Blud se aburre un poco, en su soledad sempiterna, esa tela con la que viste su condición de único. Decide, en un momento dado, escribir un libro. Lo titula «El libro de Blud». Todo lo que escribe en el libro es una proyección de sí mismo, por lo que se puede decir que Blud y «El libro de Blud» son el mismo ente, que antes era único y ahora está dividido. Ellos, creador y creado, en íntima simbiosis, dotan poco a poco de significado sus respectivas realidades, que en realidad son una.
Blud comienza por el principio, la creación del universo de Blud, para lo cual establece paradojas y líneas guía, matrices sobre las que se extenderá toda la institución de lo que debiera ser. Después de estos misterios matemáticos y de cualidades, aparecen galaxias Blud, nebulosas Blud, gigantescos campos de gases Blud e infinidad de grandes piezas astronómicas Blud, sustentadas en la línea guía del tiempo Blud. «¡Mirad lo que hemos creado!», exclama la multiplicidad que antes era un único Blud. Sistemas solares y gigantescas novas danzan en una armonía solo imaginada, quizá, por Blud, todo completo, sorprendiendo al mismo Blud sobre lo que escribe, pues la creación es en parte autónoma del creador, y muchas veces toma derroteros que éste último no hubiese previsto nunca. Así, algunas estrellas Blud y planetas Blud colisionan a veces, generando campos de asteroides Blud que dibujan lo creado con su bello movimiento en el espacio Blud sin fin.
En los planetas Blud que mantienen su integridad más o menos intacta, se condensan gases Blud bajo los cuales afloran formaciones de distintos tipos de rocas Blud, de cuya aparición depende la densidad Blud, profundidad Blud, tensión Blud a la que son sometidas, calor Blud, cristalización Blud…
Todo tiene su propia consciencia autónoma de Blud, Aunque todo lo que va tomando forma y tiempo es un modelo de Blud. Mientras los soles y luminarias Blud van poblando el vasto campo interestelar Blud, en algunos cuerpos Blud aparecen combinaciones de elementos Blud originando particularidades Blud más complejas, dotadas de cierta esencia Blud «inquieta». Blud lo llama «vida Blud», una novedad importante en todo su plan para «El libro de Blud».
La vida Blud comienza como el propio Blud, única, y es sometida al mandato Blud de crearse a sí misma. Así, lo único se copia a sí mismo y se auto divide en sucesivas vidas Blud que van recombinándose, generando novedades y extrañezas únicas y semejantes. Blud sonríe, contento de su modelo Blud en el que plasma su esencia, la cual le permite auto conocerse y comprenderse, dotando su existencia de sentido, tanto en el momento como en lo último, que a Blud no se le escapa nada de sí mismo excepto lo que tiene autonomía propia por ser Blud en modelo y semejanza bajo la apariencia de muy diversos tapices. Quién desvelará este sentido último, solo Blud lo sabe, o quizá no, y dentro de su improvisación constante todo se vaya viendo según sucede y se establece.
La vida Blud va generando nuevas formas de generar vida Blud, lo mismo que la materia Blud antes se generaba a sí misma, quizá de la esencia misma que las páginas del libro de Blud. Poco a poco todo va ganando en complejidad Blud, la cual compite con la armonía Blud, dos de las líneas guía Blud más esenciales. Todo es una gran pieza musical donde nacimiento Blud, búsqueda Blud, pérdida Blud, muerte Blud, alimento Blud, putrefacción Blud y defecación Blud se combinan sin parar. Materia animada que da lugar a materia inanimada, pagando su deuda de existencia, formando parte del elixir de Blud.
Un grito lejano llega de los mundos habitados en el libro de Blud a los oídos de su creador. Blud se siente extrañado e interesado, y se pregunta: «¿De dónde proviene este clamor? ¿Cuál es su naturaleza, qué lo origina, qué vivirán para sentirse así?». Algo de la creación de Blud ha traspasado sus páginas, asaltando al mismo Blud por sorpresa. Lo animado, en su autonomía, y como buen modelo de Blud, cada vez más complejo, intentando mantener la armonía original, haciendo malabares en la creación de Blud, se expresa, salvaje e intuitivamente.
Aparece, por fin, la inteligencia en lo animado. Otra vuelta de tuerca, otro algoritmo más, otra forma más de ser Blud. Nada queda atrás, todo coexiste: materia Blud, Vida Blud, Inteligencia Blud. Plantearse qué dentro de Blud se parece más a Blud resulta una discusión baladí, pues todo es creado para ser su modelo, representándose de distintas formas para conocerse mejor. Pero tras el sentido original, hay algo que al mismo Blud se le ha escapado y que terminará por darle sentido, al fin.
La inteligencia Blud genera modelos Blud increíbles: sociedades Blud, construcciones Blud, utensilios Blud… Todo va sucediéndose, una situación Blud genera a la otra, y la lógica Blud se va depurando, compitiendo con el instinto Blud. Se alzan sistemas de gobierno Blud para, con el tiempo, desaparecer, lo mismo que imprerios Blud y dirigentes Blud. Nace la escritura Blud, donde las criaturas Blud pueden escribir libros Blud pensando e imaginando a Blud. Todos estos libros Blud son en parte ciertos y en parte modelos, y sirven para lo mismo que «El libro de Blud», en principio. Con el tiempo todo se va complicando, cayendo una vez más en la paradoja. Por ejemplo, una de las criaturas llamada Michael Ende Blud escribe un libro Blud llamado «La historia interminable Blud» donde un niño Blud lee un libro Blud protagonizado por un niño Blud que no es otro que el mismo niño Blud que lee el libro Blud. Al final, el contenido de ese libro Blud sale del mismo dentro del libro Blud de Michael Ende, cuyo contenido también sale de él, y esto es un misterio. Blud, al escribir esto, comprende, mientras los gritos se suceden y él se interroga más y más sobre su naturaleza.
La vida de las especies Blud aflora y se extingue sin cesar, incluida la de las inteligentes. La misma vida Blud es barrida en ocasiones de la faz de los mundos Blud debido a las más variopintas cuestiones Blud. El universo Blud va bajando de temperatura y los cuerpos celestes Blud están cada vez más distanciados y fríos. Mientras el libro de Blud va llegando a su fin, y con él los últimos gritos lejanos saliendo de sus páginas, el mismo Blud va muriendo poco a poco, solo dentro de la gruta de su montaña, alejado. Decide, antes de morir y de terminar el libro, y como último propósito, averiguar qué es lo que origina el clamor de los seres animados Blud, y para ello traza un último plan.
Al fin, termina el libro. Al fin, muere. Y, llevado de la mano de su última voluntad, se vive a sí mismo en todas y cada una de las formas Blud de «El libro de Blud» para experimentar por sí mismo la gloriosa condena de la existencia Blud.
Cuento corto original de Alejandro Sánchez Manzaneque.