Rincón II

La roca es mi trono:
donde me siento,
en donde reposo.
No ataca el viento
donde me escondo.

Me engaño y pienso
que me hayo solo.
Veo vida y miento:
yo lo soy todo.

Rodeado por el mundo,
inerte y frio al tacto
que yace mudo,
respirando entrecortado,
y naturalmente desnudo,
esperando justo a mi lado.

El bullicio que no veo:
el ajetreo que no siento.
Me pregunto si estoy ciego.
Porque sé que existe
aunque siempre lo niego
¿Alguna vez lo viste?

Estoy harto de esconderme,
Así que escalo aquel muro
que separa la luz de lo oscuro,
y me encuentro con el cielo.

Tengo miedo de perderme,
pero es algo que anhelo
desde antaño hasta el presente.

El futuro me atropella,
las maravillas se queman.
Todo lo que deseo arde,
se esfuma y se pierde.

Mi alma no se mueve,
quizás ya sea tarde.
No soy nada y lo era todo.
¡No me digas que estoy loco!
¿Tú no ves el bosque arder?

Poesía original de Raquelgb.

Hay que impedir que el arte sea asunto, no de los creadores, sino de burócratas, oportunistas, mediocres y adulones.

Frase célebre del escritor mexicano, Carlos Fuentes.

Rincón I

La roca es mi trono:
en donde me siento,
en donde reposo.
No ataca el viento
donde me escondo.

La luz no me quema,
tímida entre las hojas;
se asoma sin fuerza
y en el verde se ahoga.

La tierra me moja,
húmeda por la lluvia.
Aún resbala en la hoja
una gota sin furia.

El árbol es viejo,
arrugada su corteza;
pero aún guarda vida:
a la que se aferra.

Mi cúpula arbórea,
mecida por la brisa,
produce sonidos
que son como risas.

Las hojas aguardan,
muertas en el suelo,
a convertirse en polvo
y resucitar de nuevo.

Todo tan tranquilo
y todo en silencio,
alejado del bullicio.
Si supieras lo que digo:
morirías por verlo

Ese es el lugar
que descubrí hace tiempo,
buscando algo nuevo,
mientras me alejaba 
del aburrimiento.

Poesía original de Raquelgb.

Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanza ni miedos, capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son los más perdurables.

Fragmento de El árbol por María Luisa Bombal.

Tú y yo

Yo te necesito tanto como tú a mí.

Digamos que podría ser un poco complicado de argüir,

Pero escucha bien mis razones para ésto sentir.

Sin tu respirar,

Sin tu mirar,

Sin tu presencia en este mar

Y tierra llena de infinidad.

Yo no sabría, ni como sobrevivimos acá.

Pues aunque no te haya conocido,

Ni tú una palabra me hayas dirigido.

Tengo claro que mi destino,

No hubiese sido jamás el mismo.

Sin tus toques tenues al camino,

Ninguno de nosotros hubiese vivido esta vida del modo en que lo hicimos.

Sin mi presencia en este mundo, debes saber que un momento hermoso,

Jamás hubieses presenciado, mi querido amigo;

O amiga, si me permites filosofar en deriva

Sobre tu desconocida biografía.

Con mis pensamientos, no te quiero fatigar.

Pero te digo, que sin ti no vería las veredas igual,

Los amaneceres no serian tan luminosos,

Y mis amores, no hubieran pasado nunca por mis ojos.

Te agradezco tanto, como espero que me agradezcas a mí.

Porque el solo hecho de que no estés aquí,

Cambiaría muchas vidas, de las cuales te aseguro

Ni sabrías.

Así que aunque no te conozca y tu no me conozcas,

Espero que al vernos como extraños en los caminos de hoy en día,

Me sonrías a mí, a él, a ella, a todos los extraños que pasen por tu vía.

Yo haré lo mismo, no lo dudes

Y si no me crees, no guardes inquietudes

Te prometo que mi palabra durará

Tanto como el tiempo mismo se prolongará.

Con esta promesa, espero de verdad

Que lleguemos a cambiar,

En los corazones de senderos fuera de este lugar.

Días

Semanas

Meses

Y vidas.

A desconocidos lejanos de nuestras poesías.

Poesía original de P.

Me levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores: bajé a los jardines
Y besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la grama…

Fragmento de Sábado por Alfonsina Storni.

¿Donde estas?

Te busco en las palabras que alguna vez escribiste, te persigo por infinitos callejones intentando que te muestres como eras. Cambiaste y se me hace difícil entenderlo, y no sé si estoy resistiendo por valiente o por necio. Grito en las noches tu nombre en silencio, abrazo tu lugar vacío en mi cama y sonrío cuidando nuestros recuerdos, que ahora supongo son solamente míos. Insisto en cruzarme en tu camino, me arrodillo a tus pies y rozo tu tobillo suavemente con mis dedos, para darme cuenta que están fríos. Como vos. Por favor, enviame una postal de aquel lugar donde estás ahora, firmala con un beso y pedime que no intente cruzar los siete mares para encontrarte una vez más. 

Prosa original de Improductivo.

El día que me sienta mal no me pongo en manos de nadie. Me boto yo mismo en el cajón de la basura.

Fragmento de la novela El coronel no tiene quién le escriba por Gabriel García Márquez.