Intensidad

miriamgris:

Lloro.

Me rompo.

Me quiebro en mil y un pedazos…

Mientras, el dolor desgarra, el dolor destruye… tú, y tus iniciales bien marcadas dentro de mí.

Mis ojos parecen derretirse y mis pómulos, se irritan por la dureza de mis manos desesperadas por secar tanta sal recorriendo mi piel.

La oscuridad de mi habitación me abraza, y  a mí, débil, sin fuerzas, deja de importarme, y me resigno a sentir ese dolor en el pecho que tanto odio. Me entrego toda, y el dolor se adueña de mí.

Estoy sumergida, ahogada, las olas de tu mar me revuelcan una y otra vez, me golpean y me azotan. La arena raspa mis piernas y siento cómo tambalean y fracasan cuando intento ponerme de pie.

Entonces, siento el frío del suelo quemando en mis rodillas, en las palmas de mis manos, en todo mi cuerpo. Y ahí, tumbada, sin habla, sin nada, te recuerdo…

te quiero,

te aborrezco…

…y te vuelvo a querer.

Y pasan las horas como si fueran días y la puta madrugada ¡no se acaba! Y el sabor de mis letras es amargo, y va muy bien con mis lágrimas saladas…

Te odio y te amo con la misma fuerza de un tornado, y escribo esto con amor y rabia, para que quede plasmada la evidencia en un papel, que nadie te amará con tanto desdén y locura que yo. Que nadie jamás te amará con la misma intensidad… que yo.

— Miriam Gris

Poesía original de Miriam Gris.

Nada

Galopaba la luna en silencio por su pelo.
La miraba otra vez,
celoso de las sombras que soplaban en su rostro.

Olía dulce.
No sé si eran las flores de Agosto
que sudaban perfume de estrellas
o que la cercanía de su piel me golpeaba en la nariz,
abriendo heridas incurables;
heridas que nunca sanarían.

Mi aliento irregular y nervioso
tropezando contra sonrisas idiotas…

Eso es amor.

Y ahora, años después…

Nada.

Poesía original de Eros Ignem.

Era una noche densa, sin estrellas, pero la oscuridad estaba impregnada por un aire nuevo y limpio.

Fragmento del capítulo I de 100 años de soledad por Gabriel García Márquez.

…la muerte lo seguía a todas partes, husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final.

Fragmento del capítulo I de 100 años de soledad por Gabriel García Márquez.

miriamgris:

¿Escribir?

¿Para qué?

¿De qué?…

… ¿A quién?

¿Escribir para desahogarme, o para que de alguna forma tengas una mínima idea de cómo me siento? Ninguna es una opción. La morfina de mis letras dejó de hacer efecto, y de todas formas, sé que no me leerás más.

¿Escribir de qué?, ¿de lo que siento cuando te miro?, ni siquiera lo puedo describir. ¿De todas las veces que te pienso en todo el día? Ni siquiera puedo contarlas. ¿Del nudo constante que siento en mi garganta con cada hora que pasa?, ¿para qué?, ni así entenderías nada…

Podría escribir cientos de versos hablando de tus manos; de tu voz; de tu aroma. De las mariposas en mi hipotálamo revoloteando a mil por hora por ti.

Podría escribirte de la rara sensación que siente mi nariz cada vez que mis ojos quieren empezar a lagrimear a causa tuya, pero se hacen los fuertes, los valientes, y se contienen.

Podría escribirte de cómo siento que muere mi corazón día  tras día por ti, y luego llegas, lo reanimas, lo reparas, y lo vuelves a quebrar para volverte a ir.

Podría escribirte de tantas cosas…

Pero, ¿a quién puedo escribirle? O mejor dicho, ¿para quién DEBO escribir?

Porque si hablamos de “poder”, podría escribirle a miles de cosas.

Al tiempo y al destino, por ejemplo, les escribiría muchas cartas, pero no de amor, sino todo lo contrario; les diría lo mucho que los odio y que me joden la existencia.

A tus ojos les escribiría uno que otro poema, los compararía con las estrellas que miro en mi techo al apagar la luz y recostarme en mi cama, ahí, donde invade el silencio y algunas veces la melancolía.

Podría escribirte a ti. Simplemente a ti.

Pero hablando de “deber”, me quedo sin una respuesta. No tengo idea de qué responder, no encuentro ninguna opción, ninguna posibilidad, no encuentro ningún nombre en mi cabeza; ni siquiera el tuyo.

Y es que entre “poder” y “deber”, hay una gran diferencia.

Pienso que no debería escribirte nunca más. Tú no entiendes mis poemas, ni mi sentir, ni absolutamente nada de lo que hay en mi cabeza. No entiendes ni una sola de mis lágrimas, ni de mis caricias; ni siquiera una sola de mis miradas.

Pienso que alguien como tú no merece ser tan infinito en un papel, y mucho menos tan seguido.

Pero así como “poder” y “deber” son diferentes, el deber y el amor no se llevan; no se toleran.

Así que no tengo salida, porque el amor que te tengo me obliga a deslizar la tinta obre mi cuaderno hablando de ti sin parar, una y otra vez. Y entonces, aunque mil veces no quiera, la respuesta a todas mis preguntas, sigues siendo tú.

— Miriam Gris

Poesía original de Miriam Gris.

Sueño Húmedo…

En este país de trivialidades, me remuevo en esta arena movediza que me inunda hasta el hombro derecho.

En esta tierra que no me pertenece me he desviado de ese camino hacia el Mediterráneo. Hoy las huestes zoomorfas me consumen las carnes, beben de mi sangre y lo disfruto. Disfruto esa destrucción, esa consumación de mis vicios y mis virtudes. Me desencadeno, me reprocho, me alabo, me exalto hasta el grado mas indecente del hemisferio norte.

En este extasís de mosto y ceniza, me regocijo en el silencio de mi mente. Los pensamientos callan porque discrepan, se mienten, se acusan, se maltratan, se besan en la boca metafísica.

Ningun motivo, ninguna risa. Ningún pesado resfrío ha condicionado las acciones. Soy un animal, soy un forastero de estas tierras benditas, soy una especie en peligro de extinción.

Bendita entre benditas, maldita entre malditas, aquí se juega el pellejo, se juega la integridad de nuestra conciencia.

Hoy viajo en silencio a ese desenlace en donde lo coherente y lo ingenuo parece una puta fantasía. Todo es hermoso en esta locura…

Todo es relativo, todo es EPIDERMICO, diría Cortázar. Suspiro, me canso, todo es mundano como el motel de la medianoche, como las putas de la sexta avenida, como esa belleza decadente, del análisis freudiano de mi convulsionada mente…

– despierta, ya es hora de desayunar.

Prosa original de Manuel Mendez.

Mejor así

Por supuesto
que hay un montón de cosas
que no te he dicho todavía.
Qué esperabas.
Si te lo dijese todo de golpe,
en un ataque freudiano de sinceridad,
no sólo no me creerías nada
sino que además
empezarías a mirarme
como a un tipo
seriamente peligroso.
Mejor así. Mejor
que sigas pensando
que tengo mucha vida interior
y que te aguardan
momentos irrepetibles.

Por Karmelo C. Iribarren.