Hubiese bastado un pestañeo para abandonarlo todo y entregarme
al sumiso roce de su cuerpo.
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Engaño
Lastimar al que nada te ha hecho
Creer que han herido tu ego… estúpida no eres eterna, nada es eterno y usted solo está de paso.
Agua y sal se hace aquello que se gana aprovechándose de otros, de su trabajo, de su confianza y condición.
Pero ella es fuerte, ama y se esfuerza tanto; lo hace para que la vida se ensañe más con ella; para que la lleve al piso, le muestre que las cosas se pueden poner peor, sin embargo, ella sabe levantarse, pelear y seguir viva… Nunca le ha sido fácil nada, no espera que comience a serlo ahora y seguirá peleando hasta el final.
Prosa original de @5an-k
Así, calladamente
sin grandes estridencias
dejaré de quererte
casi sin darte cuenta.Dejaré de sentirme
muñeca, entre tus brazos,
dejaré de temblar
por tus caricias nuevas.Y así… pausadamente
como llega la noche
aún estando a tu lado
comenzaré a estar muerta.
Una Flor Marchita
Estaba sentada en el banco de la terminal, tan frágil tan pequeña, con sus pequeños brazos rodeándose a sí misma, sujetándose el pecho que parecía que se le iba salir. Ahí estaba esa muchacha temblando desconcentrada, con la mirada ida, empapada en llantos sin saber hacia dónde ir, totalmente perdida. Hasta que se le acercó un extraño a preguntarle -¿Qué hace una jovencita, vagando como un alma en pena?
Ella no supo responder, estaba inmóvil, petrificada en aquel banco. El extraño, un hombre alto no de muchos años, quizás rondaba los 30, se sentó a su lado y la abrazó hasta que su pequeño cuerpo dejara de temblar y le volviera algo de calor, porque parecía un tempano de hielo. Habrán pasado quizás horas o minutos , en que sus sollozos , se convirtieron en leves ataques de respiración. La acunó en sus brazos hasta lograr que sus ojitos cafés cansados de llorar le dieron algo de su atención , ella confundida y aún perturbada lo examinó, balbuceó –¿Por qué?
El sacó un pañuelo de su chaqueta y se lo dió para que se secara las lágrimas que aún caían como caudales sin fin, se lo devolvió agradecida y antes de que dijera una palabra, él la interrumpió y le dijo –Me llamo José , y me gustaría saber tu historia.
Ella fijó su mirada en la entrada de los colectivos que se dejaba ver un trozo de ruta, tomó aire y le dijo –Por ahí partió quien empacó mi alma y los trozos de corazón, dijo que volvería y acá estoy esperándolo cada miércoles a las nueve de la mañana, como lo conocí . Yo no sabía bien como era, pero mi alma ya lo amaba. Nunca amé a un hombre de tal manera, se entregó a mí con todos sus tormentos, sus demonios, sus ataques, y yo le fui pura a él solo a él me entregue transparente, aunque todos mis miedos me decían que no, pero no quise escuchar mis voces en la cabeza diciéndome “él te beberá, pero solo tu cielo y abandonará tu infierno”.
Antes de que viniera por mí de muy lejos le advertí que no lo hiciera, que tenía un huracán que si se desataba no podría con él, pero quiso estar, quiso quedarse y me bebió el cielo lo probó y lo amo , pero en un día de aquellos cuando mis tormentos empezaron a consumirme, la promesa de quedarse y sostenerme sin importar nada se fue; aquel día cuando mis mil demonios y temores terminaron de asesinarme y desparramar mi sangre, asustada lejos de casa me aferré a su amor, a nuestro amor, a su mano y sus promesas, me trajo a casa, se acostó en mi cama y luego de hacerme el amor me dijo “yo estoy acá , no te suelto”, al día siguiente se despidió con la promesa de volver y acá estoy todavía esperando al único hombre que amo.
Ahora ¿Por qué? Si yo pude con su cielo y su infierno, ¿Por qué yo sí soy desechable? …Esta es mi historia una mujer que ama a un hombre que ya no sé si volverá.
-¿Y sí no vuelve? pregunto José.
-Dejare irme yo también por la marea, porque no puedo vivir con aquella agonía que me quema las entrañas.
Terminó de habar ella. Atónito la miro y le dijo –¡Pero estas en la flor de la edad! habrá más amores, más cosas por vivir.
Ella lo interrumpió y le dijo –A esta flor solo la puede regar un agua y sin ella, se marchita…
Dijo eso y se alejó la muchacha por las arenas del mar.
Relato original por @nadaesreal223
…ocúltame bajo tu permanente desnudez
en tu mano profunda
en tu llanto perfecto
en tu saliva sabia.
Sólo te vi un instante…
Ibas como los pájaros:
sin detener el vuelo,
sin mirar hacia abajo…
Cuando quise apresarte
en la red de mis manos,
sólo llevaba el viento
un perfume de nardo,
y ya lejos, dos alas,
borrábanse en el ocaso…
Visiós
Mi cigarro se consume
Como yo cuando huelo tu perfume
Me embriago con tus labios
Me encuero con ayuda de tus dedos
Me enamoro de lo que hay
Adentro de aquel cenicero
Pero tú no te puedes
anamorar de mis sentimientos,
De lo que hay adentro de este cuerpo
Por que estoy hueco
Y lo único que puedo aportar
son mis mecos,
Plaser egocéntrico
No un amor eterno.
Poesía original de Rody A.
Voy por tu piel desnuda
alcanzando tus manos que diluyen las horas,
acercando mis ojos a tus sueños,
dibujando tu frente, tu mirada,
súbitamente recobrándote.
Comienzo a oír tu voz ahora,
a algún país lejano perteneces,
dueño de alguna embarcación perdida,
así te siento….
Ahondo mi corazón en tu latido,
distante estás del mar soñado
Y a mi orilla te acoges dulcemente.
El Sueño de una Realidad.
Había pasado otra noche sin poder dormir, ¿cuándo fue la última vez que cerró los ojos?, se preguntó un poco angustiada al servirse café en una de sus tazas favoritas. Se perdió por un largo rato en el oscuro color de esa bebida caliente y suspiró, muchas veces, tantas que se le olvidó la vida para sumirse en un recuerdo que le estaba martilleando la cabeza. Se le dibujó una fecha en la memoria y el corazón se le volcó al punto de hacerla sentir mareada. Separó la mirada atolondrada de la taza de café y camino lentamente al sofá de la sala. Hacía frío. En la calle llovía. El cielo estaba lleno de grises que no dejaban entrever al sol. Era temprano. A esas horas ya debían estar las aves trinando entre las ramas de los arboles que habitaban el jardín de esa casa, pero, ésta mañana no lo hacían; era mucha el agua y demasiado el frío que el ambiente traía consigo.
La delicada mujer se dejó caer en el sofá como si algo le pesara; su cuerpo delgado, cubierto por un largo y grueso suéter blanco y unas mallas de lana, temblaba un poco. El corazón se le había agitado demasiado, tuvo miedo de caer desmayada; su rostro esbozaba palidez y sus ojos humedad. Pasó la mirada por la sala, aun con todos los muebles que la acompañaban, se sentía árida y sola. Se abrazó a sí misma como queriendo contenerse el alma con sus propios brazos. Derramó un par de lagrimas que le escurrieron por las mejillas y murieron en su mentón. Se hallaba trémula, agonizante… Sollozaban sus labios y su garganta.
…
Tres Meses Atrás.
Ese sonido, ¿cuándo se acabará? Se suponía que debía levantarme tarde, es fin de semana ¡por dios!, ¿no puedo descansar ni estos días? Está bien, me levantaré.
Abro los ojos con pesadez y llevo la mirada a la ventana, ¡sabía que eras tú! He tenido tantas ganas de cortarte esas ramas, pero siempre terminas dándome compasión.
Me pongo de pie mientras estiro mis extremidades y suspiro hondamente. Me tallo los ojos, camino lentamente al baño. De pronto, otro ruido más, viene de la cocina. Mi nariz se llena de aromas y mi estomago comienza a quejarse; tengo hambre. Se me olvida que desperté con ganas de pelearme con todo el que se me cruzara enfrente, pero con ése exquisito aroma que viene de la cocina ya se me está pasando la molestia. Me sonrío para mis adentros al imaginarlo cocinando… Hace lo mismo cada mañana, lo curioso es que él no me despierta, es tan considerado que se mueve como el aire para no hacer ruido y cuidar mi descanso; él bien sabe que, lo que más me molesta, es no dormir mis horas completas. Lo amo.
Entro al baño con una alegría que, gustosa, dice adiós a mi falta de sueño y abro la llave del lavabo. Me observo por un rato en el espejo… Una vez más, ojeras. No entiendo que debo cerrar los ojos a las diez. Segura estoy que él me va a llamar la atención, pero… no me importa. Me gusta cuando me reprende, al final termina besándome y acariciándome cuando le hago esa mueca que tanto le excita.
Salgo del baño al terminar de lavarme y secarme la cara. Cierro la puerta detrás de mí y bajo las escaleras con ligera rapidez. Cruzo el pasillo que lleva a la cocina mientras percibo, cada vez más, el aroma del desayuno.
…
Se escuchó el llamado del teléfono rompiendo el silencio del recuerdo que la estaba ahogando en llanto. Se llevó las manos al rostro y secó el agua que había derramado… El corazón le seguía latiendo con premura y angustia, no podía dejar de sentirse vacía y opaca.
Tomó con las temblorosas y delgadas manos el aparato. Contestó con una voz que apenas podía escucharse del otro lado.
— ¿Estás lista?
No supo qué responder ante tan sencillo cuestionamiento. La cabeza le daba vueltas y el estomago se le contraía. No, no estaba lista… Seguía inmersa en la tristeza, en la nostalgia, en la depresión, en el duelo. ¿Cómo la persona detrás de la línea le preguntaba si estaba lista? ¿Cómo? ¿Acaso podía quitarse el dolor de un día para otro?
— No…
Respondió quedamente. Del otro lado perduró el silencio por un largo rato.
— ¿Has tomado los medicamentos? Al menos, dime que si, para estar tranquila. No puedo estar en paz sabiendo que estás sola en esa casa llena de recuerdos.
— Si, si los he tomado… Me sigo sintiendo igual…
— Necesitas salir de esa casa. Ven a quedarte conmigo unos días… No me digas que no, por favor.
El silencio volvió a reinar por unos minutos. La delicada mujer recorrió, con la tristeza tatuada en los ojos, la sala una vez más… Tenía razón la persona que hablaba al teléfono, eran demasiados recuerdos para ella sola. Sin embargo, sabía que si salía de esa casa, iba a perder lo que más había amado y las memorias vividas ahí eran lo único que le quedaba.
— No puedo dejar la casa… No quiero separarme de él.
La voz se le resquebrajó al pronunciar esas últimas palabras y, el aliento de la persona que hablaba con ella del otro lado, se volvió un sollozo de pesar.
— Mirna, él ya no está ahí… ya no está ahí.
El corazón de Mirna, la mujer que temblaba bajo el suéter y las mallas blancas, parecía desmoronarse poco a poco. El agua se le hizo en los ojos y el dolor se le atoró en la garganta. Apretó con fuerza el auricular y lo dejó en su base. No quería hablar más. No deseaba hacerse cargo de la verdad, porque sabía que lo que esa mujer le decía no era más que la cruda realidad.
Prosa original de Emmanuel.
Cuando envejecemos,
Incluso la duración del día
Es causa de lágrimas.
