Meditaciones del lado oscuro de la mente.

A veces no me queda remedio más que incendiar mis pasos,
para no dejar las huellas del dolor,
 el miedo y esta soledad que devora mi piel;
 Hay días menos grises, eso es verdad,
en los que tejo un arcoíris en el aire y mi cabello danza mientras camino al son de cualquier melodía,
pero no es duradero,
 porque regreso al origen,
observo mi condición de errante,
tal vez si alguien mirara por dentro podría percatarse del deterioro de mis sueños,
por eso hago incendios,
por ello desaparezco a cada instante de los que intentan quererme,
soy olvido en muchas memorias,
la sombra de un viajero sin rumbo,
la suerte de un vagabundo,
el tren descarrilado que se perdió en la obscuridad
vacío existencial de quien busca la paz,
por eso soy ceniza
       por esto
       causo tanto daño.

Poesía original de Mónica Olivares.

Ida y vuelta

Cuando nos dirigimos al amor
todos vamos ardiendo.
Llevamos amapolas en los labios
y una chispa de fuego en la mirada.
Sentimos que la sangre
nos golpea las sienes, las ingles, las muñecas.
Damos y recibimos rosas rojas
y rojo es el espejo de la alcoba en penumbra.

Cuando volvemos del amor, marchitos,
rechazados, culpables
o simplemente absurdos,
regresamos muy pálidos, muy fríos.
Con los ojos en blanco, más canas y la cifra
de leucocitos por las nubes,
somos un esqueleto y su derrota. 

por Amalia Bautista.

Ayer… Hoy

Sirenas que cantan
viejas canciones que nunca envejecen.

Historias olvidadas
y llenas de telarañas
que te enredan y atrapan de nuevo.

Tiembla mi carne al recordar.

Y como entonces, mi pluma llena de bombas;
de suspiros deseando explotar contra el papel.

El miedo sopla en contra.
El cielo pende sobre mí,
con ganas de asfixiarme…

Ya no encuentro cobijo
ni debajo de un poema.

Espero que,si hay una salida,
no esté fuera de mí.

Poesía original de Eros Ignem.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

Fragmento de No te rindas por Mario Benedetti.

En quince

Incluso antes de hablarnos                
mi cabeza ya giraba de lado a lado
y mi corazón latía sin descanso.

Creía haberlo visto todo,
pero cuando apareciste todo pareció muy poco.

Desde que te vi noté que la melodía de tu voz
estaba por encima de todos.
Y tu aroma despertaba hasta a un muerto tronco.

Aunque te vea todos los días
ni treinta años me bastarían;
necesitaría de una eterna monotonía.

Con esta carta, hoy expreso
todo lo que bueno que [te deseo]
obtengas todo lo que buscas sin descanso.

Poesía original por Christian Kleriga.