La imaginación es un demonio persistente, el mundo sería en blanco y negro sin ella, viviríamos en un paraíso de militares, fundamentalistas y burócratas, donde la energía hoy invertida en la buena mesa y el buen amor se destinaría a otros fines, como matarnos unos a otros con mayor disciplina. Si nos alimentáramos sólo de frutos silvestres y copuláramos con inocencia de conejos, nos ahorraríamos mucha literatura.

Fragmento de Afrodita por Isabel Allende.

Verso a los estragos de una líbido desenfrenada

Cae sin gracia alguna, totalmente vencido por su propio orgullo.

Cae rendido, flácido, ya muerto, vacío

Pues ha perdido ya su fuerza, su forma y las ganas de seguir,

De retomar lo de minutos anteriores.

Ahora siente frio, se siente vulnerable y pequeño,

Opacado por la sombra del recuerdo

Pues, incluso reviviéndolo, permanecerá muerto,

Quizás solo por ese momento, unos cuantos minutos,

O, si ya añejo está, unas cuantas horas e incluso días,

Tiempo en el que la memoria solo servirá para atormentar las ganas. 

– Poema original por su servidora, Aileen Martínez Soto.

Hoy soñé

Hoy soñé

Con un mundo libre,

Un mundo sin guerra y sin fronteras.

Soñé con un mundo a expensas de lo que era,

Sin esa mierda, escoria y calaveras.

Soñé con la humanidad,

Levantándose unidos queriendo todo olvidar,

Soñé con la humanidad en busca de la verdadera felicidad.

Limando asperezas y ocultando lo vivido,

La forma de prosperar en este llamado planeta vivo.

Vivo hace mucho, ahora intentando revivir,

Madre yo te ayudo,

Pues es realmente lo que me hace sonreír.

El verde de tus campos, de tus refugios

Que ya no hay tantos,

Pues leñadores enfurecidos

Bajo órdenes de altos mandos,

Cortaron, talaron, aniquilaron.

Y de esta forma manadas de animales a galope intentando huir,

De esta pesadilla y llegar a su fin.

De la misma forma bandadas intentando

Dejar a sus pies todas aquellas salvajadas.

Y así el aire cada vez más oscuro y contaminado,

Por todos aquellos despojos humanos,

Aquellos que piensan en uno como el primero

Y no en ti.

Pero al no poder rehuir la vida, 

Nuestra madre, tan fácil no puedes abandonar,

A aquella ya con arrugas y sin ilusiones

Quien sigue queriendo protegeros.

Y espera algún día enorgullecerse,

Que vosotros os convirtáis en sus discípulos.

No merecéis, vosotros, quienes habéis traicionado

Tantos amados compañeros,

Descansar dentro de nuestra madre,

Pues es como ensuciar con sangre una caricia.

Cuando el vecino sea vital ante el dinero y los vicios,

Cuando se respete al manifestante, al obrero y a sus hijos,

Que luchan por causas justas,

Luchan por ellos y todos tus habitantes,

Cuando el amor hacia ti y entre nosotros sea lo más importante,

Entonces sí, saldremos adelante.

Me dijeron que confiara y yo no puedo, lloro,

Cuando te golpean y te abren, para de tus entrañas alimentarse…

La humanidad para mí es un error ambulante.

¡Parad ya de vagar sobre su pura piel!

¡Parad ya de malherir a vuestra verdadera vida!

Que cada paso que dais más la marcáis,

Y crecer no la dejáis.

Ya que la libertad eres tú quien nos la ha dotado,

Y quien a ver, sentir oler y disfrutar nos has enseñado.

Nuestra libertad es libre hasta comenzar la de otro

Y quién más tolera es la Tierra,

Nuestra madre, nuestra fiel compañera.

Pues hoy soñé con ella,

Por verla sonreír una vez más,

Ya tarde es para borrar nuestras huellas y heridas

Pero no para disfrutar su bello corazón y su completa sabiduría.

“A nuestra madre.”

Andrea López Soto.

Santander, Octubre 2013.

Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.

Fragmento de Me tienes en tus manos por Jaime Sabines.

Guerra y tristeza

Un mes pasa y trae otro mes.    

Las calles vacías esperan                        

 Llenarse de luz y colores.                       

¿No es triste conocer la muerte              

Donde triunfar puede la vida?                

El paso de los débiles, invisible,             

El grito de los cobardes, solitario,         

El corazón de aquellas personas, falso; 

Es la huella de la sociedad enferma.       

No se siente, más que pena,                    

No se escuchan más que gritos,             

No se observan más que heridas,          

Es la huella de la sociedad enferma.      

Desoladores cristales empañados,      

Reflejan  lágrimas, agonía, sangre;    

Suplicando libertad y esperanza,       

Es la huella de la sociedad enferma.   

Ya solo quedan pocos días,       

Y por fin seremos iguales,         

Esta pesadilla concluirá:              

Cuando la luz se apague.          

Andrea López Soto

Santander, Abril 2013

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

Fragmento de La enamorada por Alejandra Pizarnik.

Anoche murió mi abuelo, no murió como un perro, como el temía. Sino plácidamente en mis brazos. Confundiendome a ratos con Clara y a ratos con Rosa.

Fragmento de La casa de los espíritus por Isabel Allende.

UN CORAZÓN ROTO, UN CORAZÓN ABIERTO.

En este amanecer,
Quiero pedir por favor,
Y oraré a los cuatro vientos,
A los faroles y a las hogueras 
De esta misteriosa ciudad,
Para que la luz auténtica
Se hospede en nuestras venas gemelas,
Resucitadas y encarnadas,
En el planeta Tierra.

En este amanecer,
Dibujo mi alegría
Y voy, paso a paso, 
Mirando la hierba seca.
Me dejo llevar con tanta ternura,
Por tu rocío, tu aroma multicolor.
¿Será esta la esencia existencial
De tu envolvente presencia?
Probablemente lo sea,
Como puede también que sea,
Una linda fantasía.

En este amanecer,
Quiero sacudir el polvo dorado 
De mis alas heroicas,
Y te sonrío con violencia
Para que en tus labios sientas, 
Mi más sincero
Beso de éter.

En este amanecer 
Orquestado y bendecido,
El yelmo se desmorona.
Y mis ojos nebulosos,
Lloran de alegría, 
A la vez que son santificados
Por aquellos otros,
Ingenuos, encadenados
Sinceros y en llamas.

Hoy, te escribo a ti,
Mi más lindo amanecer. 
Y sin lugar a dudas,
Al amanecer que nos vio nacer,
Una, 
y otra, 
y otra vez.

Es este escribidor de cielo celeste,
El que nació en guerras de agua,
Y es en esta misma donde conciliará
La vía láctea y el azaroso destino.

En este amanecer,
Veo una cortina de humo,
Un océano de lágrimas,
Tu corazón junto al mio,

Vasijas y carneros.

Es nuestra valentía fusionada,

Y el reconocimiento sapiente,
De una vida hermosa.

En este día,
Mientras escribo
Y tu duermes sonriente,
El universo también lo hace,
Al igual que observa atentamente esta historia
Como un curioso niño lector.

               Autor : Franco Ríos.