
Pensamientos de la Chica Laberinto.
Él era el amor que siempre
había esperado… todos los
personajes de mis libros
soñados en una sola
persona.El sol nacía siempre por su
sonrisa, su sola presencia
me hacía temblar hasta las
ideas.

Pensamientos de la Chica Laberinto.
Él era el amor que siempre
había esperado… todos los
personajes de mis libros
soñados en una sola
persona.El sol nacía siempre por su
sonrisa, su sola presencia
me hacía temblar hasta las
ideas.
Hay dolores que no llevan a la tumba.
Rozar accidentalmente nuestras manos se convirtió en una tierna pero impetuosa necesidad de tocarnos el alma, de acercar nuestros cuerpos y envolvernos con los brazos con la innegable necesidad de decirnos al oído cuánto nos queremos.
Rozar accidentalmente nuestras manos se convirtió en ese lapso en el que la vehemencia de nuestro interior restalla y el exterior acalla.
Rozar accidentalmente nuestras manos se ha convertido en algo más significante que las últimas vacaciones de verano o que aquella vez que gané ese concurso de literatura.
La vez que rozamos accidentalmente nuestras manos se convirtió en un pequeño momento mágico que nunca olvidaré.
Y ni siquiera lo notaste.
Poesía original de Christian Kleriga.
No estoy.
Estoy cerrada por inventario
hasta nueva orden.
Vean las cortinas oscuras
que he colocado
para que nadie se atreva
siquiera a tocar.
Más cerca de la muerte
que entonces
necesito saber cuánto de mí hay
cuánta desnudez me queda.
Parada necesaria
para nombrar la propia vida
pra revisar
los haberes y los saldos
del sentimiento.
Por favor no vengan
no toquen no entren
no vuelvan…
estoy rompiéndome el pico
sacándome las uñas
quitándome todas las plumas.
Cuando me brote nueva
nada esconderán mis alas.
Entonces vuelvan.
por Carolina Escobar Sarti.
Cúrame con tus manos,
toca de mí el olvido
que se fue acomodando entre los pliegues.
No venga la tormenta a amordazar mis sueños,
sólo esta lluvia suave, vespertina
despierte en mí los pétalos dormidos.
Desnúdame en silencio,
hoja por hoja
hasta dejar al descubierto el punto
del estremecimiento.
Tras el tiempo mutilado
Me sabe agrio quererte
De vuelta.
Después de todo lo vivido
Se redujo a un ¨Adiós¨.
El océano de letras,
Sobrevino en sequía.
Hubo calles transitadas
Que ahora son tan estrechas.
Los orgasmos intercambiados
Enmohecieron en languidez.
Te tenia de a ratos,
De a pocos.
Y de aquel amor
Que nos tuvimos
Pereció en la soledad.
Poesía original de La chica laberinto.
Desnuda
me miro en el espejo perturbable.
No tengo rostro
mi signo del zodiaco es el desorden.
No recuerdo el día
en que al mar le comenzaron a salir arrugas;
ni recuerdo el minuto exacto
en que te toqué por vez primera
y mi piel quedó en la ruina.
Tampoco recuerdo la noche concreta
en que mis anhelos fueron atropellados por la Luna
y quedaron idiotas;
no recuerdo cuándo empecé a patinar
hasta salirme del camino más sensato
y acabar chocando con alguien como tú…
Pero aquí estoy;
tras muchos años perdiendo
salud física y mental,
aquí estoy…
con las canciones rotas reparadas;
con mis versos pisando el acelerador
para huír al fin lejos de ti;
con los frenos que tus ojos rompieron arreglados;
con mis sueños adelantando por fin a tu recuerdo;
con el futuro puesto a punto
y lleno de combustible…
… Un combustible en el que ardes y te agotas.
Aquí estoy,
sintiendo que por fin
el Sol respirará tranquilo
y quizá, sólo quizá,
la Luna deje al fin de ahogarme.
Aquí estoy,
aunque cada día te pensaba
y la evidencia me sepultaba en flores muertas los oídos;
aunque los hechos me hablaran sobre ti
con lengua de hierro.
Aquí estoy,
con el aliento despejado al fín
de todo el mal olor
con que tu nombre manchaba
aquellos pocos besos
que intenté dar a otras mujeres
para intentar rehacer mi vida.
Estoy aquí.
Te superé.
Te esquivé.
Y al pasar por encima de ti,
escuché el dulce rumor de la tristeza
que me han contado que te aflige.
Parece que hiciste tan buena elección con ese hombre
como él la hizo contigo…
Al final resulta
que de los tres
el único que salió ganando he sido yo.
Así que jódete…
porque estoy aquí,
y tú ya (casi) no estás.
Te siento yacer lejos…
una silueta borrosa
tirada en el camino.
Sí, es un camino que quizá no debí tomar,
pero del que no me arrepiento en absoluto;
pues su recorrido fue tan amargo como bello
y lo utilizaré para saber a dónde quiero ir…
… Y a dónde no quiero volver.
Poesía original de Eros Ignem
Me gustaría mucho decirte que te extraño, que jamás me hubieses quitado la posibilidad de continuar mirando tus ojos castaños y tus labios color rosa caramelo. Que la transparencia de tu mirada aun divagará silente en mi interior, y que cada abrazo que construimos, sigan ahí, dispuestos a ser nuestros como aquellas cientos de veces inmarcesibles. Con el arcoíris atravesando nuestro caminar, con nuestras manos unidas, inseparables, nacidas para sostenerse una de la otra hasta que el sol deje de brillar. Me gustaría que un día, cuando tus sueños te hagan viajar muy lejos, yo esté presente hermanando tu silueta, unidos en un mismo pecho. No es coincidencia que hayamos nacido compartiendo la misma galaxia. En mi memoria aun nos encontramos en cámara lenta presumiendo nuestras sonrisas, aprendiendo a vivir, respirando el mismo aire e incluso, conociéndonos mejor. Te extraño. Pedacito de ser humano transformado en latidos enamorados. Que la luna guie tus pisadas por caminos diferentes al mío, pero recuerda que juntos fuimos uno solo. Continúa durmiendo, que yo siempre velaré tus sueños dondequiera que te encuentres. Alma gemela. Media naranja. Siempre fuiste la otra mitad de mi vida.
Prosa poética original del usuario Negakai.
Contra los párpados cerrados,
¡qué dulces sueños abren su retablo!
Si pájaros fuéramos,
si tuvieran alas nuestras tristezas
y emigraran a la esperanza de una caricia!
Si una vez apenas
fuéramos un sueño:
el sueño manso que anida el grito,
el sueño tímido que el acomodo sacrifica.
En los espejos mirando a lo eterno
hay siempre muertos
muriendo una muerte exigente,
muriendo de sed de volver.
¿Los has mirado?
En los párpados hay siempre sueños,
que despiertan sobresaltados
como el desvelo de gatos aullando en las tejas
una noche negra sin tope de ángeles,
que siguen empolvados en los ojos abiertos,
que pretenden miopía de entraña profunda
para seguir mirando las máquinas sin sueño,
que se abren con hambre y pereza
y aprisionan en cuartos lejanos y oscuros
la voz plena, cautiva en la sangre,
que vuelve a dormir su apetito
de acariciar la punta de los árboles
y de ser papelote con hilos de fiebre tierna
en un cielo que no pregone misterio y angustia.
por Carmen Naranjo.