Maktub

Hace un tiempo dejé unos cuantos vicios,dejé de amar la nicotina para olvidar mis problemas.  Decidí quitarme los fantasmas ante el frío imponente de tu ausencia,solté los perros para que olfatearan todo aquello que estaba muerto y se lo llevaran.  Cambié el color de mi cabello,los libros se fueron por la borda de mi corazón y todas las cortinas se rasgaron al ver que tu ausencia devoraba toda mi casa.  Dicen que el destino está escrito,que las casualidades no existen,que toda verdad está llena de mentiras,pero a la mierda todos,a la mierda tú que te quedaste al inicio y yo sigo aquí,cambiando con la Luna y quemándome con el Sol,mi destino estaba escrito cuando tus manos dividieron mi espalda en dos.  Maktub para mí y para ti,cuando el presente y el pasado se juntaron y me hicieron añicos.  Tal vez deje las letras cuando deje de querer esta manía tan desinteresada de hacer versos y que sólo salgan palabras mundanas y agridulces,cuando los niños dejan sus juguetes y se convierten en todo lo que nunca fueron,cuando todo acabe … Tal vez estaré,con los viejos cigarros,el sofá roto que alguna vez nos vio hacer poesía sin papel ni lápiz,cuando las palabras sobraban y hoy … Hoy son todo lo que puedo tener de ti.  Maldito y alabado seas maktub que me cambiaste la vida en un segundo.”

Prosa original de Daniela Arboleda.

LA CITA, NUESTRA CITA.

Y entonces me pregunte ¿que hacer con tantas sensaciones inexplicables?¿que mantener en secreto?¿que hacer con tantos motivos para amarle?. continué mirándola, continué describiéndola mentalmente, dibujandome a su lado, intrigandome por cada suspiro de su parte. continué amándola y al final, siendo sincera, no supe nada de lo que dijo.

Prosa poética original de Laura Casas.

Sin Rumbo

Soy como un tren en movimiento,lleno de cargas y paquetes que se quedan en el camino.

Hace algunos años no poseo rumbo,voy andando al son de la Luna y el Sol.

Mis pasajeros se han marchado en el camino,algunos encontraron la brújula y otros siguen aquí,de ellos he podido conducir su camino al mío,es extraña la idea de andar y andar sin saber donde parar.

De mi hay ruinas,hay vagones oscuros y otros resplandecen en recuerdos,hay algunos que se han safado,pero ello no implica dejar de moverme.

Hay estaciones cruciales para seguir,otras que no tienen importancia … Y de esas que no tienen importancia siempre me llevo las más gratas sorpresas.

Ando por la vida de manera esporádica,taciturna,con los sueños por el aire,si decides montar en este tren no hay regreso.

Narración original de Daniela Arboleda.

Tu corazón atascado en mi garganta y los restos de tu piel construyendo nidos en cada recoveco de mis manos. ¿Dónde estás, amor? ¿Dónde te has ido? ¿Conservas aún mis recuerdos? ¿Te has reencontrado con mis palabras? ¿Perdonaste mis errores? ¿Te preguntas si he perdonado los tuyos? ¿Recuerdas la última vez? ¿Y la anterior? ¿Eres feliz sin mí? ¿Cuantas veces por semana podría arrastrarte la nostalgia? ¿Te molestan aún todas mis dudas no saciadas y todas esas que vendrán?

Tengo un latido tuyo anudado a la parte superior de mi brazo, hace ecos en mi oído, responde con ternura a tu voz, aprecia más que nunca la belleza que el resto de ti ha perdido.

Querido mío, no me importa si es de noche o es de día, si el mundo nos lo hace fácil o difícil o si la multitud nos retiene; no me importa si hoy llueve, si me siento segura o volando a la deriva. Si escoges un día de euforia o uno de trascendente calma: ven. Derriba mis puertas, no me prives de la felicidad. No me prives de tus tormentas y de las mil y un maneras que tengo de hacerte estallar.

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Yo le insistí en alguna manera. Una vía posible… entonces respondió, como ignorándome, solo con una pregunta. No respondí; sentía ira, estaba haciendo todos mis esfuerzos por salvar algún resquicio. Volvió a ignorarme y a insistir. “De todas, todas aquellas cosas… ¿Con cuál me recordarás más?”

Y aunque sabía que no era así, por alguna extraña razón, pensé en el mar enseguida. Siempre lo quise mirando al frente y, si traigo una caricia a mi mente, está la costa, los cigarrillos, la invención como la inmensidad al horizonte sin final.

“Ojalá hubiese sido así” – me digo – “Ojalá pudiera tomar con exclusividad un momento y relegarlo a mi selección consciente.” Entendí que no era su ego, entendí que su elección, desde hace mucho, sería la melancolía. Entonces quise irme a París, encontrar otra casa, cambiar los muebles, disfrazar a los perros; entonces quise que me lo arrancaran por arte de magia. Que me extirparan su presencia del todo y para siempre.

(…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

(…) Me da la sensación de estar consciente de todos y cada uno de sus demonios, de habitar sin intención los fantasmas que le atormentan. Entonces no es el miedo al curso causal normal lo que me ataca, es el miedo a un curso desconocido y recorrido por muy pocos. (…)

(…) Tú dijiste “Si quieren provocarlos… vamos a provocarlos en serio. Dejemos el juego.” y yo quedé atrapado en tu aseveración, como queriendo entender de donde venían todas esas ideas, toda esa chispa, toda esa desproporcionada capacidad para hacerme confiar. ¿Por qué… ¿Por qué siempre lograbas pensar en algo que yo no pudiera siquiera imaginar?

Era alcanzar tu mente con la punta de los dedos y verla elevarse todavía más. O correr hasta el ahogo detrás de tu energía inagotable.

Nunca mentí. Hice todos mis esfuerzos, me retorcí a gatas hasta la meta. Perdóname si no fui lo suficientemente rápido. Perdóname si ahora debo comenzar a caminar, a sabiendas, incluso, de que no hay nada más estimulante que ir corriendo tras de ti. (…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

MI HEROÍNA DE OJOS CAFÉS

Pocas cosas considero tan embriagantes como el sabor del café; café puro, sin ningún tipo de endulzante. Amargo como amar, deja un agradable sabor de boca y reactiva mis papilas, mis pupilas y mis pómulos.

Sutil.
Ligero.
Café pluma.
*Like a feather in the wind*

La nostalgia ha llegado esta noche, y viene con tazas de café, muchas de ellas.

Sin dudar las he recibido ya que existen pocas cosas que me gusten tanto como esta bebida. La noche es encantadora para tomarla, bebida oscura como mis ojos, me encanta verlos reflejados en ella, exhalar el delicioso y afrodisiaco aroma, clandestino.

A cada sorbo, el inconsciente retumba y se altera, entra en un estado eufórico, es como estar levemente bajo el efecto de la Heroína o el… ¡Crack!… Debería beber tanto como pueda, hasta caer en un coma cafeínico, volverme tóxico,… ¡Crack!… exhalar suspiros deliciosamente mortales capaces de arrebatar a la víctima de lo que sea… ¡Crack!… desde un pensamiento hasta la más grande abstinencia sexual.

A cada trago me vuelvo un animal delirante. Hace que muestre mis colmillos, que frunza el ceño, que mi cuerpo se guíe por impulsos; perversa violencia, agresividad libidinosa.

Una silueta femenina aparece entre las sombras del delirio: en una habitación obscura con iluminación tenue, apareció, de estatura media, con piel blanca, tersa y suave con tonos acaramelados aludiendo su sabor fermento, delicados pies capaces de levitar y hacer levitar, delgadas piernas tan largas como la provocadora sombra que proyecta sobre el suelo, costillas prominentes y un vientre plano, senos pequeños acordes a sus sensuales hombros, fino cuello donde yace una deliciosa garganta sabor a miel virgen de abeja, gruesos labios dignos de apreciación y un perfil tan perfecto y cautivador que la misma venus es un caos a su lado; es toda una Heroína, inyectable. Lo sé con solo alucinarla.

Sorbo tras sorbo la figura se acerca cada vez más. Con una fragilidad y provocación, girando a mi alrededor y levitando en ocasiones para llegar a mi oído me decía fulgurante una serie de palabras sin coherencia una con otras, no mencionó nombres ni verbos; entendí que debía dormir un poco más, entendí que la noche es mía y puedo hacer con ella lo que quiera, entendí que no soy la única víctima del tormento cafeínico esta noche.

— ¿Crees poder conmigo? – Susurré buscando el rostro de la fémina, del cual sólo se iluminaban sus labios y nariz.
— Estoy al borde de la desesperación, esto es sólo una ilusión. – Me sorprendió que articulara una frase como tal, creí que no era capaz.
— Recuerdos fugaces, ¡en esta baraja no hay ases!
— ¿Futuro? No existe aún. Puede existir, ocasionalmente, como puede no hacerlo.

Desesperado e intrigado por la conversación, bebí el último sorbo, el más amargo y delicioso de todos, la fémina se desvaneció sobre mi lengua dejándome un agradable recuerdo, dejándome con altos reflejos, como si toneladas de adrenalina nacieran en mi garganta, haciendo estallar en la profundidad de mis ojos un placer comparable con la detonación de todas las bombas atómicas del mundo. Kilotones y kilotones de placer. 

— Tú serás mi Heroína de hoy en adelante, mujer. Inyectable.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla Luis.

Plumas.

Preparándose para salir el colibrí alista las plumas que ha de usar como atuendo y las deja sobre la cama para ponérselas una por una.

La borrasca celosa por tanto color llega iracunda y patea las plumas que de inmediato se dispersan allí y allá.

¡Qué caos!  Hay plumas por todos lados.

Desprotegido, el pájaro se agita…teme. El temor se alimenta de frío y lo enhiela.

Piel desnuda, expuesta,  inmune, endeble en épocas de crudo invierno.

Conservo la esperanza de que los rayos del sol surjan tras las toscas nubes

y disipen la lobreguez que lo inunda.

Que beba sol y se colme,

que resurja y eche a volar para acopiar los pedazos caídos.

Ulterior al caos, 

sonreirá

y entenderá que cuando una pluma cae,

es menester recogerla.

Y si acaso ésta se perdiese con la brisa,

correrá el tiempo deprisa y hará nacer en la tez baldía plumas nuevas,

más fuertes y ligeras,

más coloridas y vivas.

Poesía original de Colibrí de los corales, Krisa Giraldo

TO THINE OWN SELF BE TRUE

Con un pincel en la mano derecha y con una paleta llena de óleos en la izquierda, me dispuse a comenzar aquella que sería mi primera pintura con motivo de ser. 

Justamente antes de colocar el pincel sobre la tela llegó a mi nariz un aroma penetrante, los solventes que suelo ocupar despiden olores bastante fuertes, enervantes. Dejé por un momento la paleta y me dispuse a cerrar aquel envase para evitar la evaporación de su contenido, pero algo atrajo mi atención en la pared que estaba al fondo; se trataba de un pequeño bastidor que hace tiempo había comenzado a pintar, pero nunca le di continuidad debido a que no tenía claridad en las ideas que movían mis trazos en aquella ocasión. 

Me acerqué a él y observé detenidamente las áreas sin color a tal punto de poder distinguir la textura de la tela, esa textura rígida y seca que posee, tan rugosa como la sensación que provoca rasgar con las uñas un pizarrón de tiza, o la de rasgar con la base metálica de la goma de un lápiz una hoja de papel. 

Seguí observándola y me perdí en la infinidad de hilos entretejidos entre sí, comencé a recordar aquellos momentos de “inspiración” por pintar, aquellos momentos en el que mi imaginación tenía colores, antes de que me hallara encerrado en la monótona tinta negra con la que escribo. 

Como era de esperarse, la melancolía llegó a mí y me abrazó tan fuerte que todas las piezas destruidas que se encontraban dentro de mí, se sublimaron, se juntaron de nuevo tomando la forma de un cuervo que no paraba de gritar, se elevó hasta lo más alto de mi subconsciente para después, como si la fuerza de gravedad fuese mucho más grande de un momento para otro, caer súbitamente en el suelo de mi consciencia con tal fuerza que ésta quedó destruida, al igual que el cuervo. En ese momento cerré los ojos con fuerza y un crudo nudo en mi garganta me impidió tragar saliva, cabizbajo y con un fuerte dolor en la garganta regresé a lo que antes estaba haciendo. 

Para mi sorpresa ocurrió algo que sigo sin poder explicarme, todo el solvente que dejé abierto se había ido, se evaporó por completo, pero el aroma seguía a mí alrededor, justo como aquel sentimiento que corría dentro de mi ser cuando comencé la pintura inacabada: se evaporó, pero aún hay señales de él en los alrededores, señales enervantes y sofocantes. 

El nudo en la garganta llegó a apretarse tanto que una de mis lágrimas se suicidó lanzándose al olvido para evitar seguir sufriendo; una tras otra siguieron saltando a tal punto de dejarme seco. Entonces comencé a llorar sal, una sal amarga y picante, blanca y cristalina como la misma cocaína, capaz de dejar seco a quien se atreviera a probarla. Pero ¿por qué a las personas les gusta probar la sal de los demás?, si optan por probar la mía estarán firmando un tratado con la agonía, la melancolía, la misantropía; con las ganas de no querer absolutamente nada, con el delirio de no encontrar a alguien con quien te sientas a gusto, con el arrepentimiento de haber nacido, con el deseo de haber hecho tantas cosas cuando se pudo, con la necesidad de tomar a cierta persona entre tus brazos y estrecharla tan fuerte hasta unir todas las piezas rotas que tenga, con el cuidado de no tirarlas de nuevo. Con cada pensamiento y frase que cruzaba por mi mente en esos momentos, me sentía más y más consumido por la sal. 

Cuando quedé vacío por completo decidí encender un cigarro, pero al observar la flama del encendedor, todo lo que se encontraba alrededor se incineró por los solventes disueltos en el aire, ya nada tenía valor. Con cada bocanada de humo tóxico, todo mi ser también se incineraba, debido a aquellos sentimientos disueltos dentro de mí, todo dejaba de tener valor. Mezclé tantos colores que obtuve la ausencia de color, un negro más deprimente que las últimas pinturas de Rothko, un negro más siniestro que mis más recónditos deseos, un negro con su única cualidad existente: absorber luz y no dejar escapar ni un fotón de ésta. 

Hoy solamente sirvo para absorber toda la luz en mí alrededor y no refractar nada en lo absoluto. 

Mis ojos se han convertido en un par de agujeros negros con forma de diamante, así que veré directamente al sol para averiguar cuánto tiempo tarda en desplomarse. Mis brazos manos y dedos son tan ásperos que todo aquello que toco se queja de dolor, si tocara las nubes comenzaría una tormenta de dimensiones bíblicas. Mis palabras son tan filosas que llegan a herirme incluso antes de que salgan de mi boca, pero ninguna logra cortar el maldito nudo que se aloja en mi garganta. Por eso y muchas cosas más, no quiero tocarte verte ni hablarte, puesto que provocaría una guerra, pero a nadie miento cuando digo que eres más deseable que la guerra de los cien años. 

Hoy estoy más destruido que nunca, millones de piezas punzantes han sido esparcidas por todo el mundo, resultando doloroso el proceso de reconstrucción. 

Hoy me pregunto quién más está interesado o interesada en encontrar esas piezas que tanto hieren y devolvérmelas no sin antes quitarles las puntas y el filo que poseen. 

Hoy quiero que me ayuden a buscar esas piezas para encontrar a mi verdadero yo, aunque me pregunto: ¿en algún momento estuve completo? 

En este estado no me interesa nada, hoy solo grito, susurro, dibujo, escribo, lloro, río, veo, escucho, pienso clamando ayuda, ayuda para escribir una historia donde todo y nada sean lo mismo, una historia en reversa, que comience por el final y termine por el principio.

Prosa poética original de Jorge Zain Portilla.