No sé nada ahora

Mis párpados siguen despiertos por el alcohol

Esto no acaba: mi pasión a lo etílico se torna en un sinfín hacia el olvido de historias atorrantes aturdidas para mi cerebro

Creéme cuando digo que vivo donde El Diablo -o Dios- mata a cientos de personas al mes… pero al no creer se torna el espejismo: es la realidad. No hay dioses ni ángeles.

Esta oscuro a mi alrededor -mis párpados despiertos- mi musa al frente descansando, mi fiel al alma también , y yo aquí, alcoholizado con el insomnio.

Escribo sin sentido por no poder leer. Inconscientemente mis dedos se mueven al azar de las palabras y la noche me acompaña, la lunas y las estrellas marcadas en cada huella.

A el hipócrita le deseo la peor pesadilla

A mi amada: todo mi amor, letra, música, película, obra, poema, sentidos, fantasías, logros -junto a ella-, y todo, del to al do.

A mi fiel: todo mi amor, letra, música, película, obra, poema, sentidos, fantasías y todo, logros -junto a él-, del to al do.

A mi familia: todo mi amor, letra, música, película, obra, poema, sentidos, fantasías y todo, del to al do.

Esto es por amor a la literatura, y más específico, al amor, poesía y mis más fieles acompañantes.

Cada palabra es amor

Cada dicho es poesía

Cada pensamiento un cuento

Cada amor una locura

Cada locura un amor

Cada amor, todo amor.

Poema original de Gabriel Costa, Venezuela. 

Pueblo Abandonado (Memorias de un cadáver de piedra).

Campanas de hierro insomne
pero enfermo,
perdidas en el purgatorio,
más volcadas ya
en el réquiem que en la misa;
que tosen más que vibran;
de pulmones que se apagan
bajo el sollozo
de un paisaje inmerso
en la agonía crónica.

hay lugares que han cerrado las puertas del tiempo,
cargados de ruinas diabéticas,
muros en los que aún se palpa el tumor
de las rencillas pendientes,
de viejos amores;
el eco fosilizado
de añejas emociones en la piedra.

Algunas ovejas pastan solitarias
en tierras donde ya no queda pastor ni lobo,
donde sólo la hierba y sus balidos
hacen los coros al canto olvidado
que partía la noche por amor a la luna.

Algunos hombres se fueron a buscar tesoros en el mapa equivocado,
y volvieron para poner su cuerpo a remojo
en los arroyos de la muerte;
para ser los últimos fantasmas
que azorasen aturdidos en la niebla;
el último suspiro de una aldea muerta.

Debe de ser muy triste para ellos
que los últimos vestigios de tu vida y tu memoria
acaben en el vientre de los páramos.

Por eso algunas noches
sus lúgubres y áridos quejidos
trepan por esas tierras,
buscando a Dios de la mano del diablo.

Poesía  original por Eros Ignem.                                                      

miliwall:

me odio
yo sé que suena fuerte
pero es que
a veces
me odio
porque sí, porque muerte
me da cosa hacer cosas
me da cosita pasarle a un amigo
las letras que escribí
para que me ayude a construir
un estilo
aunque lo quiero
pero me da cosita
como si fuera el fin del mundo
el apocalipsis puro
propiamente dicho
yo pertenezco a ese nicho
de personas
que son tímidas
pero que no lo parecen
que son racionales
y no lo padecen
que escriben desnudos
y jamás se entumecen
ni las piernas
ni los labios
mucho menos los dedos,
sabios,
que escriben
y tipean
sin parar

también odio
los poemas así de largos
sin espacios
y casi sin final
podría seguir hasta la noche
con vino y gata
voy a ser garabata
del futuro que espero
yo no soy barata
yo cada día prospero
como es de esperar

desde el día en que nací
me adjudicaron
virtudes
y unos varios
defectos
que aprendí a gestionar

en cuestión de segundos
me puedo desmoronar
por inseguridad
plenamente corporal
porque mi inteligencia
– la racional, no la emocional –
es lo que más me gusta
de mí
y en lo que más confío

pos sí,
pos soy inteligente
no significa que ame a la gente
de hecho, no me la banco
yo echo a quien me tiene
de blanco
de punto target punto com

por otro lado, yo solo canto
en soledad de emoción
le recito a mi felina
que resulta ser mina
que se pone a escuchar

gracias
su amor me contamina

gracias
por escuchar

Poesía original de Milli Wall.

Una mañana triste, donde el sol nunca dijo buen día, me dispuse a tomar mis cosas y salir por ahí. Llevaba tanto tiempo escondido tras las sabanas que me molestó la poca luz que de pronto se coló entre una nube. Caminé sin rumbo un par de horas hasta que me detuve al pie de un viejo árbol, no entendí el porque me veía parado ahí, hasta que broto en mi mente aquel primer encuentro que tuvimos esa tarde de primavera en ese mismo lugar. Pasamos horas y horas hablando de la vida y de lo que a cada uno le faltaba hacer, quedamos en volvernos a ver pero al día siguiente no supe nada de vos, no fuiste a esa cita en que habíamos quedado. De repente descubrí que no fuiste tu, siempre habia sido yo y aquel viejo arbol.

Prosa original de Korjo Mckoy.