Los Cuatro

No le gustaba juntarse con nadie, excepto cuando jugaba póquer. 

El póquer era lo único que jugaba con su padre cuando era niña y, luego del prematuro fallecimiento de este cuando tenía 13, se empezó a juntar con aquellos interesados en jugar (o mejor dicho: aprender por medio de ella a jugar). Con el tiempo y por el juego, Nora (que es como se llama nuestra protagonista) y su exquisito y pequeño circulo (que en realidad era también el único) formado por Florencia, Julio y Alberto, jugaban religiosamente y todos los días después de clases a excepción de los sábados y domingos que no se veían.

Años más tarde ellos tres se enamorarían de Nora, ninguno lo demostraría de alguna forma y ninguno se enteraría que los otros dos estaban también enamorados, incluso después de acostarse con ella, lo disimulaban muy bien de tanto jugar póquer (Cara de póquer). Nora, por otro lado, no ha desarrollado sentimiento por alguno los tres, pero gusta pasar la noche con el mejor de la misma, (que en muchos casos era ella misma) solo cuando alguien juega mejor que ella se siente viva otra vez, llena de adrenalina, y solo lo sabe manifestar en la cama.

Ninguno de los tres hablaba con otro del grupo, solo sabían saludarse, decir su apuesta en el juego y despedirse, (bueno y también coordinar para la siguiente vez) así que no sabían mucho de lol.s que conformaban el círculo. 

Florencia es el producto de una noche de pasión de su soltera madre, ambas no se juntan mucho con el resto de su familia porque ellos ven mal a una soltera con hija. Ellas conversan todos los días aunque de forma algo sobria, les gusta hacerlo mientras ven una película en la noche.

Julio vivía con su madre divorciada y su hermana, no le gustaba lo mucho que peleaban las dos así que no las trataba mas que en el almuerzo, de desayuno solo tomaba agua para no tener que verlas y en la noche se compraba un triple y una botella de agua de regreso a su casa y luego de jugar.

Alberto tenía dos padres que nunca se amaron, todo era muy frío en su casa y casi siempre estaba solo en ella, conversando por internet con gente que no conoce pero le gustaría conocer.

Los tres saben muy bien como camuflar sus sentimientos hacia Nora en frente del resto, pero Nora sabe como son, esto por haber pasado la noche con cada uno, de esa forma sabe como interpretar las miradas que se les escapa de tanto en tanto a sus amigos y usarlas a su favor cuando juegan póquer.

Ninguno de los cuatro pensaba que jugar póquer los hacía verse geniales, los cuatro lo hacían por puro amor, un sentimiento extraño, divertido y agradable; los cuatro lo hacían de puro románticos, una mancha de los 47 colores que el ojo humano no puede percibir en medio de un mundo carcomido y gris, el gris más vacío que Dios logró hacer. 

Cuento original de Rómulo Engycel.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Fragmento de Besos por Gabriela Mistral.

CAMBIO Y FUERA

Una noche fría y vacía, de esas que la gente huye, esas noches que con un solo suspiro inundan melancolía en cualquier alma, estaba sobre un muro, un gato negro, su piel era fina como el terciopelo; su maullido era más profundo, los demás gatos caminaban alrededor y ninguno lo miraba…

De un solo salto ágil y libre como su sentir, caminó por las calles, sin atreverse a mirar hacia el cielo, el en medio de su curiosidad quería descubrir que en algún otro lugar había otro gato con las mismas inquietudes.

Entre esas calles encontró un algo, si… ese algo que la gente común le llama basura hecha por niños, el tomó entre sus garritas un vaso con un hilo conectado, e inició su maullido, con la esperanza de que alguien le respondiera, no funcionó, bajó la mirada y soltó aquel artefacto, le dio la espalda y se dispuso a continuar con su andar, al dar el primer paso, escuchó el eco de un maullido, más dulce. Ello le hizo retroceder y tomar nuevamente ese vaso entre sus garritas y se puso a cantar, y del otro lado otro minino le contestaba con la misma melodía, se atrevió a contarle de su pena gatuna (de esa que llega hasta la luna, como aquella poesía infantil), el otro le habló de una solución para su sentir, puesto que el vivía enjaulado sabía de algo que le alimentaba su espíritu de libertad, le dijo:

“gato negro mira la luna, que todas las noches te sonríe y te cobija, y pone como locos a los demás seres, tu que la vez y puedes acariciarla con la mirada, platícame como es, quiero saber de su color plata, sueño con comerme a ese conejo, describe si las estrellas se ponen de montón a su alrededor para hacerla sentir menos”.

El gato negro comprendió que su tristeza se esfumaba con mirar al cielo y saber que en algún lugar había otro gato con las mismas inquietudes, un gato que tenía muy en claro su deseo, a diferencia de él que iba en búsqueda. Todas las noches el gato negro camina hasta ese callejón, antes de tomar el vaso en sus garritas, primero observa la luna, posterior se reporta:

-gato negro mirando la luna cambio

Del otro lado…

-gato blanco preguntándose ¿cómo está hoy ? cambio y fuera.

FIN.

Cuento original por Resalova.

No son míos el tiempo ni el espacio
(ni mucho menos la materia).

Ellos entran y salen como pájaros
por las ventanas sin puertas de mi casa.

Fragmento de El desposeído por Cintio Vitier.

Para ti

Te dedico a ti 

todo mi insomnio, 

las doscientas seis noches que pasé sin tu amor 

porque además las conté.

Te dedico 

para ti sola 

todos los carnavales que imaginé compartíamos 

y las tres mil ferias que protagonicé.

Tengo una flor 

alimentada por la luz de seis soles 

crecida en tierra de sinceras sonrisas 

y cuidada por la sombra de un anciano alcornoque. 

Riego esa planta en sueños 

y, aunque no esté a tu altura, 

es para ti.

Aquí me tienes, 

leyendo viejos mensajes 

y saboreando el metal del anillo que me regalaste, 

viendo dos semillas rojas 

oliendo la arcilla de las manos que las sostienen 

escuchando viejas canciones 

canciones que siempre odié de ti 

y sintiendo la textura del abrigo 

que alguna vez te presté. 

Poesía original de Rómulo Engycel.

Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas…

Ahora la poesía no menciona los sauces a orillas
de la alberca, ni escribe cisne o dalia al pie de un cardenillo.
Sólo habla de McDonalds, drogas, viajes a Europa,
la práctica promiscua del sexo en los hoteles.
No está bien ser poeta si no fumas cannabis,
si no besas a un perro en su esfera de muerte.
Sólo se necesita un coche en la cartera, un anillo
en la oreja, un polvo en la nariz. No importa
si eres hembra o macho en tus costumbres
siempre que un vibrador descanse en tu bolsillo
cual pez de silicona bajo un lago de escarcha.
No debes olvidar las playas de nudismo o leer
a Bukowski en medio de un spa (aunque ignores
que Spa se llama un pueblo en Bélgica,
o que salut per aquam proviene del latín).
Lo importante es decir palabras en inglés e ignorar
que Lezama vivió dentro de un mulo asmático y rapsoda.
También que lleves gafas en medio de la noche,
o que hagas como yo que me pongo una gorra
hasta para ducharme en los meses de invierno.
Un sello en el mercado, los enigmas del marketing
en cada laberinto que construyen tus dedos
mientras subes un día al tren, al ascensor que te lleve
a ese suave destino que es el arte.
Eso sí, nunca olvides borrar de tus poemas las hojas
de los sauces o ir a un restaurante donde la carta ignore
ese plato exquisito: el cisne de Darío
(desplumado y enfermo) con la dalia en el pico.

Por Dolan Mor.

Los Cisnes Confundidos

Tenía la manía de coleccionar todos los encendedores que prendían los casi 40 cigarrillos que fumaba diariamente desde hace 28 años cuando falleció su hijo, había intentado usar esos elegantes encendedores que se recargaban con bencina pero no le gustaba el sabor que dejaba en el tabaco así que pasaron a formar parte de su colección.

A él le gustaba hacer aritos de humo, no como la gente que fuma afuera en las ciudades, que lo hacen porque están bajo estrés, porque eso los calma; él fumaba para disfrutarlo, para disfrutarlo en su sangre, para disfrutarlo viendo el humo desde que salía de su boca hasta que se perdía en su viejo cuarto, para disfrutar el sabor, para sentir el olor del tabaco cuando lo botaba por la nariz, a él le gustaba escuchar como se consumía el cada cigarrillo en medio del silencio, su casa era muy silenciosa excepto cuando lo visitaba su nieta.

Ella quería mucho a su abuelo, llegar y abrazarlo fuerte,y sentir ese olor a tabaco pasado, esa sensación de humedad en la casa, el olor a madera vieja y el ambiente, a pesar de todo, muy fresco, le gustaba abrazarlo mucho, se sentía protegida, se sentía bien, se sentía como si abrazara a una nube; después de abrir los ojos, levantaba la mirada y le decía “Hola abuelo” este se agachaba y recibía un beso en la mejilla, un beso muy sincero. Él siempre se quitaba el sombrero para saludarla, nunca en su vida lo hizo con otra persona. 

Siempre que llegaba ella le pedía a su abuelo que saque su pipa, él la complacía, le colocaba un poco de tabaco y la prendía, entonces ella le pedía que haga como tren, y él tomaba una bocanada de humo y sin golpearlo lo soplaba por la pipa botando mucho humo por ella, luego, sin que se lo pidieran, el tomaba un poco de más de humo y lo botaba haciendo pequeños aros que su nieta deshacía metiendo su índice por en medio de cada uno.

El ambiente a pesar de estar lleno de cajas con cosas cubiertas de polvo y a pesar de que su casa era un cuarto pequeño en una quinta, ella, se divertía mucho ahí, su abuelo tenía una tabla de madera y una cajita de tizas, siempre sacaban una cada uno y dibujaban en la tabla juntos, hacían un montón de dibujos y cuando se gastaban las tizas salían juntos a comprar pan francés, a comprar cinco panes franceses y 100 gramos de jamón para regresar al cuarto de la quinta a comerlos maridados con una taza de café para él y un té con limón para ella, conversaban de las amigas y amigos que tenía en el colegio donde recién estaba empezando, le contaba que era muy grande y que tenían uniformes, le contaba que había mucha gente y que las profesoras eran muy buenas, también le contaba lo que hacía, le enseñaba a su abuelo las bocales y él le enseñaba el abecedario.

Él nunca había tratado bien a las mujeres, no porque sea malo si no porque tuvo un desamor muy trágico cuando joven y quedó resentido con la vida; pero ella, ella era diferente, tan pequeña, tan inocente, tan ajena al mundo que él conocía, hermosa como una princesa, con rulos negros y ojos cafés, pero que muy de cerca se veían algo verdes, piel blanca como el algodón y mejillas coloradas como los melocotones en Mayo. Él no lo sabía, pero estaba enamorado.

Ella volteó a mirarlo y le dio un abrazo, un abrazo muy fuerte, mirándolo fijamente a los ojos y apoyando su mentón contra la barriga de él, mientras él encogía la mirada para darse cuenta de cuál era la expresión de su nieta, aplastaba su mentón contra su pecho, entonces el la abrazaba justo y por detrás de los hombros, así se quedaban en silencio y rodeados por cuatrocientos veintiséis encendedores de colores colocados uno a lado del otro en pequeñas repisas. Se abrazaron muy fuerte y sincero, envueltos en el olor de un cuarto donde se fuma todo el tiempo cuando abres la ventana.

Cuento original de Rómulo Engycel.

2
¿Cuánta distancia existe entre tu muerte de escritor y un jardín
que florece con sus huesos o entre un bello cadáver que se viste
de lino y la palabra indescifrable “corvus”?
¿Cuánto silencio
grumos en papel
libros
textos
rosas portland
escritos
maldiciones de tos en sanatorios
para darnos al fuego sin sentido en misivas de amor
porque ese ha sido, oh corvus monedula, nuestro oficio?

Fragmento de A la sombra de un violín pienso que soy Anne Sophie Mutter por Dolan Mor.

El ciego que disfruta engañarse inventando lo que ve

Tal vez no eres quien yo creo que eres

tal vez no te conozco lo suficiente como para quererte como yo te quiero

pero mi romanticismo por ser un personaje digno y aceptado por mi prejuicioso ser 

un personaje caballeresco, comparable con el más Quijote de los Quijotes

necesita de una idealizada Dulcinea

una que, aunque no sepa si corresponde mi amor

yo piense que sí lo hace

y que yo pueda amar por sobre todas las cosas

que no importe quién sea para el resto

ni quién sea en realidad

porque para mi será la más hermosa, la más pequeña

y la más bella de entre todas las mujeres de las que me enamoré en novelas compuestas en sueños.

Y alegrará cada uno de mis días donde ella esté presente

y tendrá las manos dulces y delicadas como el azúcar

y su mirada será sobria, pero feliz

y alegrará cualquiera de mis días detestables

y lo hará sin pronunciar palabra alguna

y la soñaré despierto

y la pensaré inconsciente

y así se hará ubicua en mi complejo universo.

Discúlpame si soy muy torpe hablando

pero te quería explicar lo que eres para mi

y tal vez te ofenda 

porque te imagino sin conocerte

y eres, para mi, alguien que tal vez no eres en realidad

o no quieres ser

pero es inevitable que seas mi musa

y siéndolo me inspiras

y así como me inspiras me haces bien

y no quiero que dejes de hacerme bien

y así, como te espero en mi vida 

estás perfecta.

Poesía original por Rómulo Engycel.

Suelen decirme –a manera de crítica– que vivo en la Luna.
¿Les he dicho yo –a manera de crítica– que viven en Tierra?
Cada uno tiene que vivir en algún astro, a no ser que él mismo sea un asteroide.

Fragmento de En la luna por Jaime Jaramillo Escobar.