No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.
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Ahí en ese patio fúnebre y tétrico
Alguna vez hubo un jardín
Regado con las aguas de la ilusión
Sembradas las esperanzasEn todo el año, en cualquier temporadaCrecían imponentes flores de bellos colores De este cuidaba un centinela de rojo corazónNoble y sin malicia, cual si fuese otra flor.
Furtiva sombra en la noche entro
Una semilla pútrida planto y pronto enraizóSilenciosamente contaminó todo el Edén Quien de muerte enfermo y sucumbió.Abyecto se volvió, ruin destino cruel
Las flores con lepra se deshicieron
Todas las hojas en cenizas se convirtieron
Por los suelos espinas con veneno surgieronY el centinela de antes rojo corazón Se ensombreció.Clavose al piso con los ojos apagados e iracundos
El rojo en gris transmutó como piedra sin sabor
Seco y tétrico su corazón,
Todo en odio lo volvió.
La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.
LA LENGUA DE LOS SIGNOS
Se puede llegar a pensar
que el ánfora de la oscuridad de la que bebemos
(y de la que por ansia nos mantenemos sedientos)
está resuelta por pinceladas de realidad sobre trasfondos de misticismo,
pues qué es un sueño sino un tiempo vertiginoso
en el que en su mayoría suceden deseos
disueltos, a veces,
por las desdibujadas sombras de absurdos periplos,
qué es soñar sino levitar en lo incierto
hasta sentirse dentro de este mundo y fuera,
quizá donde no habiten naturaleza ni reglas,
quizá donde no existan recuerdos ni quimeras;
y qué es nuestro
sino desdibujar la realidad a conveniencia
haciendo despuntes de un mismo verso,
perpetrando la soledad,
disolviéndonos en continuo desentendimiento.
Hoy que estamos solos,
titubeando silenciosos,
auscultando nuestro instinto,
medrando por las preguntas que nunca antes nos hicimos,
por fin nos damos cuenta del milagro de estar vivos:
estamos advertidos por la sangre en los ríos de los que antes vinieron,
por las viejas tumbas en los cementerios,
por las mudas tertulias de epitafios desvanecidos con el tiempo;
tenemos la advertencia inmediata de cada latido:
ya con su perorata acallada,
somos sombra tras sombra,
desubicados –
y encogidos.
Ya en el último auspicio,
cerca de todos los dogmas
o quizá de ninguno,
en los últimos cantos de nuestros decelerados versos
cerca del verdadero abandono de la filantropía,
somos sacudidos por el lento desvanecimiento
de lo que hoy llamamos sino
y en otros lugares entenderán como proceso:
el propio abandono, de facto,
es el único instante en el que existimos,
pues todo movimiento llega a su máximo
justo antes de considerarse extinto,
lo que para nosotros supone
el lenguaje de los signos,
la marcha sepulcral donde comunicamos
que dejaremos ya de ser oídos.
En la frente besar -penas borrar.
Beso la frente.
En los ojos besar -el insomnio quitar.
Beso los ojos.
En los labios besar -dar de beber.
Beso los labios.
En la frente besar -la memoria borrar.
Beso la frente.
Cerveza en mano y ¡A bailar!
con el chico que no tiene nombre,
pero besa rico
y apretadito.
Siempre olvidando mi soledad,
con sexo desconocido.
Soy una flor en luto y maldita,
aburrida de su existencia,
arrepentida de sus acciones,
atada por las raíces del miedo
y la cobardía.
Que alguien me salve
y me arranque de esta tierra toxica.
Que alguien me enseñe a ser fuerte
y valiente.
— Viernes en la Noche / Arturo Sosa
Poesía original de @francisrimbaud
Y estar muerto es doloroso,
y lleno de recuperación, de modo que uno rastree
lentamente un poco de eternidad.
Hace ya un tiempo, me encontré con un conocido en un centro comercial. Éste antes de preguntarme como estaba dijo “estás mas gorda”.
Nunca me vi a mi misma como una persona gorda, pero ese día me sentí como tal. La seguridad que poseia en ese momento se desvaneció, y cuando él se fue… yo ya solo quería refugiarme en mi habitación.
Estaba de compras y a partir de ese momento, la ropa dejó de gustarme; solo podía ver a una chica gorda en el espejo.
No se lo conté a muchas personas, solamente a dos. Ninguno me reconfortó lo necesario, entonces supuse que esta persona tenía razón. Tampoco tomé una decisión inmediata, a veces despertaba sintiéndome segura, fuerte y valiente… y a veces simplemente no me sentía nada ni nadie.
Ahora estoy mucho mas delgada de lo que estaba aquel día. Pero sigo sin sentirme suficiente.
Narración original por BMAR (@libroabiertobmar)
Porque he muerto de amor algunas veces
entre fuentes de agua cristalina y arrayanes
sé que estás muriendo de amor, amiga mía,
como muere el azahar cuando amanece.
Círculos
Me muevo en círculos concéntricos,
perfectos círculos viciosos de arena blanca
que se va metiendo por los pliegues de mi cama,
de mi ropa,
de mi vida a solas.
Volcán en erupción mis días,
de lava las noches que me arrastran en sentido inverso
para clavarme en el núcleo de algún infierno,
menos yo en cada viaje,
más otra,
más pálida,
más sutiles las líneasde mis manos vacías.
© Paula Julia
Poesía original de @pumpumita
