“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.

“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.

“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.

“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.

“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.

“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.

“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.

“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.

“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.

“La calma” de un domingo por la mañana.

Prosa original de Psychofinger.

Tengo…

“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.

“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.

“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.

“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.

“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.

“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.

“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.

“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.

“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.

“La calma” de un domingo por la mañana.

Prosa original de Psychofinger.

Voy en bicicleta a almorzar a la playa. Tomo la ciclovia de Avda del mar en dirección al sur. 50 metros, levanto la cabeza y la rubia que va delante mío, y que calza unas calzas que contienen un culo monumental, no tiene empacho alguno, en detenerse para acomodarse la ropa interior que trae puesta.
Delite de los automóvilistas que tocan la bocina, de los runners que aminoran el paso, de los obreros que atorados no pueden pronunciar piropo alguno y de un perro negro, chico y flaco que se languetea pensando en lo delicioso que debe se saber ese monumental pedazo de carne.

Mi tiempo es escaso, mi comida se enfría y el hambre es intensa.
La rubia sigue su camino y yo me instalo en una banca vista al mar. El perro negro, chico y flaco me mueve la cola. Yo lo invito a almorzar.

Prosa original de Psychofinger.

Cuatro y media de la mañana, piso 11, torre 2, hace media hora que te observo en silencio mientras me fumo un cigarro, Los prisioneros cuentan sus verdades en el estero y la ciudad, la ciudad duerme.

No conozco tus motivos, tampoco me importan, pero seguramente, colgado allí, en la cara poniente del edificio, te sientes más tranquilo que nunca.

Esa miserable vida que llevabas, llena de sufrimiento, soledad y desapego, muy parecida a la mía, termino. No he querido llamar a la policía, para no interrumpirte, luces tan tranquilo, meciéndote suavemente con la brisa marina, que ha esta hora de la madrugada, silba por entre los recovecos de las ventanas.

Cuando se den cuenta y lleguen todos, comenzaras a estar muerto, ahora, mientras pendes de tu cinturón a 27 metros del suelo aun estas vivo, o al menos eso creen todos tus cercanos lejanos, tu muerte comenzara cuando todo se enteren, por mientras sigue ahí querido amigo desconocido, disfrutando de tu valentía y de tu arrojo.

Prosa original de Psychofinger.

Cuatro y media de la mañana, a esta hora el frió duerme, y como el gallo, despertara justo antes del amanecer, para hacer de pesadilla, en apurado tranco matinal de trabajadores y estudiantes.

los gatos están en sus guaridas o cobijados a los pies de alguna cama, y solo una pareja de perros esta de turno esta noche, patrullando las calles, recorriéndolas en sentido contrario.

Los bares están cerrados y los borrachos en sus camas van camino a una resaca.

Le doy la ultima pitada a mi cigarrillo y concluyo mi paseo nocturno en busca del sueño perdido que hoy si pude encontrar.

Prosa original de Psychofinger.

Cuanta dulzura en tu mirada. Puedo adivinar si es de día o es de noche, si hay peligros acechándonos, intrusos espiándonos y hasta si es de esos días en que quieres recorrer el mundo a mi lado o sentarte a escucharme hablar sobre algo.

Cuanta dulzura habita tu mirada. Tus ojos sonríen a la medida justa de tus párpados y entiendo que no hay razones para sentir miedo; que la trama es segura, que la diversión se vive contigo, que estás pidiéndome que te sostenga.

Y en un suspiro no hallas palabras, y en un segundo puedo improvisar un absurdo o besarnos las mejillas en compás hasta que debas detenerme por temor. Cuanto amor desbordaron tus ojos. ¿Cuantos mundos han quedado por descubrir allí? ¿Justo antes de que tus pestañas desciendan otra vez?

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Me sostuvo diciéndome “Mira cuanta luz se percibe al final. Cuan imperecedero se ha vuelto. ¿Podría eso no indicarte nada? ¿Acaso eres incapaz de leer la magnitud de lo que sientes?”

Y yo, sin saber como ordenar las palabras, quise decir que veía cuan profundo era el abismo y sin un ápice de horror ante la incertidumbre sería capaz de acariciar las fibras del fondo. Tocar el suelo y reparar el tramo elevándome con los fragmentos esparcidos.

No sé si eso es el amor pero – como lo decía él y como lo pensaba yo – no puede haber otra manera más cierta de amar que esa disposición heroica de inmersión.

(…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

“Tu paz es una especie de tesoro, un intercambio de infinita libertad que me permite entender que, de un modo u otro, el mundo irá otorgándonos con amabilidad una dirección. Por eso así, desde la distancia, insto a tu oído a atender ese susurro: el clishé tan cierto de que si tú estás bien, yo también lo estaré.”

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Hemos materializado la felicidad, una y otra vez, en tantos espacios, de tantas maneras. Hemos sido momentos de éxtasis y de dolor intenso. Lo hemos sido todo en fugaces instantes.

Si algún día el azar me priva de la posibilidad de reír contigo, de tocarte una vez más, sabrás que una parte de ti me acompañará para siempre. Que ni hoy ni mañana, ni caminando de tu mano o a kilómetros de distancia, podrán arrebatarme lo que fuimos en cada uno de esos instantes que nos pertenecieron.

Tienes que saberlo: soy feliz porque te he conocido. Soy feliz porque cada momento vivido intensamente contigo hace insignificante el mañana.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

Marco – I –

Marco abrió los ojos. Aun sumido en las nieblas del sueño paró el despertador, que aunque ya no daba la hora, nunca se olvidaba de sonar puntual otro día más. El joven se levanto lentamente y se desperezo como un gato acabado de levantar una siesta. Abrió la ventana de su balcón y la luz siempre limpia de la mañana le dio en la cara, arrancándole media sonrisa. Andando descalzo por el pasillo, fue a la cocina en lo que era su creencia de lo que debería ser empezar un día. Se lleno un vaso de agua y se lo bebió junto a la ventana, mirando al cielo que hacia poco que se habría librado de la oscuridad de la noche.

   Una de las primeras cosas que le había explicado el Maestro era que en nuestro día a día Marco hay pequeñas cosas que nos hacen sentirnos en paz y sonreír. Y no se trata de buscarlas sino de estar un poco atento, para cuando pasen, darnos cuenta y recordarlas. Si las buscas intencionadamente, no tienes por que ver las correctas. Si recuerdas las que ya funcionaron, no hay error que valga. A partir de ese día, úsalas. Úsalas como un impulso. Como un cargador. Por que estas pequeñas cosas son decisivas para transformar otro día mas, en un nuevo día.

   Y entonces miro en silencio el cielo de la mañana mientras bebía un vaso de agua clara y sonrió al nuevo día.

Narración original escrita por unodelosdosdiraalgo.