Un día como hoy

Un día como hoy, hace 15 años, decidimos; tomamos la decisión que nos trajo hasta aquí, estoy feliz de haberte conocido y de compartir mi vida contigo.

El futuro es incierto, existen algunas hipótesis, pero finalmente es incierto, nadie sabe como sera mañana, nadie sabe que nueva decisión tendremos que tomar, ni tu ni yo podríamos saberlo. Para muchos, para todos, hoy es un día normal, un día cualquiera, un día para trabajar, para respirar, para caminar… Para mi, nunca mas un día como hoy sera un día normal, no podre respirar el mismo aire que todos, caminar al mismo ritmo que antes, no podre estar concentrada, ni siquiera hablar coordinadamente, pues todos mis pensamientos estarán dirigidos y centrados en una sola persona, en un solo recuerdo, en Ti.

Si alguien alguna vez se percatara de que no estoy pisando el suelo, de que mi corazón va volando en un globo hacia tu encuentro, no dudaría ni siquiera un instante, le hablaría de ti y de mi, unidos en el Amor y la Alegría, le hablaría del maravilloso significado que tiene un día como hoy, no dudaría, le hablaría del amor, de lo perfecto que es el Amor, de la dicha que puedo sentir un día como hoy al decir que ERES EL GRAN AMOR DE MI VIDA. 

Feliz día, feliz nuestro día, aunque todos los días a tu lado merecen conmemoración. TE AMO Y SE QUE ME AMAS un día como hoy.

De Romea para Julieto.

Prosa original de RomeayJulieto.

Los gatos también toman el sol en silencio amodorrado. Mis gatos no tienen nombre. Debería entonces decir los gatos y no mis gatos. No quise ponerles nombre, yo, que a todo le pongo nombre, yo que a eso me dedico. Es que no quise encariñarme con ellos porque no los admití en casa para que me hicieran compañía o para jugar con ellos y acariciarlos, sino para que ahuyentaran a las ratas del mercado. Por eso no tienen nombre ni les doy mucho de comer. Cuando por fin venga la mudanza, abandonaré a los gatos anónimos quizás con cierta tristeza, pero a sabiendas de que el mercado se da abasto para satisfacer sus apetitos.

Fragmento de El velorio de mi casa por Gonzalo Celorio Blasco.

Ella dejó de llorar hace muchos años: cuando morían los jóvenes y sobrevivían los viejos o los niños. Se fue quedando sola por el camino, porque al final murieron los viejos y los niños, y ella no podía morirse. Quería que la muerte descendiera especialmente para ella. Un rayo que la tocara como don divino. Y eso era pedir demasiado.

Fragmento de La muerte revivida por Angelina Muñiz-Huberman.

La presencia muerta era presencia viva.

Puede construirse toda una vida alrededor de una muerte. Puede recobrarse el sentido de lo cotidiano y absorberse en la más fútil tarea con el peso —verdadero peso— de un vacío.

Fragmento de La muerte revivida por Angelina Muñiz-Huberman.

J.F.G

Él era olvidadizo, él era tierno, salvaje, sensual, un puto, me hacía desearlo. Me decía que le encantaría comerse un chocolate conmigo, ya que en Francia eso hacían las personas que se gustaban. Creo que era lo que yo quería en mi puta vida, jamás me había sentido asi… Yo era fría, calculadora, muy hija de puta, muy sin *corazón*, no era feliz, pero tampoco estaba mal, no buscaba a nadie. Solo buscaba aventurarme y conocer el mundo con una mochila, pero tambien soñaba con ese patán    – Chico malo con un lado tierno que solo me enseñaría a mi. Y ahí estaba el maldito, le pedía a dios que lo alejara y sacara de mi vida a aquellas personas que podrían hacerme daño, ya que no quería volver a caer en aquel inmenso y profundo vacío del cual me había costado tanto salir, pero el mismo dios lo acerco mas a mi vida dejándome aquel sentido de duda y amargura, ¿no entendía lo que sucedía? ¿acaso dios quería que se quedara? ¿acaso solo era para que me diera una lección? El me hería, me hacía sentir una estúpida, tan mierda, una idiota, pero como lo mismo estaba ilusionada, jamás había sentido eso, era raro en mi… ¿Que significaban aquellas noches de insomnio? ¿Que significaba esperar tanto aquel momento en que me dijera que me deseaba… dejando en mi una sonrisa momentánea para luego arruinarlo, como siempre creo que ya estaba acostumbrada a que si no lo hacía ya era algo raro. Y mi maldito masoquismo entre mas lo hacía mas me gustaba, ¡mientras mas me hacía emputar, mas lo quería..! Me encantaba la forma en que era tan odioso y antipático, a veces me hacía pensar que en su asqueroso corazón había un espacio para mi. ¡Me había montado en una nube de la cual tuve oportunidad de bajarme y aun asi decidí permanecer allí para luego tener la peor caída! ¡Creo que era amor! ¡Pero no de amar! solo mi primera ilusión, aquello que procuraba que no sucediera. ¡Él era una mierda, igual que yo! ¡y eso era lo que más me gustaba! Jamás me había sentido asi, creía que los dos llegaríamos a ser algo mas, un par de idiotas que se convertirían en unos triunfadores juntos. Pero nunca logre entenderlo, siempre me hacía preguntas que solo el entendía y cuando pedía una explicación me decía que lo olvidara” nunca me dejo conocerlo y creo que eso era lo que mas adoraba de él, siempre me han gustado los retos y creo que él era el mío. Me ilusione, siempre hay una primera vez. ¿Que si dolió? ¡Sí! ¡un poco! pero no seriamos humanos si no sintiéramos dolor. Creo que marco mi vida, aprendí un poco mas y se lo agradezco, lo hubiese querido mas que esas putas de antes pero se marchó”… de hecho aún lo quiero pero hay que aceptarlo con un poco de dignidad… ¡Pero debo decir que lo quise mas de lo que debía!

Prosa original de Aletse.

In Destino

No se imagina cuantas veces pensé en escribir esta carta, no por una necesidad sino más por una obligación, no sé ni por dónde empezar, ni siquiera sé si deba empezar. Quiero que recuerde tantas veces que estuve a su lado sin tenerle cerca, al menos así lo sentía yo, no se imagina cuanto duele, duele. Días me pase pensando en cómo ponerlo en palabras, como poner en palabras la infinidad de veces que yo a usted lo pensaba, ¿ha sentido alguna vez como todo se apaga y solo un débil sonido pasa? Ese leve sonido era el que me molestaba, pasaba horas tratando de entender lo que decía, ¿de donde provenía?, ¿que era? Yo no sé cómo empezar esta carta.

Este día lo entendí, entendí que era buscar el infierno y amarlo.  Como supuse que no sería fácil escribir esto, me dedique a pensar en cada uno de los momento que atesoro, en cada una de las hojas sueltas que dejamos caer con lo que escribíamos plasmado en ellas, no sé si fue en vano pero yo recogí cada una de esas hojas, ahora son  mi mayor tesoro. Sentir de esta manera no es nada fácil, usted me a costado noches enteras, me ha costado muchas promesas, ahora sé cómo se siente un alma en pena, ahora se en este momento que es sufrir en vida, sé que las penas del alma son algo incomparable frente a la agonía, pero no puedo fingir que mis ojos no lloran cuando lo necesito, yo a usted lo necesito, necesito saber porque me siento así cuando lo veo, porque insisto en buscarlo cada que puedo.

Para que no se confunda con todo lo que le estoy diciendo, créame cuando le digo que me cuesta decir todo esto, aún estoy confundida, pero más que confundida pretendo aclarar solo una cosa, usted. Si quiere que le sea sincera, jamás en nuestro tiempo me he sentido triste, el estar a su lado siempre me dibujo una sonrisa, trate de evitarlo lo juro, trate de fingir que no lo sentía, intente odiarlo tantas veces, no pude.

Estoy fracasando en este intento por mostrarlo todo, es que son demasiadas cosas, jamás me atreví a escribir sobre usted hasta hace unos días. ¿Recuerda nuestra última conversación escrita?, después de eso escribí esto para usted, pero lo escribí reteniendo mucho de lo que siento:

Lloramos, lo escribimos mientras lloramos, por que queríamos gritar, pero no teníamos voz. Nuestras manos estaban atadas, nuestros ojos vendados, de esa venda escurrían gotas negras. Nada se escuchaba, ¡NADA!, ni mi respiración, aun así, aun muriendo, aun ahogándome, tenía la certeza de que al morir, mientras agonizo, sé que tu estas hay, en la misma situación, ahogándote, gritando en silencio. Sé que lo escribes, así estas palabras absurdas, ojala lleguen a tus manos, ojala no tenga que escribirlo sola, ojala que muera y muera en sus brazos.

No espero que ahora me entienda, pero espero que idealice de alguna forma lo que siento, porque se lo pongo en estas palabras tratando al tiempo de entenderlas, no sabe lo mucho que me hace falta, y lo mucho que quisiera saber de usted. Creo que mi intención con esta carta solo es contarle parte de mí, pero no espero su respuesta, no espero que me rebelen sentimientos encontrados alrededor de esto. Así como llore de tristeza al pensar en olvidarlo, por simple respeto le pido que usted y yo guardemos este secreto, no porque me avergüence, al contrario, no veo quien pueda ser merecedor de conocer esta confesión más que el propio hombre a quien se la escribo, lamento no haber dicho tantas cosas, pero es hora de entender que un alma gemela no necesariamente está destinada a estar con su otra parte. Usted es y siempre será mi ideal de amor, por usted muchas veces me sentí viva, por usted muchas veces quise salir de mi baúl de mentiras.

No quisiera acabar esta carta, no sin antes decirle que estar con usted es la mejor forma en la que me he sentido viva, usted con esos ojos medio rasgados, con esos pequeños detalles, y esas absurdas pero espontaneas caricias, sabe usted porque le digo todo esto aquí, porque precisamente aquí lo conocí. Recuerde que ya nos habíamos visto, yo con mi patética cinta negra en el cuello y usted con sus caprichos al cigarrillo, ese no fue el día en que lo conocí, ese día solo lo vislumbre bajo una extensa sombra, hoy sé que conozco una parte suya, y creo que esa sombra oscura, dejo de seguirlo, o por lo menos cuando lo diviso a lo lejos solo pareciera estar presente, ya no se apodera de usted; una parte que atesorare; no se preocupe en cuanto a lo que pensaba de usted en ese momento, jamás creí conocer en la vida una persona igual a usted, la verdad creo que pierdo la esperanza al decir que como usted no hay otro igual.

Aun me pregunto cómo será estar a su lado, es decir, como será tener la fortuna de besarlo, pero no como aquellos gestos de cariño que usted y yo propiciamos, me refiero de verdad a besarlo. Ahora pienso que mejor hubiera omitido esa parte, pero no tengo el valor, decidí escribir esto en la mejor expresión de mi sentimiento.

Ahora bien creo que es momento de concluir la carta, con un pequeño pedazo de mi corazón roto espero que no se desplome, no se aun como tendré el valor para entregarle esto, no se aun si cuando lo lea pueda explicarlo, es más comprendí que a usted simplemente lo siento, es algo muy intenso que me calcina el corazón, que me hace correr en una dirección contraria con miedo a que me lastimen, he de suponer que en la tierra habrá quien lo quiera, pero no así como yo lo quiero, porque esta clase de afectos no tiene definición, no tiene sentido, nos matan, nos comen a pedazos. Usted, es… El escritor, que hizo de los instantes más tontos, más vergonzosos,  más molestos y más irritantes, fuera un sueño.

Mis sentimientos no cambiaron solo por él, yo siempre lo quise a usted así, desmedidamente y sin necesidad de querer algo de su parte.

Aunque quisiera dejar la posibilidad, sé que nuestro encuentro no fue casual, pero como dije antes, somos almas gemelas que no están destinadas a estar juntas.

Prosa original de Allebasi.

La risa ^__^

A veces, cuando te encuentras ocupado, estresado o quieres descansar; puede parecer una distracción, inclusive ser molesta. Sin embargo, la risa es algo maravilloso que alegra a todos: desde los niños, que juegan en el parque; hasta los jóvenes amantes, que al mirarse ríen sin motivo aparente, y aún a los ancianos, que no pueden evitar el regocijo al ver a sus nietos correr por la casa.

Para algunos llega de forma estruendosa e inesperada; para otros de forma tímida y discreta…Pero tarde o temprano lo hace, bien sea motivada por chistes inocentes o tragedias. Suele llegar acompañada de seres queridos, en momentos alegres; tanto si la has esperado como si no. ¡Incluso llega en los momentos de desasosiego! Cuando se ha perdido toda esperanza.

A veces me pongo a pensar sobre ella: su dulce sonido, los motivos que la impulsan, el gozo que trae a la gente. Así mismo, me pregunto: ¿qué tiene la risa que nos agrada tanto? ¿Acaso no es más bello el silencio y el rumor de las hojas al viento un apacible día de verano? ¿No es en el silencio cuando más disfrutamos de nuestros pensamientos o de un buen libro? ¿No es en la quietud que descansamos y nos sentimos aliviados? Cuando pienso mucho en ello no logro decidirme, pues cada uno tiene un encanto peculiar.

Por un lado la risa es cálida, nos aviva como el queroseno a las brasas que están a punto de extinguirse y alivia con su canto nuestras preocupaciones. Por el otro, el silencio álgido y arcano nos lleva de la mano hacia realidades ignotas que creíamos imposibles. ¿Cuántas veces no gocé en compañía de amigos y familiares? ¿Cuántas veces no me sentí complacido al sentarme en silencio a contemplar el paisaje? ¡El silencio y la risa son tan placenteros y tan distintos entre sí!

Aunque no creo que uno sea mejor que el otro, sí considero que se debe saber cuándo guardar la calma, cuándo callar, cuándo reír, y aún más importante; saber con quién compartir nuestra vida y alegría, pues quizá algún día tengamos la paz que tanto anhelamos, pero no podamos oír más a nuestra querida amiga, aquella que alegra los corazones y reconforta a los desamparados: la risa.

Narración original por Saúl Mayorga.

Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana.

Fragmento de la novela Afrodita por Isabel Allende.

Tú y yo, a blanco y negro.

Hace un par de días leí algo que puso mi mundo de cabeza, o en su defecto me hizo poner los pies sobre la tierra. En cualquiera de los dos casos me dio la cachetadita que necesitaba, esa que te dice “¡Eh güey, pon atención!”. Puedes no creerme si así lo deseas. Es más, te pido que por favor no me creas. Pero si algo de lo que voy a balbucear te parece interesante, te suplico que lo hagas tuyo.

“Hay algo que la fotografía a color jamás podrá captar, y eso es la esencia de las cosas. Dicen que cuando quieres conocer a una persona, debes sacarle una foto a blanco y negro, no te distraerás con los colores y sabrás encontrar lo que andas buscando. Yo siempre te vi en blanco y negro y era lo que más me gustaba de ti”

En ese momento pude darme cuenta porqué nunca me gustó la frase “Ha llenado mi mundo de colores”, porque aún sin saberlo, lo que me gustaba de ti eras tú y no lo que veía en ti. Nuestra historia fue así: en blanco y negro. Una historia que en realidad parece historia, de esas en las que la fantasía y el drama no eran lo más importante, donde no se vive felices para siempre y tampoco se tiene un final feliz.

Realmente amé el día que nos tomamos esas fotos, ahora es el único recuerdo que tengo de nosotros (eso y las cientos de historias dentro mi cabeza). Y porque son lo único que me quedó de ti, las cuales quedaron guardadas en una carpeta dentro de otra carpeta dentro de un par más en el disco duro de mi computadora. Perdidas entre archivos y documentos que ya no uso nunca más, pero que no borro por si algún día los llego a necesitar; y aunque sé que eso no pasará, no me atrevo a deshacerme de ellos. Permanecieron allí guardadas desde el día de tu partida, al otro lado del universo y había prometido no abrirlas jamás, hasta hace unos días que leí aquella frase; eso cambió el rumbo de las cosas y entonces las busqué. Carpeta tras carpeta y las encontré.

Primero me puse triste. Aquellos recuerdos que mantuve aislados por tanto tiempo, finalmente tenían su oportunidad de destruirme y no la desperdiciaron. Lloré hasta quedarme sin lagrimas y un poco más. Incluso lloré con los ojos secos.

Después de un par de interminables horas por fin pude recuperar la calma. Ya estoy tranquilo y ya casi no me dueles. Me tomé la libertad de escribirte una carta en la que incluyo este escrito y un par de fotografías nuestras en blanco y negro. Incluyo también una fotografía que acabo de tomarme, espero que notes que mi mirada ya no es de nostalgia y tristeza, sino que ahora refleja esperanza y alegría.

Estoy a muy poco de alcanzarte y espero que esta carta te llegue antes de que los globos se desinflen.

Te veo en las estrellas.

Sinceramente, Herr Sanz.

Agostado

La primera vez que lo vi fue en una reunión familiar, parecía un chico amable y no puedo negar que era bastante atractivo. Mi prima me dijo que lo conocía de años, pues los padres de ambos eran buenos conocidos. Se comportó un poco serio al principio pero eso cambió cuando mi prima optó por acercarse y hablarle, yo decidí seguirla para no quedarme sola y que alguna tía aprovechara para interrogarme.

_ ¡Hola!_ exclamó mi prima.

_ Hola, Circe_ dijo él mientras esbozaba una delicada sonrisa.

_ Mira, te presento a mi prima, se llama Samantha, dile “Sammy”.

_ Hola, Sammy_ dijo con una voz muy provocadora, de esas que causan escalofríos en la espalda_. Yo soy Rafael.

Los tres estuvimos platicando un rato y me enteré de que, a pesar de conocerse desde hace tiempo, mi prima y Rafael no eran muy amigos, escasamente se veían y no iban más allá de un saludo de conocidos. Al poco rato la conversación se tornó casi exclusiva de ellos; al parecer nunca habían tenido la ocasión para sentarse y platicar amenamente, hasta ahora. Decidí retirarme y dejarlos solos un rato, pues me agradaba ver que mi prima estuviera contenta.

Al caer la noche casi todos los invitados se habían ido, excepto Rafael, él se encontraba aún charlando con Circe en las escaleras del pórtico; en ese momento supe que entre ellos había nacido un sentimiento especial, como pertenencia, que los uniría tan fuerte que no podrían estar separados. Después de esa noche, mi prima y Rafael comenzaron a frecuentarse; sabían que debían aprovechar cada momento que tuvieran hasta que el período de vacaciones terminara y ambos tuvieran que regresar a sus atareadas vidas escolares.

Mi prima y yo nos contábamos todo, éramos confidentes y nos cuidábamos una a la otra. Yo sabía que ella tenía varios pretendientes que aguardaban su regreso a la escuela, también sabía que Rafael estaba consciente de ello, pues desde la primera charla que tuvimos había demostrado ser bastante astuto.

Todo hasta ese punto iba muy bien, pues por primera vez en la vida Circe se había interesado por un chico más allá de los detalles materiales o de las superficialidades que acarreaban ser una “chica popular”. Ella era sumamente vanidosa, le importaba muchísimo lo que los demás pensaran de ella, por lo tanto siempre tenía que lucir espectacular. Su vida se basaba en una fachada, aparentar y verse bien para la sociedad era lo único que le interesaba. Pero había empezado a cambiar, a mostrarse como en verdad era, desde que Rafael se había plantado en su camino; el único defecto que él tenía es que no solía dar lo que a mi prima le fascinaban: flores.

Se acercaba el día de los enamorados y mi prima esperaba recibir un montón de flores de todos sus pretendientes y amigos, principalmente de Santiago, un muchacho de su escuela con el que todas las chicas querían estar, era considerado el más guapo y obviamente tenía que estar con Circe, no sólo porque le gustaba, sino porque significaba más prestigio para ambos; yo ya lo veía: Santiago y Circe, la pareja más bonita de la escuela.

El vínculo entre Circe y Rafael había perdurado incluso después de que regresaron a clases pero llegado el día del amor y la amistad ese vínculo se debilitó. Tal como Circe lo esperaba, recibió decenas de flores y halagos; se suponía que ese día iba a ver a Rafael pero un repentino cambio de planes postergó su encuentro hasta dos días después.

Pasados los dos días Rafael le confesó a Circe la intención que tenía para el día de los enamorados: él había comprado un gran ramo de rosas para obsequiárselo a mi prima, pero debido a la prórroga de su encuentro las flores se habían marchitado. Rafael le explicó a Circe que a pesar de su esfuerzo por mantener vivas las flores, éstas murieron debido a que él no tenía la menor idea de cómo cuidarlas. No sé si mi prima se dio cuenta, tal vez sí y no le dio importancia, pero sé que a Rafael eso le dolió bastante.

Pasaron algunas semanas después de ese incidente y casualmente me encontré a Rafael en un parque.

_ ¡Ey! ¡Rafa!_ grité para que me viera. Volteó y caminó hacia mí.

_ ¡Hola, Sammy! ¡Cuánto tiempo!_ exclamó mientras dejaba en el suelo una bolsa para sentarse junto a mí.

_ ¿Qué haces por aquí?_ le pregunté.

_ Ah, vine a comprar unas cosas que necesito; mira_ de la bolsa sacó una pequeña maceta azul de bordes dorados con una cajita de semillas dentro_. Son semillas de malva; he estudiado un poco sobre el cultivo de flores y pienso plantar algunas.

_ ¡Qué bonito! ¿Y ya tienes a quién CIRCE regalárselas?

_ ¡Jajaja! Tal vez_ al mencionar a mi prima se sonrojó un poco y terminó diciendo: _bueno, me agradó verte pero ya debo irme, cuídate mucho. Adiós.

Pasaron cuatro meses desde que vi a Rafael en el parque. Durante ese tiempo mi prima había regresado a ese estado de superficialidad, ya casi no hablaba sobre Rafael y volvía a interesarse por ser la más popular de su escuela.

Casi era el cumpleaños de Circe y habíamos acordado que lo pasaríamos juntas. Sucedió el día tan esperado y cuando llegué a su casa noté lo feliz que estaba con todos los regalos que había recibido.

_ ¡No lo vas a creer, prima! ¡No lo vas a creer!_ repetía casi sin aliento.

_ ¿Qué? ¿Qué pasó? ¡Cuéntame!

_ ¡Adivina quién vino a regalarme flores y me pidió ser su novia!

_ ¡Ay! No sé, ¿Rafael?

_ ¡No! Cómo crees. ¡SANTIAGO!

_ ¿De veras?

_ ¡Sí, mira!_ de una mesa apilada con regalos tomó unas enormes orquídeas azules que se encontraban dentro de un jarrón transparente con una especie de agua gelatinosa.

_ ¡Están bellísimas!_ le dije.

_ ¡Lo sé! ¡Le habrán costado unos novecientos o mil pesos!

_Oye ¿y Rafael no vino? ¿No te regaló algo? Apoco no te felicitó.

_Sí, sí vino, pero ¡bah! Fue algo incómodo porque aquí estaba Santiago. Lo único que me dejó fue esa flor chiquita de ahí, la que está en esa maceta azul, creo que es una malva, de esas que crecen donde sea.

Narración original por el usuario Limonzuelo