aun dormida siempre estas. Amarte, te amaré y serás lo primero que tome al despertar porque la ansiedad de seguir leyéndote siempre me ganará. Perderme, encontrarme y luego volver a perderme entre los segundos, minutos y las horas que pasan casi sin advertirlo. Aprovechar el tiempo para aprender más sobre ti y amarte un poco más conforme pasan los días. Mi mejor compañía en las noches y en los días de lluvia. Y cuando llegué el final, cuando tenga que leer el ultimo párrafo, lo haré, como todo buen final sonreiré y me alejaré, llevaré lo que he aprendido de ti siempre conmigo, sin duda mis pensamientos e ideales no serán los mismos después de descubrirte a ti, aprenderé más, seguro, habrá más libros en mi amanecer, quizá no los disfrute tanto, o sí. Nada cambia el hecho de que algún día te leí, te entendí, te lloré, te soñé, te imagine, te sonreí y te amé. Déjame vivirte, déjame leerte.

Texto original de Jal Hernández.

La presencia muerta era presencia viva.

Puede construirse toda una vida alrededor de una muerte. Puede recobrarse el sentido de lo cotidiano y absorberse en la más fútil tarea con el peso —verdadero peso— de un vacío.

Fragmento de La muerte revivida por Angelina Muñiz-Huberman.

J.F.G

Él era olvidadizo, él era tierno, salvaje, sensual, un puto, me hacía desearlo. Me decía que le encantaría comerse un chocolate conmigo, ya que en Francia eso hacían las personas que se gustaban. Creo que era lo que yo quería en mi puta vida, jamás me había sentido asi… Yo era fría, calculadora, muy hija de puta, muy sin *corazón*, no era feliz, pero tampoco estaba mal, no buscaba a nadie. Solo buscaba aventurarme y conocer el mundo con una mochila, pero tambien soñaba con ese patán    – Chico malo con un lado tierno que solo me enseñaría a mi. Y ahí estaba el maldito, le pedía a dios que lo alejara y sacara de mi vida a aquellas personas que podrían hacerme daño, ya que no quería volver a caer en aquel inmenso y profundo vacío del cual me había costado tanto salir, pero el mismo dios lo acerco mas a mi vida dejándome aquel sentido de duda y amargura, ¿no entendía lo que sucedía? ¿acaso dios quería que se quedara? ¿acaso solo era para que me diera una lección? El me hería, me hacía sentir una estúpida, tan mierda, una idiota, pero como lo mismo estaba ilusionada, jamás había sentido eso, era raro en mi… ¿Que significaban aquellas noches de insomnio? ¿Que significaba esperar tanto aquel momento en que me dijera que me deseaba… dejando en mi una sonrisa momentánea para luego arruinarlo, como siempre creo que ya estaba acostumbrada a que si no lo hacía ya era algo raro. Y mi maldito masoquismo entre mas lo hacía mas me gustaba, ¡mientras mas me hacía emputar, mas lo quería..! Me encantaba la forma en que era tan odioso y antipático, a veces me hacía pensar que en su asqueroso corazón había un espacio para mi. ¡Me había montado en una nube de la cual tuve oportunidad de bajarme y aun asi decidí permanecer allí para luego tener la peor caída! ¡Creo que era amor! ¡Pero no de amar! solo mi primera ilusión, aquello que procuraba que no sucediera. ¡Él era una mierda, igual que yo! ¡y eso era lo que más me gustaba! Jamás me había sentido asi, creía que los dos llegaríamos a ser algo mas, un par de idiotas que se convertirían en unos triunfadores juntos. Pero nunca logre entenderlo, siempre me hacía preguntas que solo el entendía y cuando pedía una explicación me decía que lo olvidara” nunca me dejo conocerlo y creo que eso era lo que mas adoraba de él, siempre me han gustado los retos y creo que él era el mío. Me ilusione, siempre hay una primera vez. ¿Que si dolió? ¡Sí! ¡un poco! pero no seriamos humanos si no sintiéramos dolor. Creo que marco mi vida, aprendí un poco mas y se lo agradezco, lo hubiese querido mas que esas putas de antes pero se marchó”… de hecho aún lo quiero pero hay que aceptarlo con un poco de dignidad… ¡Pero debo decir que lo quise mas de lo que debía!

Prosa original de Aletse.

No sé por qué soy tan flojo, si se debe a una causalidad genética, a mi temperamento flemático, a una alimentación precaria o simplemente a una desbordada capacidad imaginativa que me sustrae de la realidad y me sitúa en otros mundos, en otras dimensiones de la existencia.

Fragmento de El flojo por Eugenio Aguirre.

Tantas inseguridades que no me dejan liberarme. Necesito liberarme. Necesito un mundo más ficticio: como en el que vivo, el real me ahoga. Me atrapa dentro de los renglones y no me deja volar. Que me escriban solo era el deseo de experimentar, sin embargo ya una vez dentro, no es lo que esperaba. Necesito una salida de esta triste hoja blanca. Necesito ser recreada, necesito ser otro personaje, que me reescriban. Pero no hay tiempo, el deber nuevamente llama, sumergida nuevamente dentro de lo que no puede ser; mi realidad.

Necesito despertarme de esta eternal realidad, sumergirme dentro de los más puros y profundos sueños; de esta forma me reencuentro y me libero, hasta aquella mañana donde nuevamente la realidad me carcoma tanto a mí, como a ellos. 

Prosa poética original de Likeitornot.

Era una calurosa tarde, estaba en uno jardines de la universidad, habían muchos, unos mas grandes, exóticos o acogedores, pero consideraba a este con sus viejos arboles y grama descuidada su lugar.

Se sentó a la sombra de un gran árbol que había visto generaciones y generaciones de estudiantes pasar y abrió el cuaderno de notas, había tenido 13 o 14 años cuando lo escribió, una edad incomoda definitivamente.

Le resulto difícil leerlo, escritores mas talentosos podían pasar horas y horas hablando acerca de lo difícil que era leer sus propios trabajos, si a esto le sumamos la terrible caligrafía y ortografía, el asunto no mejoraba. Sin embargo poco a poco fue olvidando estos detalles y se metió en la lectura.

Era una historia sobre un robot que los humanos habían lanzado al planeta marte como parte de una misión de reconocimiento, proyecto que al poco tiempo abandonarían por falta de presupuesto o alguna otra excusa burocrática.

Habían olvidado presionar el botón de apagado y Rover (Así se llamaba el robot) había continuado explorando la basta inmensidad del planeta rojo buscando señales de vida o alguna otra cosa de interés para los humanos. Pasó días y días recorriendo dunas, cráteres, examinó kilómetros y kilómetros de cavernas que fácilmente podían haber albergado vida, pero nunca lo hicieron.

Continuó incansablemente durante siglos y siglos hasta que el sol se había agotado y la raza humana había cesado de existir y cuando esto sucedió Rover lo supo. La extinción de esos pequeños seres llenos de sueños y esperanzas había resonado en cada galaxia, cada estrella, en cada pequeña partícula de polvo pues todo el amor, el desamor, las promesas y decepciones características de la raza habían dejado una marca tangible en el universo. El alma humana era la que le daba significado a todas las cosas.

Puede que fuera solo por las cosas que estaba pasando en su vida, pero la historia lo dejó con un sentimiento de tristeza y desolación que raras veces se permitía sentir. Pensó en el niño que había sido cuando escribió esa historia. Recordó un día en especial.

Estaba solo, leyendo algo que no entendía completamente (Salinger o bukowski) mientras el resto de los niños jugaban, él era un elemento libre en ese microcosmos que podía llegar a ser un patio lleno de niños cuando la vio acercarse, ella tenia cabello negro y una mirada demasiado inteligente para su edad.

“Si sigues leyendo nunca harás amigos” Dijo, Era primera vez que la escuchaba, pero bastante que la había visto.

“Aquí tengo los que necesito” Dije señalando a mi libro. Ella sonrió y eso fue suficiente, así comenzó todo. 

Me gustaría pensar que nuestra historia con sus altos y bajos, que ese afecto infantil que con el tiempo se convertiría en profundo amor por un segundo le dio significado a nuestras vidas, que aunque las cosas no hayan funcionado por un momento nuestro amor encendiese una llama que iluminará el universo y que cuando todo se acabe el eco de nuestros días retumbe en la eternidad.

Cuento corto original de David Valdez.

Esta boca no canta.
Ancha boca sellada por el último beso, por el último adiós,
es una larga estría en un mármol de invierno.

Fragmento de Un relámpago, apenas por Olga Orozco.

Lo que quiero

Lo que quiero conocer

lo que quiero pensar

de lo que quiero hablar

con lo que quiero reír

por lo que quiera llorar

lo que no me haga sufrir

lo que me quiera abrazar

lo que me haga soñar

lo que me insite a besar

lo que me ayude a crecer

eso es lo que quiero en ti ver.

Poesía original por Amapola Kdna.