Sin título

Te extraño demente, te extraño tierna, te extraño en todo mi maldito cuerpo, en estas tardes que caen de noches tempranas. Me acuerdo de lo que fuimos y no tuvimos, de lo que no te reclamé, de lo que no te dije y te quise decir. Te extraño, en el primer sentimiento de soledad. Te necesité para desahogar sentimientos que sólo tú entendías. Mi mente se refresca con tu sonrisa y esa mirada inconfundible de cuervos muertos. Nos recuerdo de frente, dormidos, callando, nos recuerdo hasta cuando no nos conocíamos.

Perdón que no haya podido superarte aún, perdón por no buscarte, no quiero estropear la vida que seguramente continúas sin mi recuerdo. Es desafortunado, mi teoría es que en verdad te amé, y te amo, una honestidad que me lastima cada centímetro de mis recuerdos. Desde un dolor de huesos, hasta contracciones pulmonares ocasionadas por suspiros que no te quise contar. En verdad te amé y me embriagué tanto con tus besos de licor de cereza, rojos y vivos, dulces y suaves. Es un hechizo que idiotiza hasta al más cauto, es algo que nunca imaginé mendigar, el lado oscuro de amar.

Me acabé cada día desde que nos fuimos, lento y suave, como enfermo, bendigo al cáncer de tu cuerpo. Sé que algún día podré seguir adelante sin pensarte tan seguido, sé que llegará el día, o tal vez no llegue, tal vez más adelante me arriesgue a entrar a tu vida de nuevo y asaltarte el corazón. Pero por lo pronto quiero decirte que aún me siento vacío sin ti, y que en verdad me siento desafortunado, como un vago sin alma.

¡Olvídalo! Debo confesar, sin querer te vi caminado con ese extraño, dedicándole sonrisas que pensé eran mías, cuando los miré, sentí la metáfora del corazón destrozado, y volví a morir. Te felicito, qué rápido reemplazas promesas, qué tan corto es el siempre de tus labios.

Narración original por el usuario Barrococeleste.

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, y verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras!

Si me quieres, quiéreme entera por la poetiza Dulce María Loynaz.

lejano azul

nuestras vidas juegan

yo estoy en las estrellas, vos en la tierra

a veces me da frió, otras me siento solo

me gusta mirar abajo, a ver si encuentro tu silueta

veo universos, galaxias, naves, meteoritos

pienso en vos

me baso solo en superficies..

¿serás tan bella por dentro como lo eres por fuera?

yo juego a que existo

vos juegas a que no existo

cada noche salgo al encuentro

y vos sin mirar te alejas, me  quedo en el olvido.

Poesía original del usuario Camilopa.

Estoy en todas partes y en ninguna:
fantasmagórica y real,
me seduces y ahogas.
En el beso mortal
con olor a tus manos
me deshaces en caos.
Vuelvo a mi ordenado mundo,
cierro el sobre.

Fragmento de A Vincent por Loúrdes Espinola.

Me estoy convirtiendo en mi madre…

Me estoy convirtiendo en mi madre,

Lo digo sin duda alguna,

Segura como cuando ella habla,

Sin pelos en la lengua,

Sin titubeos.

Me estoy convirtiendo en mi madre,

Me estan creciendo sus uñas

Cubiertas de tierra y polvo

De tanto barrer el camino

Que algún día habré de pisar.

Me estoy convirtiendo en mi madre,

Las reumas me estan fregando los huesos,

De noche los escucho crujir bajo el peso

De cada hora que pasa.

Me estoy convirtiendo en mi madre

Y zumban mis oídos porque en mi voz escucho la suya.

Me arde la lengua del fuego encendido en mi garganta.

Hablo sin miedo, río cuando quiero

Lloro cuando ya no puedo.

Me estoy convirtiendo en mi madre

Y puedo ver el fulgor de sus ojos en los míos,

No bajo la mirada

Incluso cuando no sé qué nos depara el camino.

Me estoy convirtiendo en mi madre,

Sus manos son mis manos

Y con ellas siento el pasar de los años,

Sus arrugas dibujando sonrisas en todo su rostro,

Mis cicatrices trazando los hilos que nos unen,

Aquellos que nos atan al pasado

Y dan paso al camino que nos espera

Todavía empolvado.

Me estoy convirtiendo en mi madre

Y tengo su sazón en la lengua,

Pero mis manos, aún torpes,

no logran imitar ese sabor a casa

solo encuentran un sabor a nostalgia.

Me estoy convirtiendo en mi madre

Y nos separa una frontera,

Pero cada mañana despierto con sus ojos en los míos y la veo sonriendo en el espejo

Con su lengua de fuego y sus manos cubiertas de polvo y de tierra,

Y su recuerdo alimenta el fuego que se enciende en mi pecho.

Me estoy convirtiendo en mi madre,

Lo digo sin duda alguna.

Poesía original de su servidora, Aileen Martínez Soto.

Tu nombre

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.

Por Jaime Sabines.

Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de las penas.
Quiero decir que a mí me sobra el aire…

Fragmento de Algo sobre la muerte del Mayor Sabines por Jaime Sabines.

Estos gajos lunáticos de luna
saben a menta;
cuántas muchachas llorarán a una
dicha, perdida por error de imprenta.

Fragmento de Inedulible poema del adiós por Renato Leduc.