Quisiera saber.

mellamanrockandroll:

Me preguntaba cuántos pasos dabas antes de doblar la esquina. Cuántas veces perdiste las alas intentando salir de esa jaula. Cuántas veces te hiciste un porro sin consecuencias a la izquierda de tu pecho.

Me preguntaba cuántas veces sonreíste con tristeza y nadie se dio cuenta. Cuántas veces has tenido que aguantar tanto peso al hombro que te torciste la vida. Cuánta cerveza tienes que beber para aprender a llorar lo que duele.

Me preguntaba cuántos kilos de dudas llevas en el estómago. Cuántos hilos de odio te cortan la sangre. Cuántas noches en vela pasabas deseando que te cambiaran la vida.

Me preguntaba qué harás cuando la tristeza duerme contigo, cuando intenta meterte mano aunque te niegues y te acabe violando. Qué harás cuando desde el suelo veas tanta altura y no te creas capaz de levantarte. Qué harás cuando llegue y te diga que quiero quedarme.

Me preguntaba si ahora que estamos hasta el cuello de suerte querrás que te abrace todo el tiempo que me permitas. Ahora que te miro y resuelvo yo mis propias dudas averiguando mis respuestas sobre tu pasado con nuestro presente. Ahora que quiero. Estar. Ahí. Sin más.

http://poesiaenlasbragas.blogspot.com/2015/12/quisiera-saber.html

Prosa original de Alba María González.

mi cuerpo se defiende,
traduce gestos,
mis manos bailan inquietas,
fabrican imágenes,
palpan humedad, muerte ajena,
cuando las sábanas que me cubren
buscan tus brazos,
su fuerza,
sabor que empieza a resecar mi boca,
ritual solitario
pecho inerte, montañas sin cielo,
vientre lumbre,
te repasa imaginario,
lengua rosa textura,
retrato enlutado.

Fragmento de Hoy mi piel despertó lisa por Mara Romero.

Solo de piano

Y desnudos eran los ciervos que huían
por los bosques de su pubis,
buscando mis dedos, entrelazados, 
imaginé su sonrisa como albatros sedientos,
y les di de beber mi alma entera, 
bebed, bebed hasta secarme, 
bebed hasta la sequía más absoluta, 
y vuélveme a llenar.
Anhelo las lágrimas de felicidad,
mis ojos las ansían como 
materias primas,
con el fin de que mi navío
te hiera catastróficamente
hasta hundirnos en este abismo,
donde me hallo implorándote

Poesía original de pajaritas-para-muertos

Sabor a chocolate

Sabor ah chocolate

Des Ubicado, tratando de encontrarte en lugares donde no estas, lugares destruidos por luces extrovertidas que juegan con la piel del amanecer en nuestras miradas, me gustaría estar y compartir cada momento, sentir como nos dislocamos por el campus del desorden mental, de la incoherencia de nuestra existencia, somos incapaces de creer que esto acabo pero con sangre sacrifique todo mi amor y escrito a quedado en los pergaminos sagrados de china, allí tras la muralla están todos los momentos bellos y tristes que vivi a tu lado, ahora busco en lugares impertinentes lo que nunca encontrare si no era con tu amor ademas de tu cuerpo a mi lado. Entre luces y sonidos fuertes que rompen mi cabeza, sin dar respuesta a mis problemas creo poder olvidarte pero es tan imposible como describir la existencia divina. Acaso dios hace seres humanos para que sufran y entiendan lo importante y verdadero de vivir, todo esto a través de dolor, amor, odio y cada sentimiento que lleva a caminar la oscuridad, denominada así por la humanidad pero aceptada por dios. Mi amor ah llegado a ser tan maldito que nunca podré sentir satisfacción con otro cuerpo sin sabor alguno a chocolate.

Prosa poética original de Justo Hernández.

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que solo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Fragmento de Pienso que en este momento… (Poesía Vertical I – 9) por Roberto Juarroz.

Me voy a acabar asfixiando.

mellamanrockandroll:

A veces pienso en abrirme el pecho en canal, pero luego recapacito y alejo de mí esa idea. Supongo que querer abrirme en dos y vaciar todo lo que hay dentro es algo innato desde que nací. Siempre tiendo a ello y luego me quedo desplumada. Y a ver quién coño sabe despegar del suelo así.

Dejar de cometer errores es uno de mis propósitos para año nuevo, aunque éste todavía quede distante y yo haya empezado ya a intentar cumplirlo. Ya sabéis que el tiempo te devora y luego la excusa viene dándote la mano. Más tarde pasa lo de siempre: te quedas ahí planta, sin haber cambiado. Y eso es lo que no quiero, echar raíces por quedarme quieta. Lo mío siempre fue el movimiento, por eso siempre me he sentido algo nómada. Por eso este no es mi sitio, y por eso quiero largarme de aquí.

Dejadme volar porque sino me voy a acabar asfixiando.

http://poesiaenlasbragas.blogspot.com.es/2015/12/me-voy-acabar-asfixiando.html

Poesía original de Alba María González.

Decimos lo que decimos
para que la muerte no tenga
la última palabra.

¿Pero tendrá la muerte
el último silencio?

Hay que decir también el silencio.

Fragmento de Decimos lo que decimos… (Poesía vertical XIII – 73) por Roberto Juarroz.

miliwall:

me voy a tatuar
la marca
en la frente

para que nadie
se haga el tonto
ni se arrepiente

voy a tirar
mayonesa
por un embudo

hasta que entre
en tu boca
y te asfixies

de asco
y yo sonría
de morbo

voy a tomar
un taxi
al fin del mundo

voy a bajarme en
la esquina
de tu mansión

justo donde están
las plantas
de colores

para que creas
que lo que traigo
es pura emoción

pero yo llevo
entre omóplatos
la cuesta arriba

que me tocó
y no pienso
dejarla sola

porque costó
entonces voy
a la esquina

y me paro
con la estima
de mi auto-amor

sé bien que
está mal
pero lo voy a hacer igual

porque tengo 
mente y falo
falo en mente

voy a tatuarme
la marca
en la frente

para que esta
perra dulce
no se arrepiente

Lección de astronomía

Mientras extiende el cielo el mapa de sus constelaciones

tu voz señala el rumbo de Orión,

el millón de años

que demora la infancia de una estrella,

los doscientos millones de años luz

entre Perseo y este globo rojo

en donde un día sigue a otro día.

Callas desde tu orilla y los minutos

caen, y poco a poco van abriendo

un pequeño agujero en la arena del tiempo.

En silencio

sólo se oye el tum-tum de mi latido

tan remoto y tan triste como un quasar

– Por Piedad Bonnett