Bostezo.

El sabor es intransigente

                                     emana el sonido cálido

detecta estas voces,

nadie escucha

y en todos lados suena,

                                    como gotas

agudas calcinan mis miedos

                                    como llanto 

turbio en la madruga,

así desciende el vació

asi cae la oscuridad 

las cortinas en tus ojos

                                 como si nunca mas

                                 quisieras despertar. 

Poesía original de Mónica Olivares.

Vestigios de noches solitarias.

La lluvia cae para terminar este domingo, 
                  

                                           Caigo
en esta cama solitaria, 
desde mi ventana escucho estruendosas campanas,

 sonidos extraños,

y mis plegarias que nadie escucha,

                                           Caen,
mis párpados 
Las manecillas del reloj,
mi silencio 
                                             (Y)
                    también
                                            Caerán
                                            Mis sueños 

Poesía original por Mónica Olivares.

Belén.~

Tocarte,
y en el intento perder la voz.
Acercarme,
y entre tanto perderte a vos.
Pelos de suave miel,
abrazos empalagosos,
calma mi hiel,
y sumérgeme en gozo.
Presa en Alma
me encontraba.
Atrapada como una rata,
día y noche desvelada.
Quererte me ha costado la vida.
Tenerte dentro de mis fantasías.
A mi Alma la encuentro dolida
y en tu panacea hundida.
Muy cerca la veo aparecer,
la negra sombra del ayer.
Atrévete a tocarla, dice desafiante.
Y conservar mi voz se torna lo más importante.
Belén es tu gracia que resuena,
enciende mi Alma a viva llama,
pendiente de que el amor no muera,
y que la distancia y prejuicio al fin ardan.
Poesía original de Falacia Facial.

Cuentos de hadas.

Cuando en Bogotá llueve, que es algo que sucede un poco más de 200 días de los 365 que tiene el año, emergen de las cloacas, de recodos y callejones, de los puentes octogenarios y las esquinas olvidadas, de túneles y casas olvidadas, de las sombras y arroyos inundados, salen de los espejos y de debajo de las camas, de los armarios y poco a poco de todas las calles se van apropiando, deambulan por la calles los seres congelados, mirando fijamente las puertas con los cerrojos colocados, esperan sigilosos el olor de la sangre caliente de un niño o de un anciano que aun los recuerde, Barba azul, el ratón Perez y todas la brujas, los seres de los cuentos de hadas, encuentran a un incauto que ya no tiene suerte y lo llevan a rastras a la casa de la muerte.

Cuento corto original de La pendejada literaria.

Guerra y tristeza

Un mes pasa y trae otro mes.    

Las calles vacías esperan                        

 Llenarse de luz y colores.                       

¿No es triste conocer la muerte              

Donde triunfar puede la vida?                

El paso de los débiles, invisible,             

El grito de los cobardes, solitario,         

El corazón de aquellas personas, falso; 

Es la huella de la sociedad enferma.       

No se siente, más que pena,                    

No se escuchan más que gritos,             

No se observan más que heridas,          

Es la huella de la sociedad enferma.      

Desoladores cristales empañados,      

Reflejan  lágrimas, agonía, sangre;    

Suplicando libertad y esperanza,       

Es la huella de la sociedad enferma.   

Ya solo quedan pocos días,       

Y por fin seremos iguales,         

Esta pesadilla concluirá:              

Cuando la luz se apague.          

Andrea López Soto

Santander, Abril 2013

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.

Noche de verano de Antonio Machado

Pasas por el abismo de mis tristezas
como un rayo de luna sobre los mares,
ungiendo lo infinito de mis pesares
con el nardo y la mirra de tus ternezas.

Pasas por el abismo de mis tristezas